viernes, 12 de septiembre de 2025

Barrilete de Colores – Un recuerdo que vive en mi corazón

 

📜 Barrilete de Colores – Un recuerdo que vive en mi corazón

Isaías Benjamín, mi amado hijo:

Hoy volví a escuchar tu voz en aquel video de la escuela Santo Tomás, cuando estabas en primer grado y cantaste Barrilete de Colores. Mientras te veía en el escenario, inocente y valiente, mis lágrimas comenzaron a caer. No son lágrimas de tristeza solamente, sino de amor, de orgullo y de memoria. Porque esa fue la última vez que la vida me permitió participar de un acto escolar contigo, y desde entonces guardo ese momento como un tesoro eterno en mi corazón.

Todavía escucho tus palabras claras, tu canto lleno de vida:

"El sangre de la fuerza de la tierra,
que está en cada momento,
suspendido como una generación y su coraje,
de unidad y unidad es alcanzar,
con valientes colores,
que a la vida señalen música y amores…"

Ese día comprendí que los hijos no solo aprenden de sus padres, sino que también los padres aprenden de sus hijos. Tu voz me enseñó que la vida, aun con sus heridas, siempre puede llenarse de música y de colores.

Y cuando cantaste:

"Para volar, barrilete,
y en gira y gira, barrilete de color,
y en gira y gira, barrilete de color…"

sentí que vos y yo estábamos volando juntos. Porque así es nuestro lazo: un barrilete que sube alto, que gira, que danza en el cielo, pero que siempre tiene una cuerda que lo une a la mano que lo ama. Esa cuerda es el amor de tu Papá, un amor que ni el tiempo, ni la distancia, ni las pruebas más duras podrán romper jamás.

Isaías, quiero que nunca olvides esto: Te amo con todo lo que soy. Cada recuerdo que guardamos juntos es un faro en mis noches más oscuras. Vos sos mi fuerza, mi alegría, mi esperanza, mi razón de seguir de pie cuando todo parecía perdido.

Quizás la vida me haya alejado de algunos de tus actos y de tus días, pero jamás podrá arrancarte de mi corazón. Vos sos mi hijo, mi barrilete de colores, mi vuelo más alto y mi mayor orgullo.

✨ Isaías Benjamín, jamás lo olvides: Papá siempre está, siempre estuvo y siempre estará a tu lado.

Con amor eterno,
Tu Papá, Rubén Gustavo Ayala Williams


✒️ Texto protegido por derechos de autor – Ley 11.723
📖 Blog: Palabras, Solo Palabrashttps://gustavowilliams.blogspot.com/





Mi verdad, después de tantos años: Nunca dejé de ser tu papá. Nunca dejé de amarte. Y nunca lo haré.

 

📜 Mi verdad, después de tantos años

He guardado silencio demasiado tiempo.
Un silencio que no libera, sino que aprieta el pecho, te roba el aire y te hace sentir invisible ante los demás. Un silencio que no nace de la paz, sino del miedo, del dolor y de la impotencia. Hoy decido romperlo. No para señalar con el dedo ni para alimentar rencores, sino para recuperar lo único que todavía me mantiene en pie: el amor de mis hijos y el derecho a que mi voz sea escuchada.

La vida compartida

Más de tres décadas caminé al lado de una mujer con quien construimos un hogar. Hubo días luminosos y hubo tormentas, como en toda historia real. Fui esposo, compañero, sostén, trabajador incansable, y sobre todo fui padre. Puse mi juventud, mis fuerzas y mis sueños en ese proyecto llamado familia. Creí con todo mi ser en ese destino común.

Pero la vida, en un instante, se quebró. Bastó una acusación, una verdad contada desde un solo ángulo, para que la justicia me cerrara la puerta, para que mi hogar se derrumbara y para que mis propios hijos comenzaran a mirarme como a un extraño.

La herida de la injusticia

No niego mis errores; los tuve, como cualquier ser humano. Pero jamás abandoné, jamás dejé de amar, jamás quise el mal para nadie. Y sin embargo, me encontré arrojado fuera de las paredes que construimos juntos, separado de quienes más amo.

Duele profundamente que la justicia se transforme en un terreno inclinado a favor de quienes poseen dinero, contactos o influencias. Duele ser un ciudadano común y sentir que tus palabras pesan menos que las de otros. Duele no poder pagar un abogado costoso, no tener recursos para una defensa sólida, y observar cómo tu verdad queda sepultada en un expediente que no refleja tu vida real.

El golpe más duro no fue perder un techo. El golpe más cruel fue perder la confianza de mis hijos. Verlos darme la espalda. Escuchar que no quieren verme. Sentir que el amor sembrado durante años quedó oculto bajo una sombra que no me representa.

A mis hijos

Desde lo más profundo de mi corazón, les digo: los amo. Siempre los amé y siempre los amaré. No importa cuánto tiempo pase ni cuántos muros intenten separarnos. No quiero que me recuerden por un conflicto, por un fallo judicial, ni por una versión repetida en mi contra. Quiero que me recuerden por las noches en vela cuidándolos, por los abrazos interminables, por los consejos que brotaban de mi alma, por las sonrisas compartidas, por la vida entera que di por ustedes.

No les pido que me crean ciegamente. Solo les pido algo mucho más simple y humano: que me escuchen. Que podamos sentarnos frente a frente, sin prejuicios, mirarnos a los ojos y reconocer que, detrás de todo lo ocurrido, sigue estando su padre. El mismo de siempre. Un hombre que se equivocó, sí, pero que jamás dejó de amar.

Un mensaje a la sociedad

A quienes hoy leen estas palabras, les dejo también una reflexión. ¿Cuántas veces la justicia se olvida de quienes no tienen dinero ni padrinos? ¿Cuántos padres y madres son silenciados, cargan culpas que no son suyas y esperan en soledad que el tiempo, y la verdad, les devuelvan lo que la ley les quitó?

Mi lucha no es solo mía. Mi lucha representa a todos los que alguna vez fueron excluidos, desterrados de su propio hogar, etiquetados como culpables sin poder defenderse.

La fe en el amor

Por eso hoy levanto mi voz. Quiero recuperar a mis hijos, mi familia y mi hogar. No desde la revancha, ni desde la violencia, ni desde el resentimiento, sino desde la verdad y desde el amor.

Porque el amor no prescribe. El amor no entiende de plazos procesales ni de sentencias firmes. El amor de un padre hacia sus hijos es eterno.

Y aunque a veces me sienta solo, aunque los tribunales no me escuchen, aunque quienes más quiero me den la espalda, seguiré de pie. Porque sigo esperando el día en que pueda volver a abrazarlos y decirles, cara a cara:

Nunca dejé de ser tu papá.
Nunca dejé de amarte.
Y nunca lo haré.


✍️ Texto de Rubén Gustavo Ayala Williams
📖 Publicado en Palabras, Solo Palabras
🛡️ Derechos reservados – Ley 11.723



miércoles, 10 de septiembre de 2025

La infancia no es un campo de batalla, es un lugar donde el Amor debería ser la única Ley - “Palabras, Solo Palabras”

 

La infancia no es un campo de batalla es un lugar donde el Amor debería ser la única Ley

La infancia debería ser un refugio de ternura, no un terreno de disputas. Los niños no nacen para elegir entre padre o madre, sino para recibir el amor de ambos. Cuando los adultos convierten a los hijos en rehenes de sus conflictos, se hiere su corazón y se les arrebata la paz que merecen. Este texto es un llamado a la conciencia, una invitación a recordar que un niño necesita dos raíces para crecer: la madre y el padre.

Todo el mundo habla del amor de una madre. Y es justo que así sea, porque ese amor nutre, abriga y da la vida misma. Pero pocas veces se reconoce el sacrificio de un padre: esas luchas silenciosas, las renuncias que nadie ve, las madrugadas en vela y los días interminables de esfuerzo que también forman parte de la historia de un hijo.

Un niño no nace para cargar banderas ni para ser parte de un conflicto. Nace para ser amado. Para crecer bajo el cobijo de sus dos raíces: padre y madre. Ambos son imprescindibles, ambos complementarios, ambos necesarios para que la infancia no se transforme en un territorio de dolor, sino en un espacio de crecimiento y esperanza.


El derecho de los niños

Cuando la vida de un hijo se ve atravesada por el conflicto de lealtades —esa cruel exigencia de elegir entre mamá o papá—, lo que realmente ocurre es una herida invisible en su corazón. Nadie debería poner a un niño en la encrucijada de sentirse culpable por querer a los dos. Nadie debería obligarlo a cargar con responsabilidades que no le corresponden.

La Convención sobre los Derechos del Niño (ONU, 1989) establece con claridad: “Los Estados Partes respetarán el derecho del niño que esté separado de uno o de ambos padres a mantener relaciones personales y contacto directo con ambos de modo regular, salvo si ello es contrario al interés superior del niño” (art. 9). Es decir, el derecho a estar con padre y madre no es solo un deseo: es una garantía reconocida internacionalmente.

El derecho de los niños es crecer con amor, no con miedo. Con compañía, no con ausencias impuestas. Con la certeza de que pueden abrazar a ambos padres sin que eso signifique traición. La infancia no puede ni debe ser usada como campo de batalla en disputas de adultos.


Las heridas invisibles del conflicto

Privar a un hijo de la presencia de uno de sus progenitores no es un castigo al otro adulto, sino una condena injusta al niño. Porque al hacerlo, pierde la mitad de su identidad, de su historia y de su amor.

La ciencia y la experiencia de miles de familias demuestran que los hijos necesitan ambas figuras. La American Psychological Association (2019) advierte: “Los conflictos prolongados entre los padres y las situaciones en que los niños se ven forzados a elegir entre ellos generan altos niveles de estrés, ansiedad y dificultades en la construcción de vínculos futuros.”

Un hijo necesita la ternura de una madre y la fortaleza de un padre. Necesita saber que ambos existen, que ambos están, aunque la vida los haya puesto en caminos separados. Negarles esa posibilidad es arrebatarles un pedazo de su alma y condicionar su futuro.


Un llamado a la conciencia

Amar a un hijo no significa reclamar su posesión. Amar a un hijo es permitirle volar con las dos alas que la vida le dio: su madre y su padre.

Los niños no necesitan guerras, necesitan paz. No necesitan juicios interminables, necesitan abrazos. No necesitan palabras de enojo, necesitan palabras de amor.

La verdadera grandeza de un adulto no está en ganar un pleito ni en imponer silencios. Está en proteger la inocencia de un niño, en resguardar sus sueños y en permitirle crecer libre de culpas que no le corresponden.

Los hijos son puentes, nunca trincheras. Son vida, nunca armas. Y mientras exista un niño que llore por el vacío de un padre o de una madre ausente por imposición, nuestra sociedad seguirá en deuda con la infancia.


Responsabilidad de la sociedad

No es solo una cuestión de padres y madres. También es una responsabilidad de la sociedad en su conjunto. Escuelas, jueces, profesionales, vecinos y comunidades deben recordar que todo niño tiene derecho a un entorno sano donde crecer.

La UNICEF (Argentina, 2022) señala: “La presencia de ambos progenitores, aun en contextos de separación, es fundamental para el bienestar emocional y el desarrollo integral de los niños.”

Cada vez que una institución calla o mira hacia otro lado, contribuye a perpetuar esa herida invisible que marcará a las próximas generaciones. Una sociedad que le da la espalda a los niños en su derecho a ambos padres, es una sociedad que se niega a sí misma un futuro de paz.


Reflexión final

Los juzgados de familia, demasiadas veces, se convierten en espacios donde el amor de un padre no encuentra eco, donde la voz de un hombre que pide ver a su hijo se pierde entre expedientes, sellos y demoras interminables. Son muchas las puertas que se cierran y muchas las veces en que la justicia, en lugar de proteger los vínculos, los debilita.

Pero a todos esos padres que han sentido la indiferencia de un sistema que los borra como si fueran invisibles, quiero decirles algo: jamás bajen los brazos. Ser padre no termina en una sentencia ni en un fallo. Ser padre es resistir, esperar, insistir y volver a empezar, una y otra vez, hasta recuperar el abrazo que les pertenece.

El amor verdadero no se rinde. Y aunque el camino sea largo, cada paso de lucha es una semilla de esperanza para el reencuentro. Y esa esperanza, tarde o temprano, florece.


📌 Derechos reservados - Ley 11.723
✍️ Texto original de Rubén Gustavo Ayala Williams  “Palabras, Solo Palabras”.
Prohibida su reproducción parcial o total sin autorización expresa del autor.



domingo, 7 de septiembre de 2025

35 años de amor y recuerdos: un homenaje a mi familia, Amar no es mirarse a los ojos, sino mirar juntos en una misma dirección

35 años de amor y recuerdos:  un homenaje a mi familia, Amar no es mirarse a los ojos, sino mirar juntos en una misma dirección 

Hoy cumpliríamos 35 años de matrimonio, un aniversario que no solo representa el paso del tiempo, sino la intensidad de un amor que marcó mi vida para siempre.

Todo comenzó aquel 2 de junio de 1988, cuando nuestros caminos se encontraron y nació una historia que parecía escrita por el destino. Un año después, el 9 de septiembre de 1989, sellamos nuestra promesa de amor con un compromiso que llenó de ilusión nuestros días. Finalmente, el 7 de septiembre de 1990 nos unimos ante la justicia, y al día siguiente, el 8 de septiembre, ante Dios, en ese altar donde nuestras miradas se encontraron con la certeza de un “para siempre”.

Ese instante, lleno de promesas, alegría y fe, sigue vivo en mí. Es como un fuego que no se apaga, una luz que ilumina incluso en medio de las tormentas.

A ti, el amor de mi vida, quiero decirte que ni las pruebas, ni las heridas, ni las sombras que atravesamos pudieron arrancar lo que siento. Mi amor por ti es más fuerte que la distancia, más resistente que el tiempo, y más profundo que cualquier dolor. Todo lo vivido contigo es un tesoro que guardo en lo más hondo de mi ser, porque fuiste, sos y serás parte esencial de mi historia.

A nuestros hijos, mi orgullo, mi alegría y la obra más hermosa de nuestro amor, quiero confesarles que los extraño con cada latido de mi corazón. Ustedes son la prueba viva de lo que supimos construir juntos: un amor hecho carne, un legado de vida. Cada sonrisa, cada abrazo y cada instante que compartimos está grabado en mí como la huella más pura y verdadera. Sueño con volver a caminar a su lado, acompañarlos, escucharlos y abrazarlos.

Hoy no escribo para quedarme en lo que no fue, sino para honrar lo que sí existió: un amor verdadero, genuino, que enfrentó pruebas, que resistió y que, pese a todo, dejó huellas imborrables. Porque amar no significa poseer, sino recordar con gratitud, perdonar con humildad y desear siempre lo mejor para aquellos que amamos.

Treinta y cinco años después, mi corazón sigue lleno de amor. Mi memoria no olvida ni un instante de nuestra historia, y cada paso que doy está acompañado por la esperanza de un reencuentro, por la fe en que los abrazos volverán, y por la certeza de que nada de lo vivido fue en vano.

Porque amar es eterno. Y lo que se siembra con sinceridad y pasión, lo que se entrega sin reservas, nunca muere: permanece, renace, se transforma y nos impulsa a seguir adelante.

Hoy quiero gritarlo con el alma: jamás es tarde para volver a empezar de nuevo. Amar no es mirarse a los ojos, sino mirar juntos en una misma direccion. Te Amo Claudia

Con todo mi amor, siempre.

✍️ Autor: Rubén Gustavo Ayala Williams
📚 Con derechos reservados – Ley 11.723
📖 Blog: Palabras, Solo Palabras



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