sábado, 2 de agosto de 2025

Isaías Benjamín: ¿Quién me robó tu infancia?

 

Isaías Benjamín:

¿Quién me robó tu infancia?

En un rincón polvoriento del alma,
donde las fotografías ya no sonríen,
se esconde tu risa como un susurro lejano,
como un eco que no quiere morir.

Allí estabas, tan pequeño, tan libre,
con los pies descalzos corriendo el mundo,
con el sol pintando luces en tu rostro
y el cielo entero jugando contigo.

Eras todo lo que la vida promete al nacer:
ternura, asombro, inocencia sin medida.
Yo era el guardián de tus pasos primeros,
el testigo bendito de tu alegría.

Pero un día… algo se rompió.
Una puerta se cerró sin explicación,
y la sombra se coló entre nosotros
como un ladrón que no deja perdón.

No fue el tiempo el que te robó la infancia.
No fue la distancia, ni el olvido.
Fue la injusticia con su manto frío,
fue el egoísmo disfrazado de razones,
fue el silencio cómplice de quienes callan
cuando más falta hace la verdad.

¿Quién se atrevió a cambiar tus juguetes
por peritajes y declaraciones vacías?
¿Quién desdibujó tu risa clara
con argumentos que nunca pediste escuchar?

A veces me pregunto si lo recordás,
aquel canto antes de dormir,
las tardes de plaza, los cuentos inventados,
los abrazos que eran hogar sin paredes.

Yo sí lo recuerdo, hijo.
Cada segundo vive en mí como una llama,
aunque el viento de los años intente apagarla.
Y no hay noche en que no le pida a Dios
por tu corazón, por tu luz, por tu paz.

Porque aunque el mundo diga que no soy parte,
yo sigo siendo tu padre.
Aunque borren mi nombre de los papeles,
yo estoy en la raíz de tu historia.
Y aunque no pueda estar a tu lado,
te llevo en cada oración, en cada lágrima,
en cada línea de este poema que sangra.


Reflexión final

Isaías Benjamín, si alguna vez lees estas palabras, sabé que tu infancia no fue solo tuya. Fue también mía, y fue arrancada de nuestras manos por decisiones ajenas al amor.
Pero el amor verdadero resiste, hijo. No prescribe, no se esconde, no muere.
La infancia no se puede devolver, pero el vínculo, sí.
Y si algún día elegís volver, no encontrarás reproches ni reclamos, sino un abrazo abierto, incondicional… como aquel primero que te di al nacer.

Porque ser padre no es estar todos los días.
Es no dejar de esperar ni un solo día.
Y aunque el tiempo, la ley o el dolor intenten separarnos,
nunca podrán borrar lo que sembramos en el corazón.

Con todo mi amor, con todo mi dolor, con toda mi esperanza:

Rubén Gustavo Ayala Williams
Padre, poeta, y eterno guardián de tu infancia perdida.
#palabrassolopalabras




viernes, 1 de agosto de 2025

CUANDO UNO MIRA

 

CUANDO UNO MIRA

Por Rubén Gustavo Ayala Williams
01 de agosto de 2022 – Versión ampliada para “Palabras, Solo Palabras”

Cuando uno mira…
Ya son las seis de la tarde.
Cuando uno mira… ya es viernes.
Cuando uno mira… se terminó el mes.
Cuando uno mira… se fue el año.
Cuando uno mira… pasaron cincuenta, sesenta años.
Y uno no entiende en qué momento se nos escapó la vida entre las manos.

Cuando uno mira con detenimiento,
descubre que ya no sabe por dónde andan los viejos amigos,
que el teléfono dejó de sonar,
que el mate ya no se comparte,
y que las fotos son más frecuentes que los abrazos.

Cuando uno mira con el alma,
descubre que el amor de su vida se le fue…
no de golpe, sino de a poco,
como el agua que se escurre entre los dedos cuando creemos que la tenemos segura.
Y entonces… ya es tarde para volver atrás.

¿Cuántas veces postergamos lo importante?
No hicimos ese viaje.
No escribimos esa carta.
No dijimos ese “te quiero”.
No abrazamos a tiempo.
No fuimos a ver a alguien que nos esperaba sin decirlo.

Por eso, no dejes de hacer lo que te gusta por falta de tiempo.
No dejes de tener a alguien a tu lado por miedo a equivocarte.
No dejes pasar la oportunidad de vivir intensamente.
Porque tus hijos crecerán y ya no correrán a tus brazos.
Y porque el tiempo libre, cuando llega solo, ya no sabe a libertad:
sabe a soledad, a ausencia, a lo que pudo haber sido y no fue.

El mayor error es dejar la vida para después.

Después te llamo.
Después lo hago.
Después lo digo.
Después cambio.
Después empiezo.
Después lo intento…

Pero el “después” es una trampa silenciosa.
Es el consuelo de los que temen arriesgar.
Y es el abismo donde se pierden los mejores momentos.

Porque con el “después”:

  • el café se enfría,

  • la conversación se apaga,

  • la oportunidad se desvanece,

  • lo importante se olvida,

  • la prioridad cambia,

  • el entusiasmo se disuelve,

  • el amor se cansa de esperar,

  • y la vida… la vida simplemente sigue sin vos.

¿Y entonces qué?
Entonces entendemos que lo que más vamos a extrañar
no son los objetos ni las metas cumplidas,
sino el tiempo compartido,
las charlas sin apuro,
las miradas cómplices,
los silencios acompañados.

Por eso, no dejes nada para después.
Porque esperando ese “después”, podés perder:

  • los mejores momentos,

  • las mejores experiencias,

  • los mejores amigos,

  • y al gran amor de tu vida.
    Ese amor que compartió todo contigo…
    y que vos, por miedo o distracción,
    dejaste para después.


Reflexión final

La vida es hoy.
Hoy es ese instante único en el que todavía estamos a tiempo.
Hoy es la puerta abierta, el abrazo posible, la palabra necesaria.
No pongas tu felicidad en lista de espera.
No dejes para mañana lo que puede darle sentido a tu día.

Porque aunque el corazón tenga memoria,
la vida no ofrece repetición.
Y el “después”… puede ser tarde.
A veces, incluso… puede no llegar jamás.

Viví. Amá. Llamá. Perdona. Empezá.
Hacé de cada día una semilla sembrada con intención.
Porque el único reloj que vale…
es el que marca el ahora.

Rubén Gustavo Ayala Williams
Blog: Palabras, Solo Palabras
https://gustavowilliams.blogspot.com/
#palabrassolopalabras



miércoles, 30 de julio de 2025

Papá también se cansa, también se siente solo…

 

Papá también se cansa, también se siente solo

A veces se olvida que detrás de esa figura fuerte que llamamos papá, hay un ser humano que siente, que sufre y que, aunque no lo diga, muchas veces se siente solo.

Aunque no lo creas, tu padre carga con una montaña de preocupaciones en su mente, día tras día. Trabaja, lucha, se esfuerza, piensa en cómo resolver cada problema familiar… y lo hace sin mostrar signos de debilidad.

Cuando le preguntan cómo está, casi siempre responde: “Bien”. Pero detrás de esa palabra hay silencios. No es que quiera evadir la realidad, es que siente que debe ser el pilar de la familia, el que sostiene todo cuando todo parece derrumbarse.
Papá sabe que si él se cae, todos caen. Y por eso, calla.


Papá también necesita un abrazo

Nos acostumbramos a verlo fuerte, decidido, capaz de todo. Pero pocas veces alguien le pregunta:
¿Cómo estás hoy, papá?
Y esa simple pregunta, que casi nunca escucha, puede ser un bálsamo para su corazón.

Papá es el protector, el que levanta cuando todos caen, el que se levanta temprano para llevarte donde tenés que estar, el que arregla lo que se rompe en casa, el que trabaja de sol a sol para que nada falte.
Es el consejero silencioso que observa, que sueña con un futuro mejor para los suyos.
Parece tener siempre la respuesta… pero a veces, por dentro, tiene más dudas que certezas.


Siempre está, aunque no lo veas

Si hay un problema, será el primero en ayudar.
Si el dinero no alcanza, buscará la manera de cubrir los gastos, aunque eso le cueste a él mismo.
Si ve tristeza, intentará regalar una sonrisa.
Y aunque lo notes serio, pensativo, dirá: “No pasa nada”, aunque por dentro lo sienta todo.

Por eso, si tenés a tu papá, no esperes: andá y abrázalo.
Si está trabajando, mándale un mensaje. Que sepa que lo pensás.
Si tiene que ir al médico, acompañalo.
Si vive solo, llamalo, para que no sienta el silencio de su casa.


No lo juzgues, abrázalo

No lo juzgues por los errores del pasado. Tal vez se haya equivocado, como cualquiera. Pero quizás hoy está intentando reparar lo que un día no supo hacer bien.
Papá es mucho más que sus fallas. Es quien siempre está, aunque a veces no lo notes.

Lo que quizás no sabías es que muchas noches se acuesta en silencio, llorando, rezando por su familia.
Pidiéndole a Dios que el día siguiente sea mejor. Que nada malo les pase. Que puedan estar juntos.
Que algún día… todo vuelva a estar bien.


Reflexión final

A veces la vida nos hace olvidar lo esencial: el tiempo no vuelve atrás.

Ese abrazo que hoy postergás puede ser el que mañana te falte.
Ese “te quiero” que no te animás a decir, puede ser la palabra que él espera escuchar para sentirse vivo, útil, amado.

Papá no necesita regalos costosos. Necesita saber que lo que ha hecho por su familia no fue en vano.
Necesita sentir que, aunque la vida haya sido difícil, su presencia sigue siendo importante.
Que cada paso que dio —con errores y aciertos— sigue marcando el camino de quienes ama.

No esperes el cumpleaños, ni el Día del Padre. Hacelo hoy.

Un día vos también serás padre y vas a entender que cada sacrificio, cada lágrima, cada silencio…
fue puro amor.


**Papá también se cansa.

Papá también se siente solo.
Papá también necesita que lo abracen
y le digan: “Gracias por todo, te amo”.**

No lo olvides.
Papá siempre está.
Aunque no lo creas, aunque no lo sientas, aunque no lo veas…
Siempre está.

📖 “Como un padre se compadece de sus hijos, así el Señor se compadece de quienes le temen.”
Salmo 103:13

✍️ Rubén Gustavo Ayala Williams




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