sábado, 6 de diciembre de 2025

Madre, el Orgullo que Destruye

 

Madre, el Orgullo que Destruye

Cuando el ego se impone por encima del amor, no solo se resquebraja una familia: también se hiere el corazón de un hijo.

El orgullo no protege: destruye.
No salva: lastima.
No ama: separa.

Madre, el orgullo no es fortaleza ni defensa.
A veces se convierte en un arma silenciosa que termina dañando a todos, incluso a quienes decís querer cuidar. Opera sin que lo notes: rompe vínculos, distancia corazones y deja marcas que tardan años en sanar.

El orgullo exige tener siempre la razón, aun cuando la verdad necesita ser escuchada.
El orgullo impide pedir perdón, porque admitir un error parece una derrota.
El orgullo no permite ver el dolor de la otra parte, porque convence de que ese dolor no cuenta.
El orgullo se transmite sin querer, como una sombra que pasa de generación en generación.
El orgullo nubla, confunde, distorsiona.
El orgullo separa familias y, detrás de ellas, hiere a hijos que no eligieron esa ruptura.

Y hay algo aún más difícil de aceptar:

A veces, el orgullo puede influir en cómo se interpretan los hechos, en cómo se narran los conflictos y en cómo se busca amparo en la Justicia. Puede llevar a sostener percepciones o relatos nacidos del miedo, la bronca o la herida. No necesariamente porque exista maldad, sino porque el orgullo convence de que alejar al padre es cuidar al hijo, cuando en verdad ese hijo necesita a ambos para construir su identidad.

Expulsar al padre del hogar no es un triunfo: es una herida que marca a todos.
El orgullo no deja espacio para reconocer errores, porque impone un papel que exige ser infalible.
El orgullo repite versiones hasta que parecen verdades.
Construye muros, borra puentes y contamina la convivencia.
Y en medio de todo, quien más sufre es ese hijo que merece paz y presencia.

Madre, tu hijo no necesita tu orgullo.
Necesita tu amor.
Necesita verdad.
Necesita calma.
Y también necesita a su padre.

Soltá ese orgullo si realmente querés su bienestar. Nunca es tarde para reparar, reconstruir y sanar lo que hoy se está rompiendo sin querer.



El orgullo promete protección, pero entrega soledad.
Promete fuerza, pero deja miedo.
Promete justicia, pero a veces genera nuevas injusticias.

Cuando el orgullo gobierna, nadie gana: pierden los padres, pierden las familias y, sobre todo, pierden los hijos.

La verdadera valentía no está en imponerse, sino en reconocer, sanar y volver a empezar.


Ruben Gustavo Ayala Williams
Padre Excluido – Autor y Compositor
Palabras, Solo Palabras
Derechos Ley 11.723DNDA




Luna de Bernal: Mirando el Atardecer Por Ruben Gustavo Ayala Williams – Padre Excluido

 Luna de Bernal: Mirando el Atardecer

Por Ruben Gustavo Ayala WilliamsPadre Excluido
Autor y Compositor – Derechos Ley 11.723DNDA

A veces, cuando el día empieza a apagarse y el cielo se cubre de un silencio que pesa distinto, uno descubre que mirar el horizonte es también una forma de confesarse. Allí, frente al río de Bernal, la luna comenzó a elevarse despacio, como si no quisiera romper la calma que se había formado entre el agua y el viento. La luz, tenue al principio, fue creciendo hasta transformarse en un círculo perfecto, un faro que parecía hablarle directamente a mi alma.

Porque mirando el horizonte busco la paz que tantas veces me fue negada. Busco la calma que el cuerpo reclama y que el corazón implora. Y mientras observo el brillo que se abre paso sobre la superficie del agua, no puedo evitar soñar con ese día que anhelo desde hace tanto: el día en que pueda volver a abrazar a mis hijos, a mis nietos, a mi familia. Ese día que imagino una y otra vez cuando el cansancio aprieta, cuando el silencio pesa más de lo debido, cuando la ausencia es un puñal que no termina de aflojar.

La luna, en su ascenso, despierta una memoria antigua: la de todas las noches en que, aun sin fuerzas, seguimos creyendo. Esa luz que se quiebra en el río me recuerda que el dolor, aunque duela, no es para siempre; que la distancia, aunque lastime, no borra el amor; que la espera, aunque larga, no es inútil. La luna no apura, no exige, no señala. Solo ilumina. Y su luz alcanza incluso a quienes avanzan a tientas, incluso a quienes cargan historias pesadas, incluso a quienes esperan un regreso que parece demorado.

Hoy, el horizonte de Bernal se cubre de calma, y uno entiende que mirar el atardecer no es solo un acto contemplativo. Es una forma de sanar, de respirar hondo, de encontrar sentido en medio del desorden interno. Es un puente entre lo que uno fue y lo que todavía puede llegar a ser. Es un recordatorio de que, aun cuando el mundo se vuelve áspero, siempre existe un rincón donde el alma puede descansar.

Y mientras la noche avanza, la luna sigue ahí, firme, redonda, completa. Parece decirnos que no hay sombra que no pueda ser atravesada, que no hay herida que no pueda encontrar consuelo, que no hay distancia que pueda apagar un amor verdadero. Uno aprende, con el tiempo, que la vida no siempre responde a los tiempos que deseamos, pero también aprende que lo importante nunca se pierde: solo espera el momento justo para volver.

Reflexión final

Porque jamás es tarde para volver a empezar de nuevo.
Cada amanecer y cada luna naciente llevan escrita la misma promesa silenciosa: la posibilidad de renacer, de recomenzar, de volver a creer. Mi historia, como la de tantos padres excluidos, es una historia abierta, viva, que todavía tiene mucho por decir. La luna de Bernal me lo recordó esta tarde: mientras exista un horizonte, existe un camino; mientras exista un brillo, existe una esperanza; mientras exista un recuerdo, existe un futuro posible.

Y yo sigo aquí, esperando, resistiendo, soñando.
Porque sé que los abrazos que hoy faltan serán el milagro de mañana.
Y porque el corazón, aunque herido, no deja de latir hacia quienes ama.

Ruben Gustavo Ayala Williams
Padre Excluido – Autor y Compositor
Palabras, Solo Palabras – Derechos Ley 11.723 – DNDA


viernes, 5 de diciembre de 2025

Cuando la Justicia Calla y un Padre Escribe para no Desaparecer: La voz de un padre separado de sus hijos, pero nunca ausente en su amor

 

⚖️ Cuando la Justicia Calla y un Padre Escribe para no Desaparecer

La voz de un padre separado de sus hijos, pero nunca ausente en su amor


“Un hijo no debería cargar con batallas que no le pertenecen. Y aunque hoy la justicia tenga tapones en los oídos, la verdad siempre encuentra la forma de hablar.”


Testimonio de un padre que escribe para no romperse

Soy padre.
No un papel, no un número de expediente, no una denuncia sin fundamento.
Soy un hombre que vio cómo le cerraban la puerta de su hogar, como si ser padre pudiera suspenderse por decisión unilateral o por un enojo que se volvió costumbre.

Cuando me arrancaron el derecho a ver a mis hijos, también me arrancaron una parte del alma.
Pero no pudieron quitarme la palabra.
Soy autor y compositor, y quizás por eso mi lucha se transformó en letra:
porque cuando no te dejan hablar, escribís;
cuando no te dejan abrazar, recordás;
cuando no te dejan entrar, esperás…
y escribís para no morir en silencio.

Me han dicho muchas veces “tené paciencia”, como si la paciencia alcanzara para llenar los días vacíos.
Como si un padre pudiera acostumbrarse a la ausencia obligada.
Como si mis hijos pudieran entender por qué su papá desapareció de un día para el otro, cuando en realidad nunca me fui… me sacaron.


El derecho del niño no es opinable

La Convención sobre los Derechos del Niño, la misma que tantas veces se cita en tribunales, dice claramente que un niño tiene derecho a:

Pero a veces la justicia se queda quieta.
A veces los trámites no avanzan.
A veces un expediente duerme mientras el niño crece.
A veces una madre utiliza la ley como escudo para impedir lo que debería garantizar:
el derecho del niño a tener a su papá presente.

Y aunque duela decirlo, cuando un adulto prohíbe sin causa la relación con el padre, no está protegiendo al niño:
está vulnerando su identidad, su historia y su futuro.


La injusticia que nadie nombra

He visto cómo la justicia mira para otro lado.
Cómo se repiten las audiencias sin resolver nada.
Cómo se archivan los reclamos.
Cómo se naturaliza que un padre espere, espere y espere…
hasta oxidarse en la burocracia.

He sentido la frustración de golpear puertas que no se abren.
He visto cómo las palabras “interés superior del niño” se pronuncian con facilidad,
pero se aplican con indiferencia.

A veces siento que la justicia tiene tapones en los oídos.
Que no escucha mi dolor.
Que no escucha mi verdad.
Que no escucha a mis hijos, que algún día entenderán que no fue su padre quien se alejó.


Escribo porque es lo único que no pudieron quitarme

No soy perfecto, pero soy padre.
Y aunque hoy me nieguen el abrazo, la mirada, la risa y el cotidiano,
nadie puede impedirme serlo en el corazón.

Por eso escribo.
Porque la palabra es mi refugio y mi arma,
mi testimonio y mi trinchera.
Escribo porque sé que un día mis hijos leerán estas líneas
y sabrán que nunca dejé de luchar por ellos.
Escribo porque cuando la justicia calla,
la tinta habla.
La verdad persiste.
Y el amor de un padre no prescribe.

El tiempo tiene una manera extraña de ordenar las cosas.
La verdad no corre: espera.
Y en ese silencio que hoy parece injusto,
sé que algún día una puerta se abrirá,
un fallo se firmará,
un derecho será devuelto.

Y allí estaré yo.
No con rencor, no con odio,
sino con el amor intacto que guardé durante años.

Porque un padre nunca deja de ser padre,
aunque lo excluyan de su hogar.



Ruben Gustavo Ayala Williams
Padre – Autor – Compositor
Obra registrada — Ley 11.723
Palabras, solo palabras



miércoles, 3 de diciembre de 2025

Rubén Gustavo Ayala Williams CV y Carta de Presentación

 

Curriculum Vitae


Datos Personales

Nombre: Rubén Gustavo Ayala Williams
Edad: 55 años
Estado civil: Divorciado
Hijos: Tres (3)
Fecha de nacimiento: 20/04/1970
D.N.I: 23.288.149
CUIL: 20-23288149-7
Dirección: Los Andes 5087, Quilmes–Bernal, GBA Zona Sur (1876)
Teléfono: 11-2049-8052
Email: gustavoayla393@gmail.com
Licencia de Conducir: B1

Objetivo Profesional

Desarrollarme en un entorno laboral donde pueda aplicar mis conocimientos, experiencia y habilidades, aportando compromiso, responsabilidad y capacidad de trabajo en equipo. Busco una oportunidad que me permita crecer profesionalmente y contribuir al logro de los objetivos de la organización.

Estudios

• Primario completo – E.G.B. Nº 51 Avellaneda
• Secundario completo – Sistema Fines (Bachiller)
• Instructor de informática
• Curso Auxiliar de Farmacia
• Curso de Automatización y Robótica – Universidad Jauretche

Otros Estudios

• Operador de P.C. – DOS, base de datos, planilla de cálculo, procesador de textos – C.I.U.O./O.I.T. (1996)
• Operador de P.C. bajo entorno gráfico – C.I.U.O./O.I.T. (1996)
• Instructor de Informática – Operador de PC bajo entorno gráfico nivel III

Computación

Microsoft Word (Nivel Medio), Microsoft Excel (Nivel Medio), Correo Electrónico, Navegadores, Tango Administrativo Contable, Diseño Gráfico, Reparación Técnica, Actualizaciones de Sistemas Operativos, Sistemas Windows, Redes Sociales.

Experiencia Laboral

• Nowy S.A. (1989–1992): Tareas administrativas, control de entradas y salidas, stock, gestiones bancarias.
• Selec/Edesur (1992–1994): Chofer, control de CNR, entrega de mercadería.
• Expreso Villa Nueva – Línea 257 (1996–2002): Conductor, inspector de calle.
• Línea 17 S.A. (2005–2013): Conductor, inspector de calle.
• Municipalidad de Quilmes: Tareas administrativas.
• Hospital Oller de Solano: Control de ingreso de familias, tareas administrativas internas.
• Transporte Escolar: Conductor.
• Patrulla Urbana Quilmes: Agente.
• Farmacias La Maga: Guardia de seguridad.
• Experiencia en manejo de personal, coordinación de equipos, control de ausentismo, inventarios y tareas administrativas.

Obras Registradas – DNDA

Autor registrado bajo Ley 11.723.
• Libro: 'Palabras, solo palabras' – Registro EX-2025-55455694
• Obra musical – Registro EX-2024-89059752

Carta de Presentación

Rubén Gustavo Ayala Williams
Quilmes – Bernal, GBA Zona Sur
Tel: 11-2049-8052
Email: gustavoayla393@gmail.com


A quien corresponda:

Me dirijo a usted con el fin de presentarme y expresar mi interés en formar parte de su equipo de trabajo. Mi nombre es Rubén Gustavo Ayala Williams, tengo 55 años y cuento con una amplia experiencia en tareas administrativas, conducción profesional, coordinación de equipos, control operativo y atención al público, adquirida a lo largo de más de veinte años en el ámbito privado y público.

A lo largo de mi trayectoria he desempeñado funciones en empresas de transporte, áreas administrativas municipales, instituciones de salud y servicios, desarrollando habilidades como: organización, responsabilidad, compromiso, resolución de problemas, manejo de personal y cumplimiento de procedimientos internos.

Poseo formación en informática, operador de PC, automatización y robótica, y cursos complementarios que fortalecen mi capacidad de adaptación a entornos laborales diversos. Además, soy autor registrado en la DNDA, con obras literarias y musicales publicadas.

Busco una oportunidad que me permita aportar mi experiencia, dedicación y valores personales, contribuyendo al crecimiento de la institución y desarrollándome profesionalmente. Me considero una persona confiable, proactiva y orientada a cumplir objetivos con seriedad y esfuerzo.

Agradezco la atención brindada y quedo a disposición para una entrevista, donde podré ampliar cualquier información que considere necesaria.

Atentamente,
Rubén Gustavo Ayala Williams

A Mi Hija en Su Cumpleaños 32: Un Abrazo Que Aún Espero

 

🌅 A Mi Hija en Su Cumpleaños 32: Un Abrazo Que Aún Espero

“El amor de un padre no conoce distancias: vive, resiste y espera el abrazo que la vida aún nos debe.”



Hoy, en este día tan especial, mi corazón viaja hacia vos, Johanna Mariana, porque cumplís 32 años y quiero que mis palabras lleguen donde mis brazos ya no pueden.
Quiero que sepas que te amo con toda mi alma, con esa fuerza que solo conoce un padre que nunca deja de sentir, de recordar y de soñar.

Te extraño cada día, hija. Te extraño en los silencios, en las noches largas, en los recuerdos que vuelven solos y en los deseos que se repiten siempre iguales: volver a abrazarte, aunque sea una sola vez más.

La vida a veces separa, pero el amor no entiende de distancias, ni de tiempos, ni de ausencias. El amor verdadero permanece, espera, resiste y sigue hablando aun cuando los caminos se cruzan menos de lo que uno quisiera.

Hoy deseo que Dios ilumine tu camino, que te dé salud, alegría y esa paz que tantas veces busqué para vos.
Ojalá este cumpleaños sea el inicio de un año hermoso y que algún día la vida nos regale lo que tanto anhelo: un reencuentro sincero, cálido y lleno de verdad.

Siempre, siempre vas a estar en mi corazón.
No hay día en que no agradezca haber sido tu padre ni momento en que no te lleve conmigo.

Feliz cumpleaños, Johanna Mariana.
Que Dios te bendiga hoy y siempre.



**Hija mía, luz del alma,
distancia que nunca apaga,
te nombro en cada mañana
y te abrazo en mis palabras.

Cumplís años y en mi pecho
la esperanza nunca pasa;
si la vida quiso puertas,
mi amor siempre abre ventanas.**



Ruben Gustavo Ayala Williams
Autor y padre

© 2025 – Todos los derechos reservados.
Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización del autor.
Ley 11.723 de Propiedad Intelectual.



domingo, 30 de noviembre de 2025

La Balanza que Debe Volver al Centro Una reflexión sobre la violencia, la justicia y las voces que aún esperan ser escuchadas

 

La Balanza que Debe Volver al Centro

Una reflexión sobre la violencia, la justicia y las voces que aún esperan ser escuchadas

“La verdad no tiene dueño, y la justicia no debería tener preferencias.”

La violencia —esa sombra que atraviesa hogares, vínculos y conciencias— no distingue cuerpos, géneros ni edades. Es un acto humano, profundamente humano, capaz de nacer en cualquier persona cuando el dolor, el miedo, la frustración o el deseo de control toman el mando. Por ello, reconocer que la violencia no tiene género no es negar realidades históricas ni sociales, sino aceptar que la complejidad humana supera cualquier molde.

Hay violencias que hieren el cuerpo, otras que desgarran la palabra, y otras tan silenciosas que solo se perciben cuando ya han arrasado por dentro. Insultar, humillar, manipular, mentir, impedir vínculos afectivos, presentar denuncias infundadas, controlar, acosar o agredir: todas estas formas de daño existen en múltiples direcciones, y todas merecen la misma atención y la misma búsqueda de verdad.

Sin embargo, en el entramado social aparecen tensiones que no pueden ignorarse. Mientras la legislación ha avanzado con fuerza para proteger a mujeres —un avance necesario frente a una historia larga de desigualdad y violencia—, existen personas que sienten que cuando la agresión proviene de una mujer, su relato pierde fuerza antes siquiera de haber sido escuchado. Otros expresan que, ante ciertos conflictos familiares, la balanza judicial parece inclinarse automáticamente hacia un lado, dejando a algunos padres en situaciones de indefensión afectiva frente a sus propios hijos.

Estas percepciones no deben enfrentarse con negación, sino con reflexión. No se trata de contradecir los marcos de protección existentes ni de restar gravedad a la violencia que sufren millones de mujeres, sino de recordar que la justicia verdaderamente justa debe ser capaz de mirar caso por caso, persona por persona, sin presunciones automáticas ni favoritismos implícitos.

Porque cuando alguien denuncia violencia —sea hombre, mujer o cualquier otra identidad— lo que busca no es un lugar en una estadística, sino una respuesta humana, responsable y equilibrada.

La justicia no debe defender géneros: debe defender verdades.
Debe proteger a quien está en peligro, acompañar a quien sufre y sancionar a quien daña, sin importar quién sea.
Y, sobre todo, debe escuchar. Escuchar incluso esas voces que a veces quedan al margen del discurso dominante, no para contradecirlo, sino para completarlo.

Reflexión final

Una sociedad madura no es la que elige un único dolor para validar, sino la que comprende que toda violencia merece ser atendida. El desafío está en construir un sistema donde cada relato importe y donde ninguna persona quede desamparada por su género, por su silencio o por la incomodidad de su verdad.

Palabras, Solo Palabras
Derechos Ley 11.723DNDA
Ruben Gustavo Ayala Williams
Autor y Compositor



Carta Abierta de un Padre Solo para Otro Padre y para Todos los Hijos

  Carta Abierta de un Padre Solo para Otro Padre y para Todos los Hijos Un llamado al amor, la memoria y el reencuentro “Un padre puede ser ...

Entradas Populares