martes, 18 de marzo de 2025

Recuperar lo que es mío

 

Recuperar lo que es mío

Me dieron por muerto.
No porque mi cuerpo hubiera caído, sino porque mi espíritu —según ellos— ya no se levantaría. Creyeron que el dolor me había quebrado, que la soledad y la injusticia habían terminado de enterrarme en vida. Se convencieron de que mi voz se había apagado, que mi historia se había cerrado, que yo era apenas un eco lejano de lo que alguna vez fui. Mientras yo vagaba entre ruinas interiores, ellos celebraban lo ajeno como propio, usurpaban lo que construí con amor, sudor y entrega, creyéndose herederos de algo que nunca les perteneció.

Pero se equivocaron.
Aquí estoy.
No como un espectro que vuelve desde el abismo, sino como un hombre entero, lúcido, sereno, con la mirada limpia y el corazón encendido. No me quebraron. No me vencieron.
Porque aunque me arrebataron casi todo, jamás pudieron quitarme lo más valioso: la presencia fiel de Dios en mi vida.

Él fue mi refugio cuando el mundo me expulsó.
Él fue mi fuerza cuando mis piernas flaqueaban.
Él me susurró en el silencio que no todo estaba perdido, que aún había un propósito para mí.
Y así comprendí que el verdadero final no es la caída, sino la renuncia al alma.
Y yo —aun desde el polvo, aun sin fuerzas— jamás renuncié a ser quien soy.

Hoy regreso.
No para vengarme, ni para disputar lo que no necesita ser disputado.
Regreso con la frente en alto y el espíritu renovado. Porque lo que es mío, me pertenece: no por decreto ajeno, sino por derecho de vida, por memoria, por lucha. Nadie me lo prestó, nadie me lo regaló: lo construí con lágrimas, con renuncias, con batallas que nadie vio.

Vuelvo a reclamar mi lugar en el mundo,
mi casa, mi nombre, mi historia.
Pero más aún, regreso a tomar de nuevo mi dignidad, mi esencia, mi voz.

No soy una sombra.
Soy un hombre que resurge del fuego.
Soy un padre que no olvida.
Soy un espíritu que se niega a ser silenciado.
Soy testimonio viviente de que el amor, la fe y la verdad no mueren.

Y mientras otros alzaban copas creyendo haber ganado,
Dios ya preparaba mi regreso.
Mientras ellos me borraban,
Dios escribía un nuevo capítulo.

Cuando volví, con el alma desnuda y las manos abiertas, Él no me juzgó, no me reprochó.
Solo me miró con ternura y me dijo:

"Te estaba esperando."

Rubén Gustavo Ayala Williams
Blogspot: Palabras, Solo Palabras
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domingo, 16 de marzo de 2025

El regalo de mi ausencia

 

El regalo de mi ausencia

Te dejé sobre la mesa
el eco frío de mi adiós,
envuelto en el silencio
que nunca te importó.

Tal vez pases de largo,
sin verlo, sin sentir,
como pasaste mi vida
sin aprender a latir.

Hice y di todo por ti,
te amé sin medir, sin dudar,
y me defraudaste arrancándome
mi mundo, mi casa, mi lugar.

Me quitaste la risa y el sueño,
me robaste hasta el sol y el abrigo,
me dejaste sin hogar, sin rumbo,
me apartaste de mis propios hijos.

Me echaste a la calle
y la vida me golpeó,
me vi mendigando recuerdos
de un ayer que se quebró.

No hay reclamos, no hay llanto,
ni ruegos en mi voz,
solo el peso del vacío
que un día fui para vos.

Si un día extrañas mi nombre
y mi ausencia te hace doler,
recuerda que estuve siempre,
pero nunca me quisiste ver.

Ruben Gustavo Ayala Williams
Blog Spot Palabras, Solo Palabras
Derechos de la Propiedad Intelectual Ley 11723



El cuervo y la jarra

 

El cuervo y la jarra

Un cuervo sediento sobrevolaba un árido paisaje, exhausto bajo el sol abrasador. Tras un largo vuelo, divisó una jarra bajo la sombra de un árbol solitario. Se acercó con esperanza y, al asomarse, vio un poco de agua en el fondo. Sin embargo, por más que estiraba el cuello y el pico, no lograba alcanzarla.

Intentó volcar la jarra con sus patas y su pico, pero era demasiado pesada. Golpeó el borde con frustración, sintiendo cómo la desesperación amenazaba con apoderarse de él. Entonces se detuvo. Respiró. Pensó.

Miró a su alrededor y notó que el suelo estaba cubierto de pequeñas piedras. Tuvo una idea. Tomó una con el pico y la dejó caer dentro de la jarra. Luego otra. Y otra más. Con paciencia, repitió el proceso una y otra vez. Poco a poco, el nivel del agua comenzó a subir.

Finalmente, cuando el agua estuvo al alcance, el cuervo pudo beber hasta saciar su sed. No había sido la fuerza, sino su ingenio y su perseverancia, lo que le permitió lograrlo.


Moraleja:

Cuando enfrentes un obstáculo que parece imposible, no te rindas. La desesperación nubla el juicio, pero la paciencia, la inteligencia y los pequeños esfuerzos constantes pueden transformar lo inalcanzable en realidad.

A veces, una piedra a la vez es todo lo que se necesita para cambiar tu destino. 💡✨


 




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