viernes, 12 de diciembre de 2025

CARTA ABIERTA PADRE AUSENTE A LA FUERZA: LA ESPERA QUE ME ROBA AÑOS

 

CARTA ABIERTA

PADRE AUSENTE A LA FUERZA: LA ESPERA QUE ME ROBA AÑOS

(Expediente 135377 – Juzgado de Familia Nº 3 de Quilmes)

A quien corresponda:

Me dirijo a la sociedad, a las autoridades judiciales y administrativas, a organizaciones de derechos humanos, defensorías, asociaciones civiles y a cualquier organismo dispuesto a escuchar y ayudar. Escribo estas líneas porque ya no encuentro otro camino. La justicia no me escucha, no responde, no actúa. Y yo no tengo los recursos para contratar un abogado particular que impulse mi causa.

Vivo con una Pensión No Contributiva. Es poco, pero es lo que tengo para sobrevivir. Aun así, todos los meses el Estado descuenta de mis haberes la cuota alimentaria de mi hijo, Isaías Benjamín Ayala. Cumplo porque corresponde, porque es mi deber y porque amo profundamente a mi hijo.

Pero mientras yo cumplo, la otra parte del acuerdo no cumple. Y lo digo sin bronca: lo digo con dolor.
El expediente 135377 del Juzgado de Familia Nº 3 de Quilmes estableció que la revinculación con mi hijo debía comenzar en marzo de 2024. La madre de Isaías, Claudia Noemí Dorin, firmó ese compromiso. Pero nunca sucedió. Nunca se cumplió. Nunca se exigió su cumplimiento.

La justicia me exige todo, pero no le exige nada a quien incumple.
A mí me descuentan cada peso; a ella no le piden que garantice el derecho más básico: que un niño vea a su padre.

La última vez que vi a mi hijo él tenía apenas ocho años. Esa imagen quedó detenida en el tiempo. Hoy, casi en 2026, él sigue creciendo lejos de mí, sin escuchar mi voz, sin conocer mi presencia, sin la oportunidad de mirarme a los ojos y descubrir que su padre siempre estuvo, aunque me hayan obligado a la distancia.

Y duele.
Duele cada día.
Duele porque cumplo, porque respondo, porque sostengo… pero aun así me convierten en un padre ausente a la fuerza.

Por eso escribo esta carta.
Porque no tengo abogado.
Porque soy una persona humilde.
Porque la justicia no me abre las puertas.
Porque nadie atiende mis pedidos.
Porque, si yo no hablo, si yo no escribo, no existe ningún registro de mi lucha.

Solicito ayuda.
A quien pueda escucharme, acompañarme o asesorarme: organismos del Estado, defensorías oficiales, ONGs, colegios de profesionales, instituciones de niñez, protección familiar o derechos humanos.
No pido privilegios; pido justicia.
Pido que se respete el derecho de mi hijo a ver a su padre.
Pido que alguien mire este expediente olvidado y actúe.

Y también escribo aquí, en mi blog, porque es el único espacio donde mi voz no puede ser censurada ni archivada. Escribo porque es lo único que nadie me puede quitar.

Quiero que mi hijo, algún día, pueda leer estas palabras y entienda la verdad:
Nunca dejé de luchar por vos.
Nunca te abandoné.
Nunca dejé de amarte.

Si hoy estoy lejos, no es porque yo lo haya elegido. Es porque me obligaron. Pero sigo acá, firme, esperando el día en que podamos reencontrarnos.

Esta carta no es solo mía. Es la voz de muchos padres que aman, que sostienen, que cumplen, pero que no son escuchados por un sistema que debería proteger a todos por igual.

Ojalá algún día la justicia sea justicia para todos.

Hasta entonces, seguiré escribiendo.
Porque escribir es mi manera de seguir presente.
Porque escribir es lo único que no pueden callar.

Rubén Gustavo Ayala Williams
Padre Excluido – Autor y Compositor
Registro DNDA – Ley 11.723
“Palabras, Solo Palabras”



jueves, 11 de diciembre de 2025

Presentación de mi Obra Literaria “Palabras, solo palabras” Autor - Compositor y Padre Excluido: Ruben Gustavo Ayala Williams

 

Presentación de mi Obra Literaria 

Palabras, solo palabras Autor, Compositor y Padre Excluido: Rubén Gustavo Ayala Williams
Registro DNDA – Obra Literaria: EX-2025-55455694- -APN-DDRNEES#MCH
Registro DNDA – Obra Musical: EX-2024-89059752- -APN-DNDA#MJ
Perfil en Wikipedia: disponible en línea


Presentación

Palabras, solo palabras
Relatos de mi vida marcados por el amor, la lucha y la esperanza, contados palabra por palabra.
Porque pueden quitarme el techo, mi casa o incluso mi libertad,
pero jamás podrán borrar la verdad que llevo escrita en el alma.

Hay libros que nacen del deseo de contar una historia, y hay libros que nacen de la necesidad profunda de sanar. Palabras, solo palabras pertenece a estos últimos.

No fue escrito desde la comodidad ni al resguardo de un contexto favorable. Surgió en medio de dificultades concretas, entre silencios que pesan, pérdidas que duelen y desafíos cotidianos que ponen a prueba el alma. Pero también nació sostenido por una fe que resiste y por una esperanza que se niega a desaparecer.

Soy Rubén Gustavo Ayala Williams, autor y compositor argentino. Este libro es el fruto de una vida marcada por la lucha, el amor, el dolor y la decisión de seguir adelante aun cuando el camino parece quebrarse. Escribo para recordar, para dejar testimonio y para que nadie se sienta solo en su propia historia.

Mi vida estuvo atravesada por carencias, por barreras sociales y por la incansable búsqueda de justicia y dignidad. En la palabra encontré un refugio, una herramienta y un puente hacia los demás. Cada texto es un acto de verdad, un gesto humano y espiritual dedicado a quienes enfrentan sus propias tormentas.

Este libro está dirigido a quienes sienten que ya no tienen fuerzas; a quienes fueron relegados, silenciados o ignorados; a quienes cayeron y, aun así, se levantaron.

Lo dedico a mis hijos, a quienes amo profundamente.
Y lo ofrezco a Dios, porque sin Él ninguna de estas palabras habría encontrado luz.


Prólogo

Convertir la vida en palabra no es sencillo. Cada página de este libro contiene emociones hondas, aprendizajes dolorosos, búsquedas personales y también pequeños milagros que aparecen cuando menos se esperan.

Durante años quise compartir mi historia, pero el miedo, la incertidumbre y las dificultades me detuvieron. Un día comprendí que el silencio también puede convertirse en una barrera, y que avanzar exige valentía. Así nació este libro: como un acto de fe y de transparencia.

Aquí no hay ficción. Hay experiencias reales, pensamientos, cicatrices, convicciones y momentos que marcaron mi vida. Escribí sin adornos y sin disfraces, tal como soy. Por eso Palabras, solo palabras es un recorrido íntimo: un viaje hacia adentro, una invitación a detenerse y a escuchar.

No cuento con una editorial que me respalde ni con medios económicos para publicar. Vivo de una pensión por discapacidad que apenas cubre lo esencial. Pero tengo mi historia, mi verdad y mis palabras.

Por eso busco una editorial comprometida, capaz de reconocer el valor humano de este testimonio y acompañarlo hacia nuevos lectores. No busco asistencia: busco oportunidad. La oportunidad de que estas experiencias lleguen a quienes puedan necesitarlas.

Escribir este libro fue un acto de fe.
Cada palabra es una oración.
Cada capítulo, un paso hacia la calma interior.

Incluso en la adversidad, la verdad siempre encuentra un camino.


Reflexión Final

Este libro es un sueño que sobrevivió a la adversidad, al silencio, a la soledad y a la falta de recursos. Un sueño que deseo compartir con quienes creen que siempre es posible volver a empezar.

Si estas palabras acompañan al menos a una persona, si ayudan a alguien a recuperar su fuerza o su esperanza, entonces este proyecto habrá cumplido su propósito.

Mi verdad continúa viva en estas páginas.


Mi vida, mi obra y mi legado

Soy Rubén Gustavo Ayala Williams, escritor independiente y autor del blog “Palabras, Solo Palabras”. Allí he reunido poemas, reflexiones y testimonios personales, cada uno nacido desde la vivencia y desde el alma.

He atravesado momentos difíciles, marcados por la incertidumbre, la soledad y la falta de oportunidades. Sin embargo, descubrí que, aun en la oscuridad, hay algo que siempre permanece: la palabra.

La palabra me sostuvo en tiempos de vulnerabilidad.
La palabra me acompañó cuando todo parecía silencio.
La palabra dijo lo que yo no podía gritar.
Y hoy, la palabra se convierte en mi legado.

Mis escritos están protegidos por la Ley 11.723 de Propiedad Intelectual. Pero más allá de lo legal, lo que presento aquí es mi herencia emocional y espiritual: un testimonio sincero destinado a quienes buscan verdad y consuelo.

Invito a:

• Editoriales: a considerar esta obra y permitir que llegue a más lectores.
• Músicos y cantantes: a transformar mis textos en canciones, si así lo sienten.
• Lectores y comunidad: a leer, compartir y difundir aquello que pueda vincular, acompañar o inspirar.

Mi mayor deseo es que, con el tiempo, mis hijos puedan leerme y saber que permanecí vivo en cada palabra. Que estas páginas sean un puente, un abrazo y un recordatorio de que nunca dejé de pensar en ellos.

Este libro es más que literatura.
Es mi historia.
Es mi voz.
Es mi manera de seguir adelante.


— Rubén Gustavo Ayala Williams
Autor y Compositor – Padre Excluido
© 2025 – Todos los derechos reservados
Protegido por Ley 11.723
Contacto: gustavoayala393@gmail.com
Perfil oficial en Wikipedia




Padre Excluido: La Deuda de la Justicia y el Robo de los Momentos Vitales: Una verdad escrita para que no se pierda en el silencio.

Padre Excluido: La Deuda de la Justicia y el Robo de los Momentos Vitales

Una verdad escrita para que no se pierda en el silencio.

En este espacio, donde las palabras se convierten en refugio, vuelvo a escribir lo que la Justicia no escucha. Soy un padre excluido, y esta es la crónica de una condena sin sentencia, pero con efectos irreparables.

He cumplido siempre con la cuota alimentaria. A esta altura, no es un acto voluntario: es un débito automático que se descuenta cada mes de mi Pensión No Contributiva (PNC). Cumplí incluso cuando me dejaron sin techo, sin hogar y sin voz legal.

La última vez que abracé a mi hijo, él tenía 8 años. Hoy tiene 14.
Entre esos dos números, hay seis años de ausencia forzada que nadie investiga, que nadie repara. La audiencia que debía abrir un camino de encuentro se celebró en marzo de 2024. No trajo soluciones; solo confirmó una desigualdad estructural.

¿Quién me devuelve los momentos que me robaron?

No hablo de dinero. Hablo del tiempo.
Del que no vuelve.
Del que me arrancaron.

La Justicia, que debería proteger vínculos, permitió que se destruyera el mío. Me quitó el derecho más básico: ver crecer a mi propio hijo. ¿Cómo se mide un cumpleaños no vivido? ¿Cómo se cuantifica una conversación que nunca existió?

El Doble Rasero que la Justicia No Admite, pero Aplica

En la audiencia se fijaron dos obligaciones:

  1. Que yo cumpla con el sostén económico (obligación ejecutada automáticamente).

  2. Que la madre garantice la asistencia psicológica para iniciar la revinculación.

Yo cumplo. Ella no.
Y ante ese incumplimiento, la Justicia elige callar.

No hay sanciones, no hay advertencias, no hay pedidos de informes.
No hay ni un solo comprobante de que la terapia se realizó.

Pero el silencio no es neutral: es complicidad.

Creo, con fundamentos, que este sistema me desoye porque soy hombre. Porque no tengo recursos para pagar un abogado particular. Porque mi PNC no alcanza para litigar con la misma fuerza con la que otros construyen un relato que la Justicia acepta sin contrastar.

Cuando el Relato se Convierte en Condena Social

La madre mintió. Ese relato falso se volvió sentencia en el imaginario de familiares, vecinos y conocidos. Una condena que se instaló sin derecho a defensa. Y esa condena social no solo me excluye hoy: amenaza también mi futuro como padre y, algún día, como abuelo.

“La Justicia no puede ser un eco mudo. Cuando calla ante el incumplimiento y avala el relato, discrimina a quien sí cumple.”

Mi Propósito, a Pesar de Todo

Sigo luchando.
Un padre no desaparece porque lo silencien; desaparece cuando deja de luchar.
Y yo sigo acá, escribiendo, dejando constancia, preservando la verdad para cuando mi hijo la busque y la necesite.

Escribo también para interpelar a un sistema que juzga primero por género y después —si queda tiempo— por hechos.

Podrán quitarme visitas, hogar e incluso libertad.
Pero no pueden borrar mi verdad.
No pueden borrar los comprobantes que prueban mi compromiso.
No pueden borrar el amor que se mantiene firme, incluso en la distancia que otros impusieron.

Esta es mi historia. Mi verdad. Mi testimonio.
Y en Palabras, Solo Palabras, queda registrada para que nunca más pueda ser callada.

✍️ Ruben Gustavo Ayala Williams
Padre excluido — Autor y Compositor 

Registrado en DNDA (Ley 11.723) Palabras, Solo Palabras




lunes, 8 de diciembre de 2025

La Tinta de la Verdad contra el Muro de Cristal, Crónica de un Padre Exiliado por la Sentencia del Silencio

🌌 La Tinta de la Verdad contra el Muro de Cristal

Crónica de un Padre Exiliado por la Sentencia del Silencio

Prólogo

Durante demasiado tiempo, la necesidad de paz impuso un silencio que permitió que una versión ajena se asentara como verdad. Hoy, esa quietud se quiebra. Lo que aquí se revela no es un grito de revancha, sino el susurro firme e inevitable de la conciencia. Esta es la apertura de un testimonio que aguardó pacientemente su momento para hablarle a quienes estén dispuestos a escuchar más allá del rumor y del juicio superficial.

Existe una etapa en la vida en la que uno se aleja de las trivialidades y, sin previo aviso, enfrenta la prueba de fuego de una injusticia profunda. Fui señalado y responsabilizado por la separación que nació de una fractura en la promesa y de una lealtad quebrada que jamás tuvo origen en mis manos. Es difícil ser el actor mudo en un drama escrito por otros, cargar con el peso de una crónica falsa que resultó más convincente que la verdad desnuda.

El destino, a veces, sienta a un hombre en el banquillo de los acusados sin permitirle articular la defensa del corazón. Vi cómo la narrativa se tejía con hilos oscuros, cómo la versión incompleta encontraba eco y credibilidad en los fríos pasillos de la legalidad. Y así, una sentencia construida sobre sombras dictó el desenlace más cruel: el exilio forzoso. Fui apartado del hogar que ayudé a construir, separado de mi hijo menor y privado del abrazo cotidiano de mis nietos. Seis años no son solamente tiempo; son el eco de un columpio vacío y el mapa silencioso de un dolor que solo conoce el alma de un padre impedido.


La Pluma como Única Justicia

Ante la sordera de ciertas instituciones y ante el murmullo constante de quienes juzgan sin conocer la historia completa, solo queda un camino: el de la palabra consciente. No busco una revancha legal que me fue negada; busco la redención a través de la autenticidad. La escritura se convierte en mi único estrado, en el testigo incorruptible que no se doblega ante el engaño.

Mis palabras no están dirigidas a herir, sino a iluminar. Son una invitación para quienes aún me observan a través del cristal distorsionado de la mentira: si se atreven a leer, si están dispuestos a confrontar la versión fabricada por la oscuridad, podrán descubrir que la realidad es mucho más compleja que el titular de una sentencia.

En esta madurez forzada comprendí que lo material puede ser arrebatado, pero la esencia espiritual es inexpugnable. El amor por mis hijos y la verdad de mis actos son bienes que ninguna corte puede embargar. Mi cuerpo pudo ser desalojado, pero mi espíritu de padre jamás abandonó el umbral.

Y así emerge la frase que resume esta resistencia:

“Podrán haberme quitado el techo, pero jamás podrán silenciar la verdad que llevo escrita en mi alma.”

Que este blog sea un faro. Que la verdad, nacida del alma y plasmada en tinta, comience su camino, lento pero firme, hacia la luz.


Reflexión Final

Después de atravesar este camino árido, la exclusión se revela como una maestra severa. Me mostró que la verdadera riqueza no reside en la estabilidad material, sino en la soberanía del espíritu. La felicidad de la que hablo no es la euforia pasajera, sino la calma profunda que se alcanza al saberse íntegro, al vivir bajo el único código que realmente importa: el de la ética innegociable.

Escribir dejó de ser una afición para transformarse en un acto de supervivencia y de legado. Es la única armadura que la injusticia no pudo arrancarme. Mi defensa es mi coherencia. Mi hogar permanente, mi verdad.

Ruben Gustavo Ayala Williams
Padre Excluido · Autor y Compositor
Registro DNDALey 11.723

Palabras, Solo Palabras  - Palabras que nacen del alma




Cuando el Tiempo Busca Sanar lo que el Orgullo Lastimó El fluir que transforma, limpia y vuelve a unir

 

Cuando el Tiempo Busca Sanar lo que el Orgullo Lastimó

El fluir que transforma, limpia y vuelve a unir



“Yo te propongo volver a continuar en el rumbo.
Solo depende de vos. Juntos podemos volver a nacer,
porque jamás es tarde para empezar de nuevo.”


A la madre de mis hijos

Hoy escribo estas palabras con respeto, con calma y con la sinceridad que nace del alma.
No escribo para culpar, ni para señalar, ni para remover heridas.
Escribo porque, después de tanto caminar en silencio, entendí que hay verdades que necesitan ser dichas con el corazón en la mano.

Quiero recordar con vos aquello que un día nos unió.
Recordar lo que prometimos ante Dios:
amor, respeto, unión y la construcción de una familia que pudiera enfrentar cualquier tormenta.
Y así fue: durante años peleamos juntos contra dificultades que muchos no hubieran soportado.

Pasamos por noches sin dormir, por la incertidumbre del trabajo, por la falta de oportunidades,
por inundaciones, por angustias que callamos para no lastimar al otro,
por la lucha diaria de sacar adelante un hogar que nació del amor, de la juventud y de los sueños compartidos.

Y a pesar de cada obstáculo, lo logramos.
Construimos un hogar.
Formamos una familia.
Criamos hijos con valores, con fe, con esperanza.
Creamos recuerdos que aún viven en cada rincón del corazón.

Por eso, hoy me pregunto con humildad:
Si pudimos atravesarlo todo…
si nunca nos rendimos cuando la vida nos golpeaba…
¿por qué ahora no podríamos intentarlo una vez más?

El tiempo, aunque parezca duro, también es sabio.
Nos enseña sin gritos, sin reproches.
Nos pule como el agua pule la piedra: despacio, con paciencia, con intención.

Y el tiempo también sabe limpiar.
Debe llevarse lo que alguna vez lastimó:
la distancia, el orgullo, los malentendidos, el silencio que duele.
Y en ese mismo fluir puede traernos lo que hace falta para sanar:
perdón, diálogo, respeto, reconciliación y un nuevo comienzo.

No se trata de volver atrás ni de borrar lo vivido.
Se trata de volver a mirarnos con ojos nuevos, sabiendo que los hijos —y algún día los nietos— merecen ver una familia que, aunque tuvo quiebres, supo aprender a recomponer lo que valía.

Se acerca la Navidad.
Y la Navidad es nacimiento.
Es esperanza.
Es volver a empezar aun cuando uno siente que ya no puede más.
Es abrir las puertas a lo posible.

Por eso hoy, sin exigencias, sin presión y sin reclamar nada que no nazca de tu propia voluntad,
solo quiero decirte esto:

Yo te propongo volver a continuar en el rumbo.
Solo depende de vos dar ese primer paso.
Juntos podemos volver a nacer, porque jamás es tarde para empezar de nuevo.

No lo digo por mí solamente.
Lo digo por lo que fuimos, por lo que somos y por lo que aún podemos ser como padres.
Por la familia que construimos.
Por todo lo que todavía tiene la fuerza de renacer.

Si alguna vez hubo amor, entonces aún hay un camino.
Y si alguna vez soñamos con ver crecer a los hijos y a los nietos en un hogar lleno de paz,
ese sueño todavía nos espera.

Aquí estoy.
Con respeto, con paz y con verdad.
Lo que el corazón siembra, tarde o temprano, florece.


Ruben Gustavo Ayala Williams

Padre Excluido · Autor y Compositor
Registro DNDA – Ley 11.723
Palabras, Solo Palabras
(Palabras que nacen del alma)



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