El derecho de un hijo no se negocia: Cuando las heridas de los adultos se convierten en el silencio de los niños
El derecho de un hijo no se negocia Cuando las heridas de los adultos se convierten en el silencio de los niños Hay ausencias que no hacen ruido, pero resuenan toda la vida. Hay decisiones que parecen firmes en el momento, pero dejan grietas invisibles en el corazón de un hijo. Separarse puede ser una decisión madura, dolorosa, necesaria incluso. Pero separar a un hijo de su padre no es una consecuencia inevitable: es una elección. Y toda elección deja huellas. Un niño no nació para cargar disputas que no entiende. No vino al mundo para tomar partido, para repetir relatos ajenos ni para aprender a amar con culpa. Un hijo necesita equilibrio. Necesita verdad sin veneno. Necesita libertad para abrazar a ambos padres sin sentir que traiciona a uno. Cuando el orgullo habla más fuerte que el amor, el precio no lo paga quien discute. Lo paga quien calla. Lo paga quien extraña. Lo paga quien, en silencio, aprende a reprimir el abrazo que le falta. Ningún orgullo justifica ...









