El Tierrita – Memoria viva del barrio: El colectivo humilde que nos llevaba al trabajo y nos unía como vecinos

 El Tierrita – Memoria viva del barrio

El colectivo humilde que nos llevaba al trabajo y nos unía como vecinos

“El Tierrita no solo nos llevaba de un lugar a otro; también nos enseñó que un barrio se construye caminando juntos, aun en medio del barro y las dificultades.”


Hay historias que no aparecen en los diarios ni en los archivos oficiales, pero viven para siempre en el corazón de quienes las vivieron. 

Así fue la historia de la línea 225, el colectivo que en el barrio IAPI de Bernal Oeste todos conocíamos como el Tierrita.

Corrían los años 90 y el barrio todavía crecía entre calles de tierra, veredas irregulares y esquinas donde el barro se acumulaba cuando llovía. En invierno el frío era duro, en verano el calor parecía no dar descanso, y muchas veces salir del barrio significaba caminar largas cuadras bajo la lluvia o el polvo.

En aquellos tiempos no había remises ni otras facilidades. Para muchos vecinos, el Tierrita era la única forma de salir a trabajar y poder combinar con otras líneas de colectivos. Gracias a ese humilde servicio, muchas familias pudieron sostener su esfuerzo cotidiano.

El recorrido comenzaba en Camino General Belgrano y Onzari, en Wilde. Desde allí entraba al barrio por la calle Los Andes hasta La Fuente, la calle 168 de Bernal Oeste, y continuaba hasta Agüero y Onzari. Apenas cuatro colectivos recorrían esas calles, con un boleto mínimo único que todos podían pagar.

Era un colectivo sencillo, pero indispensable.

Lo llamábamos el Tierrita porque atravesaba calles de tierra, avanzando despacio, como si entendiera las dificultades del barrio. Parecía conocer cada esquina y cada vecino que lo esperaba.

Pero el Tierrita era mucho más que un transporte.

Era un lugar de encuentro.

En esas mañanas tempranas nos reuníamos los trabajadores, algunos todavía con sueño, otros apurados por llegar a horario. Y por las tardes volvíamos cansados, pero con la tranquilidad de regresar a casa.

Entre saludos, charlas cortas y silencios compartidos, se fue construyendo una parte de nuestra historia.

Un día dejó de pasar.

Nadie supo explicar exactamente por qué. Simplemente desapareció, y el barrio sintió ese vacío como se siente la ausencia de algo querido.

Con el tiempo llegaron cambios, calles asfaltadas y nuevas formas de viajar. Sin embargo, hay recuerdos que no se reemplazan.

Porque el Tierrita sigue recorriendo el barrio en la memoria de quienes lo conocimos.

Son recuerdos sencillos, pero verdaderos.

Recuerdos que hablan del esfuerzo, de la necesidad y también de la dignidad de la gente trabajadora.



A veces las cosas más humildes son las que dejan las huellas más profundas. Un viejo colectivo que recorría calles de tierra pudo convertirse en un símbolo de unión, esfuerzo y esperanza. Porque cuando un pueblo lucha por salir adelante, hasta el viaje más sencillo se transforma en parte de su historia.


Palabras, solo palabras: relatos de mi vida marcados por el amor, la lucha y la esperanza, contados palabra por palabra.

Rubén Gustavo Ayala Williams
Padre excluido
Autor y Compositor
Palabras, solo palabras

Podrán quitarme mi hogar y la justicia no atenderme,
pero jamás podrán borrar la verdad que llevo escrita en mi alma.

Registrada conforme a la Ley 11.723
DNDA – República Argentina

Expedientes:
• EX-2025-55455694 – APN-DDRNEES#MCH (Obra literaria)
• EX-2024-89059752 – APN-DNDA#MJ (Obra musical)



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