sábado, 26 de julio de 2025

"Ser abuelo es un amor que no conoce fronteras"

 

🕊️ "Ser abuelo es un amor que no conoce fronteras"
Por Rubén Gustavo Ayala Williams
📍 Quilmes, Buenos Aires

Hoy, como cada 26 de julio, se celebra el Día de los Abuelos. Pero más allá del calendario y las fechas marcadas, quiero decir algo que nace desde el alma: los abuelos somos todos los días, aunque ellos no lo entiendan.

Ser abuelo no depende de si te dejan ver a tus nietos. Ser abuelo es una forma de amar.
Es llevar en el corazón cada sonrisa que no viste, cada dibujo que no te dieron, cada abrazo que quedó pendiente.

Hoy quiero mandar un saludo a todos mis nietos, estén donde estén.
Tal vez no me recuerden. Tal vez les contaron cosas que no son verdad.
Tal vez crecieron pensando que no importaba…
Pero para mí, ustedes son lo más importante.
Y los sigo esperando. Sin enojo. Sin reproches. Con amor.

Fui hijo, fui padre, y ahora soy abuelo. Y en cada etapa de mi vida intenté amar con todo lo que tenía.
Sé que no fui perfecto. Pero mi amor siempre fue sincero.
Por eso, aunque la vida me haya puesto lejos, aunque las decisiones ajenas hayan dibujado muros entre nosotros, mi corazón sigue abierto para ustedes.

A la madre de mis hijos, con quien compartí una gran parte de mi vida, también le digo algo desde el alma:
A pesar de todo… siempre te amaré.
No con el amor de pareja, sino con ese amor profundo que queda después de haber compartido hijos, años, sueños, alegrías y lágrimas.
No hay odio en mí. Solo una gran tristeza, y un deseo inmenso de que, algún día, se pueda volver a empezar.

Porque jamás es tarde para sanar, para hablar, para perdonar, para volver a empezar de nuevo.
Y aunque el silencio duela, aunque la soledad apriete, aún tengo fe.
Fe en que el amor de un abuelo no se pierde.
Fe en que los nietos, tarde o temprano, buscan su raíz.
Fe en que la verdad se abre paso.
Y sobre todo, fe en que Dios nunca se olvida de los que esperan con el corazón en la mano.

🕯️ Reflexión final:
Ser abuelo es una forma de eternidad. Aunque la vida te aparte, aunque los afectos se rompan, el amor verdadero no se borra, no se esconde, no se olvida.
A todos los que han sido abuelos en la sombra, en el exilio emocional o en el silencio forzado, les digo:
No están solos. Somos muchos.
Y mientras haya vida, siempre habrá esperanza.
Nunca es tarde para volver a empezar de nuevo.

Con todo mi amor,
con todo mi dolor,
y con toda mi esperanza…

✍️ Rubén Gustavo Ayala Williams
Lanús, 20 de abril de 1970
Padre. Abuelo. Sobreviviente. Hombre de fe.
Creador de Palabras, Solo Palabras — porque cuando ya nadie te escucha, la palabra escrita aún puede sanar.



lunes, 21 de julio de 2025

SIGO DE PIE Hacete amigo del tiempo… que todo llega

 

SIGO DE PIE

Hacete amigo del tiempo… que todo llega

Por Rubén Gustavo Ayala Williams

Hubo un tiempo en que lo tenía todo: una familia, un hogar, un sueño que latía fuerte en el pecho.
Y hubo un día en que todo se quebró.
No por casualidad, sino por decisiones, silencios, heridas, traiciones.
Ese día comenzó una nueva etapa de mi vida: la del dolor, la del despojo, la del exilio emocional y físico.
Me tocó ser expulsado de lo que amaba, caminar sin techo, sin certezas, sin abrazos.
Y sin embargo… sigo de pie.

No fue fácil. No lo es.
Caí muchas veces, más de las que recuerdo.
Perdí cosas que no volverán. Gente que no volvió.
Tuve que mirar a la soledad a los ojos y preguntarle si algún día volvería a sonreír.
Y aunque muchas veces el alma gritaba rendida,
algo más fuerte que el dolor me empujaba a seguir.
Tal vez fue el amor por mis hijos. Tal vez fue la fe.
Tal vez fue Dios, que en medio de la tormenta, me seguía hablando… aunque yo no supiera escucharlo.

Aprendí que estar en el fondo no es el final.
Es, muchas veces, el principio.
Porque cuando todo se cae, cuando todo se derrumba,
uno puede, por fin, mirar dentro.
Y allí, en lo más hondo, entre los escombros del pasado,
encontré una semilla: la de mi propia reconstrucción.

Aprendí que no se trata de volver a ser el que uno era.
Sino de renacer siendo otro. Más sabio. Más fuerte. Más verdadero.
Aprendí a caminar con heridas abiertas y a no esconder mis cicatrices.
Porque cada una de ellas es testigo de que, aunque me rompieron, no me vencieron.

El tiempo…
¡Cuánto lo odié!
Sentía que me traicionaba, que me hacía esperar cuando lo único que quería era volver a abrazar a mis hijos, volver a tener una casa con olor a comida, con voces que me dijeran “papá”.
Sentía que llegaba tarde a todo.
Tarde al amor, tarde al futuro, tarde a la esperanza.
Pero un día, el tiempo me habló.
No con palabras, sino con enseñanzas.
Y entendí: no era mi enemigo. Era mi maestro.

Porque mientras yo desesperaba por respuestas,
el tiempo me enseñaba a hacer preguntas más profundas.
Mientras pedía justicia, me enseñaba paciencia.
Mientras quería milagros, me hacía más fuerte, más humano, más real.

No fue magia.
Fue proceso.

Y por eso hoy te digo a vos, que tal vez estás atravesando tu noche más oscura,
que te sentís roto, perdido, invisible o injustamente tratado:
SÍ VAS A SALIR.
SÍ VAS A SANAR.
SÍ VAS A LOGRAR ESO QUE TANTO ANHELÁS.
Pero antes… tenés que creerlo.

Tenés que dejar de pelearte con el tiempo,
y empezar a caminar con él.
Tenés que soltar los “por qué a mí”
y empezar a buscar el “para qué”.

Nadie te puede quitar la dignidad de seguir luchando.
Ni una sentencia. Ni un abandono. Ni una traición.
Y nadie te puede arrebatar tu capacidad de amar, de volver a confiar, de volver a empezar.

Yo sigo de pie.
No porque todo esté resuelto.
No porque haya olvidado.
Sino porque entendí que la vida, a pesar de todo… todavía tiene algo para mí.

Y aún hoy, después de tanto camino recorrido, sigo siendo amigo del tiempo.
Ese tiempo que no siempre llega cuando uno quiere,
pero que nunca deja de avanzar con justicia silenciosa.

Sigo esperando…
Esperando poder volver a abrazar a mis hijos,
a mis nietos,
a esos seres que nacieron del amor y que son parte de mi alma.
Esperando el reencuentro, el perdón, la palabra que cicatrice.
No desde el rencor, sino desde el amor más humano y sincero.

Sigo esperando, también,
que la sociedad escuche a los padres silenciados.
Que entienda que no todos los hombres abandonan,
que algunos fuimos echados, juzgados, olvidados…
sin derecho a defendernos,
sin recursos,
sin micrófonos,
sin abogados.

Y le hablo a esa Justicia,
la que se dice ciega pero a veces ve solo al que tiene más.
La que se olvida que también somos padres,
que también tenemos derecho a amar, a criar, a estar.

Y sí… también sigo esperando que quienes se alejaron reflexionen.
Que vean el daño que hicieron sus decisiones.
Que reconozcan, aunque sea en silencio,
que no todo fue como lo contaron.
Que aún pueden reparar.
Porque nunca es tarde para enmendar.
Nunca es tarde para sanar.

Yo… sigo acá.
Sigo de pie.
Y seguiré esperando.
Porque cuando el amor es verdadero,
no se rinde.
Espera.
Resiste.
Perdona.

Y confía en que algún día, el tiempo —ese viejo maestro—
hará que todo vuelva a su lugar.

Rubén Gustavo Ayala Williams
Poeta, caminante, padre
Blog: Palabras, Solo Palabras
#palabrassolopalabras #volveraempezardenuevo





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