viernes, 13 de junio de 2025

“Soy la voz que volvió del silencio”

 

“Soy la voz que volvió del silencio”

Por Rubén Gustavo Ayala Williams

Entre escombros y estrellas, una voz que no se quiebra.

Nací en abril, ese mes en que la tierra despierta y los sueños tantean la luz.
Pero la vida no me dio tregua: me entregó espinas antes que rosas, silencios antes que abrazos.
Me excluyeron del hogar que ayudé a construir, por una denuncia que pesó más que la verdad.
Vi a mis hijos alejarse, vi traiciones convertirse en rutina, y el amor, en arma.

Viví en la calle, sí, en el margen del mundo donde la dignidad tambalea.
Fui golpeado, humillado, y una bala rozó mi historia sin borrarla.
Pero no me rendí. Porque en cada noche helada, yo escribía con la mente.
Y en cada mañana sin nombre, yo pronunciaba el mío en voz baja, recordándome que todavía estaba.

Hoy estudio Robótica y Automatización en la UNAJ,
porque quiero construir, aunque el mundo haya querido destruirme.
No por revancha, sino por sentido.
Porque vivir no es sólo respirar: es transformar.

Soy pensionado por discapacidad, pero activo en el espíritu,
y con el alma despierta escribo mi autobiografía,
no para llorar en público, sino para compartir lo que el silencio oculta.

En mi blog Radio Murmullo denuncio lo que otros callan:
la injusticia que se filtra entre titulares,
la verdad que no grita, pero pesa.
Y en Volver a empezar de nuevo, planto palabras como semillas,
para quienes necesitan esperanza y no discursos.

No soy un héroe. No quiero serlo.
Soy un hombre que cayó, que sangró, que dudó.
Pero también uno que se levantó con lo poco que tenía:
una pluma, una idea, una fe áspera, sin adornos.

Esta es mi historia. No para que me crean,
sino para que no olviden que entre las ruinas
también crecen las flores.


Y si mi voz resuena en la tuya, no estás solo.
Volver a empezar no es el final de una historia.
Es el principio de la verdad.



jueves, 12 de junio de 2025

AUTISMO: UNA MIRADA HUMANA Y NECESARIA

 

AUTISMO: UNA MIRADA HUMANA Y NECESARIA

Por Ruben Gustavo Ayala Williams
Palabras, Solo Palabras
https://gustavowilliams.blogspot.com

¿Qué es el Autismo?

El autismo, o Trastorno del Espectro Autista (TEA), no es una enfermedad, sino una condición del neurodesarrollo que afecta la forma en que una persona percibe, comprende y se relaciona con el mundo que la rodea. Acompaña a la persona durante toda su vida y se manifiesta de manera muy diversa en cada individuo, de allí el término "espectro".

Cada persona con autismo es única: algunas pueden tener altas capacidades cognitivas, otras dificultades significativas. Por eso, la comprensión, empatía y respeto son fundamentales en nuestra forma de relacionarnos con ellas.

Características comunes del TEA

  • Dificultades en la comunicación verbal y no verbal.

  • Comportamientos repetitivos o intereses muy intensos y específicos.

  • Necesidad de rutinas estructuradas para sentirse seguros.

  • Hipersensibilidad (o insensibilidad) a estímulos como sonidos, luces, texturas o sabores.

  • Dificultades en la interacción social o en comprender las normas sociales.

Enseñar y aprender: un camino de doble dirección

“Cuando enseñas a una persona con autismo, ellos también te enseñan a ti.”
Esa frase resume la riqueza que puede surgir del encuentro con la diversidad. Incluir no es solo aceptar, es abrirse al aprendizaje mutuo, descubrir nuevas formas de ver la vida y permitir que cada persona brille con su propia luz.

El autismo no necesita compasión, necesita comprensión. No busca piedad, sino espacios donde se respete su ritmo, sus intereses y su forma única de ser.

Conclusión

Hablemos de autismo con amor, con humanidad. Dejemos de ver lo “diferente” como un problema y empecemos a verlo como una oportunidad para crecer juntos. En un mundo donde muchas veces se valora más lo superficial, el autismo nos recuerda la importancia de mirar con el corazón.


📜 Ruben Gustavo Ayala Williams
📌 Todos los derechos reservados. Este contenido está protegido por la Ley 11.723 de Propiedad Intelectual. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización expresa.

🌐 Publicado en Palabras, Solo Palabras




"Yo y mi casa serviremos a Jehová"

 

"Yo y mi casa serviremos a Jehová" — Una decisión eterna

En un tiempo donde las voces del mundo claman por atención, donde los valores se diluyen y lo efímero se impone, se alza una declaración firme, clara y eterna:
“Yo y mi casa serviremos a Jehová.”

Josué no eligió lo fácil, eligió lo eterno. No se dejó llevar por las costumbres de su entorno ni por la presión de la mayoría. Él entendió que la verdadera victoria no está en conquistar tierras, sino en ganar el corazón de su familia para Dios.

Servir a Jehová es más que una rutina; es un estilo de vida.
Es decidir cada día que nuestra casa será un refugio de fe, un altar de adoración, un lugar donde el amor de Dios se viva y se enseñe. Servir a Jehová en casa es perdonarnos, orar juntos, hablar con verdad, poner la Palabra como base y la gracia como techo.

Pero esto no ocurre por accidente. Requiere decisión. Josué no dijo: “Mi casa tal vez servirá a Jehová” o “Veremos qué eligen mis hijos”. Él se puso al frente y proclamó:
“YO y mi casa…”
Porque el liderazgo espiritual empieza por uno. La fe se transmite más con el ejemplo que con las palabras.

Hoy, Dios te invita a tomar esa misma decisión. No solo para ti, sino para los tuyos. Que tu hogar no sea solo un espacio físico, sino una extensión del Reino de Dios.




Todavía estamos a tiempo

 

No sé si aún lo recuerdas…
pero hubo un tiempo en que nuestras almas se encontraron sin buscarse,
como si el destino hubiera escrito nuestros nombres en la misma línea del viento.
Te vi… y supe que algo dentro de mí ya te conocía.
Nos bastó mirarnos para soñar juntos,
como si el futuro nos perteneciera por derecho de amor.

Fuimos dos, pero éramos uno.
Dormíamos abrazados a la esperanza,
y cada madrugada era un pacto silencioso de seguir luchando.
Construimos desde la nada, con el alma herida pero el corazón dispuesto.
Criamos hijos, levantamos paredes, compartimos lágrimas y risas,
cayéndonos mil veces… pero siempre volviendo a levantar.

Por eso duele tanto este silencio.
Duele que hayas elegido alejarme,
como si todo lo vivido pudiera romperse con una sola decisión.
Yo no fui perfecto, lo sé… pero mis sentimientos siempre fueron tuyos,
y lo siguen siendo, a pesar de tu distancia,
a pesar de que otra piel haya ocupado el lugar donde antes vivía mi abrazo.

No te culpo… creo que te confundiste.
Que el dolor y el orgullo te cegaron.
Pero yo sigo aquí, con el corazón intacto,
esperando que algún día veas más allá del enojo,
y recuerdes lo que fuimos sin temor.

Porque yo no quiero seguir caminando solo.
Quiero volver a tomarte de la mano como aquella primera vez.
Quiero que volvamos a soñar con una casa llena de nietos,
con tardes largas, con mates y anécdotas,
con un “te amo” que ya no se calle nunca más.

No es tarde.
Todavía estamos a tiempo.
Si me buscas, aquí estoy.
Esperando que el amor tenga la última palabra."




miércoles, 11 de junio de 2025

Palabras, Solo Palabras

 Palabras, Solo Palabras

Por Rubén Gustavo Ayala Williams

Hay palabras que rompen el silencio
como piedras lanzadas sobre un alma en calma.
Otras apenas lo rozan,
como caricias de un hijo en sueños que ya no están.

Las hay que sangran,
que llegan como puñales envueltos en susurros.
Y también están las que curan,
como un abrazo esperado tras años de intemperie.

Algunas aparecen cuando todo está perdido,
como llovizna cayendo sobre ruinas.
Otras se adelantan —torpes, proféticas—
y están las más crueles:
las que nunca se dijeron,
las que quedaron atrapadas en la garganta
cuando el miedo gritaba más fuerte que el amor.

Las palabras pesan.
Aunque no se vean,
son piedras o alas,
llaves o grilletes.
Con una palabra fui echado de mi casa,
con otra reconstruí mi nombre desde la calle.
Son semillas. También, cenizas.

Con ellas se desata la guerra más íntima,
la que se libra sin testigos,
en la noche del alma.
Y con ellas también se firma la paz,
cuando uno aprende —al fin— a perdonarse.

Escribo para no desaparecer,
para no traicionar mi memoria.
Para dejar señales en el bosque de los días,
por si algún día Isaías quiere encontrarme
en las migas que fui dejando.

Escribo porque cuando el mundo calla,
cuando los rostros se dan vuelta,
cuando la soledad me aprieta el pecho como un disparo,
las palabras vienen.
Y me salvan.

No son solo letras.
Son cicatrices que aprendí a mirar sin vergüenza.
Son nombres que ya no puedo pronunciar.
Son abrazos que aún me habitan.

Son todo lo que soy cuando nadie me ve.
Y todo lo que fui
cuando el dolor me hizo invisible.

Por eso este blog se llama así:
Palabras, Solo Palabras…
Pero tú y yo sabemos
que en cada una
late una vida entera.


Todos los derechos reservados.
Este texto ha sido registrado bajo la Ley 11.723 de Propiedad Intelectual.
Queda prohibida su reproducción total o parcial sin autorización del autor.
© Rubén Gustavo Ayala Williams – 2025



martes, 10 de junio de 2025

Oración de Buenas Noches para mis Hijos y Nietos

 

🌙 Oración de Buenas Noches para mis Hijos y Nietos

Señor de la vida y del amor,
en esta noche que comienza,
te entrego con todo mi corazón
a mis hijos y a mis nietos,
frutos benditos de mi existencia.

Cúbrelos con tu manto de paz,
aleja de sus sueños toda sombra,
y envuélvelos en tu luz divina
para que duerman tranquilos,
con el alma en calma y el corazón sereno.

Protégelos del mal,
guárdalos de todo peligro,
y siembra en sus corazones
valores de amor, respeto y esperanza.
Que nunca les falte fe,
y que siempre recuerden cuánto los amo,
aunque a veces la vida nos separe.

Gracias, Señor, por sus vidas,
por cada sonrisa, cada abrazo y cada paso.
Bendícelos hoy y siempre.
Amén.

📖 “El Señor te cuidará; de todo mal protegerá tu vida. El Señor te cuidará en el hogar y en el camino, desde ahora y para siempre.”
Salmo 121:7-8



lunes, 9 de junio de 2025

Volver a Empezar de Nuevo

 

🌄 Volver a Empezar de Nuevo

Hay almas que han caído tantas veces
que ya no saben si es tierra o abismo lo que pisan.
Pero aún así,
una pequeña luz en el pecho
les susurra que no todo está perdido.
Porque mientras haya aliento,
aunque sea herido y tembloroso,
existe la posibilidad de nacer otra vez.

Volver a empezar no es de cobardes,
es de valientes cansados,
de soñadores con cicatrices,
de corazones que aprendieron
que rendirse… no es una opción.
Es de quienes han visto la oscuridad
y, aun así, buscan la luz con manos temblorosas.

En la vida hay tiempo para todo:
para llorar sin prisa,
para abrazar el dolor y dejarlo hablar,
para detenerse, respirar,
y sanar con silencios y ternuras lentas.
También hay tiempo para recoger los pedazos,
mirar al cielo,
y dar el primer paso hacia lo que aún puede ser.

Lo único que no tiene lugar…
es rendirse.
Porque rendirse es dejar morir la esperanza,
y mientras haya un suspiro,
una lágrima,
o un latido…
aún hay camino.

🌱 Hoy es un buen día para volver a florecer.




¿Cómo culpar al viento por lo que arrasó, si fue ella quien abrió la ventana a la tormenta?

 

¿Cómo culpar al viento por lo que arrasó, si fue ella quien abrió la ventana a la tormenta?

Por Rubén Gustavo Ayala Williams

"Hay tormentas que arrasan sin saber por qué. Y otras, que fueron invitadas a entrar."


Cuando el alma entra en crisis y olvida lo que construyó

Dicen que cada ser humano, tarde o temprano, atraviesa lo que llaman la crisis del águila. Ese momento en que, como esa majestuosa ave, uno siente que las garras ya no atrapan, el pico está desgastado y las plumas pesan.
Entonces surge la necesidad de un renacer: de enfrentarse al doloroso proceso de romper, soltar, mudarse de piel.

Pero no todas las águilas renacen. Algunas solo escapan.
Algunas confunden evolución con traición.
Y abren ventanas que deberían haber quedado cerradas.


La tormenta no golpeó sola

¿Cómo culpar al viento por lo que arrasó, si fue ella quien abrió la ventana a la tormenta?

Así fue. Un día cualquiera, sin previo aviso, ella giró la manija del alma y dejó entrar la tempestad. No como quien busca aire fresco, sino como quien prepara la huida.
Y el viento hizo lo que el viento sabe hacer: arrasó.
Desordenó la historia, voló los retratos, quebró las promesas que aún colgaban de las paredes.

Pero el viento no tiene conciencia.
El viento no tiene intención.
La decisión fue de quien abrió la ventana.


Palabras, solo palabras

Treinta años pueden ser destruidos en treinta segundos.
Con una sola frase:
“Me equivoqué de vida. Me equivoqué de pareja.”

Y así, lo que fue amor, compromiso, crianza compartida, sueños de dos, se convierte en error.
¿Pero fue realmente un error?
¿O una necesidad de reescribirse a costa del otro?

Llamarle verdad a la negación.
Llamarle libertad a la huida.
Llamarle evolución a la destrucción.

Cuando una mujer, en nombre de su nuevo despertar, no solo rompe un vínculo sino que expulsa al otro del hogar, lo despoja de lo suyo, lo culpa de su infelicidad y sepulta todo lo que compartieron... no está sanando.
Está rompiendo.
Y romper sin mirar atrás, sin asumir la propia parte, no es transformación: es ego vestido de espiritualidad.


Y el que queda afuera...

No solo pierde el hogar.
No solo pierde a quien amó.
Pierde la historia que creía haber vivido.

Porque el que ama de verdad no se va sin cerrar bien la puerta.
No deja ruinas.
No convierte la memoria en basura emocional.
No reconstruye su relato convirtiendo al otro en villano para justificar su vuelo.

La verdadera evolución no necesita dinamitar.
Puede terminar. Puede irse. Puede elegir otro rumbo.
Pero no destruye sin piedad. No borra lo que fue real.


Conclusión: La dignidad también vuela... o se arrastra

El alma que huye sin mirar atrás, que miente para evitar el espejo, puede volar…
Pero no lleva alas.
Lleva culpas disfrazadas de libertad.
Y tarde o temprano, el viento se lo cobra.

Porque hay una ley invisible que lo ordena todo:
quien traiciona la historia compartida, termina traicionándose a sí mismo.
Y no hay refugio en el mundo que resista el eco de una conciencia que sabe lo que hizo.


📌 Este texto está protegido por derechos de autor. Toda reproducción total o parcial sin mención del autor queda prohibida.
✍️ Rubén Gustavo Ayala Williams



Carta abierta a mi nieto Dylan Exequiel

 Carta abierta a mi nieto Dylan Exequiel Ayala


Querido Dylan:

Hoy, como un rayo de luz entre tantos días grises, apareció en mis recuerdos una imagen que me llenó el alma: el día en que naciste, hace ya once años. Qué emoción tan grande fue aquella. Tu llegada me hizo sentir el hombre más afortunado del mundo. Fuiste mi primer nieto, y desde ese momento ocupaste un lugar eterno en mi corazón.

Hoy no estamos juntos, y eso me duele profundamente. No sé cómo estás, cómo hablás, qué cosas te hacen reír o qué soñás con ser. No pude acompañarte en tus cumpleaños ni en tus pasos de crecimiento. Pero quiero que sepas que no fue por decisión mía. Las circunstancias de la vida, decisiones ajenas y situaciones dolorosas me alejaron del hogar y de ustedes.

Quiero dejar algo claro desde lo más profundo de mi ser: mi separación fue con tu abuela Claudia, no con mis hijos, y mucho menos con ustedes, mis nietos. Lo que ocurrió fue doloroso, y tuvo consecuencias que aún cargo. Pero nunca, jamás, me separé del amor que siento por vos ni por tu mamá Johanna, ni por tus hermanitos Ameli y esa pequeña nietita que aún no conozco. El amor de un abuelo no se apaga con la distancia, ni con el silencio, ni con el tiempo.

Recuerdo con una ternura infinita cuando venías a visitarme a la casa del fondo. Me decías Lolo, y jugábamos como si el mundo fuera un lugar perfecto. Esos momentos están guardados en mi alma. Aunque hoy esté solo, con algunos problemas de salud y muchas cosas por sanar, tu recuerdo me acompaña. Me da fuerzas. Me devuelve esperanza.

No sé por qué tu mamá decidió no permitirme más contacto con ustedes. Es una de esas cosas que aún no comprendo. Pero mi corazón no guarda rencor. Solo guarda amor, y la esperanza de que algún día, cuando seas grande y sientas la necesidad de buscar respuestas, vengas a verme. Y aquí voy a estar, con los brazos abiertos.

La justicia puede entender de leyes, de procedimientos y de decisiones, pero hay cosas que no están en ningún expediente: el amor de un abuelo, el dolor de la ausencia, el deseo sincero de abrazar a sus nietos. Ese amor es lo que me sostiene, y es lo que me impulsa a escribirte hoy.

Dylan querido: feliz cumpleaños. Que la vida te dé alegría, sabiduría y fuerza. Que nunca pierdas la ternura, ni la capacidad de buscar tu verdad.
Y que cuando llegue el momento, sepas que tu Lolo siempre te amó y nunca dejó de esperarte.

Con todo mi amor,
Tu Lolo, Rubén Gustavo Ayala Williams
Blog: Palabras, solo palabras




domingo, 8 de junio de 2025

Sé feliz... aunque eso vuelva locos a los demás

 

Sé feliz... aunque eso vuelva locos a los demás

Hay una verdad tan simple y poderosa como el sol que nace cada mañana: la felicidad es una decisión. Una elección que no siempre depende de las circunstancias externas, sino de una postura interior, de una actitud frente a la vida.

Sé feliz!! Eso vuelve loco a los demás”, dice la frase con un tono provocador y rebelde. Pero detrás de ese gesto ligero se esconde una verdad más profunda: la felicidad genuina desconcierta al mundo porque no está atada a lo que el mundo valora. En un tiempo en el que parecer importa más que ser, y en el que muchos miden el éxito por lo que tienen y no por lo que son, ver a alguien que sonríe sin motivo aparente, que disfruta de lo simple, que se siente pleno sin necesidad de demostrar nada… simplemente desconcierta.

Ser feliz no es egoísta. Es valiente. Es un acto de amor propio y, muchas veces, de resistencia. Porque hay personas que no soportan ver feliz al otro, especialmente si ellas no han encontrado aún el camino de la paz interior. Por eso, tu felicidad puede incomodar. Puede despertar envidias, juicios, sospechas. Pero eso no debe detenerte.

Sé feliz porque te da paz, salud y propósito. Porque en cada paso, aunque parezca pequeño, estás sembrando luz. No te detengas a explicar tu alegría, ni a pedir permiso para sonreír. Si tu felicidad le molesta a alguien, no te defiendas, ora por esa persona. Ruega para que también encuentre su propio motivo para levantarse, para amar, para agradecer. No cargues con el enojo ajeno. No tomes como personal lo que muchas veces es solo el reflejo de un corazón herido.

Tu camino es tuyo. Lo que tenés por delante es sagrado. No pierdas tiempo mirando hacia los lados. Hay demasiado por construir, por aprender, por disfrutar. La vida es demasiado corta para caminar con la mirada baja por miedo a ofender con tu luz. Sé feliz. No como un acto de rebeldía, sino como una declaración de fe. Fe en que la alegría es posible. Fe en que tu historia tiene sentido. Fe en que estás yendo hacia algo más grande que vos mismo.

Avanza. Sonríe. Abraza. Perdona. Y sigue andando. Porque la verdadera locura no está en ser feliz, sino en vivir sin atreverse a serlo.

Ruben Gustavo Ayala Williams
Todos los derechos reservados
Propiedad Intelectual Ley 11.723
Blog: Palabras, Solo Palabras




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