viernes, 17 de octubre de 2025

Cuando el Amor Habla en Silencio - Palabras, Solo Palabras Por Rubén Gustavo Ayala Williams

 

💫 Cuando el Amor Habla en Silencio

Por Rubén Gustavo Ayala Williams
📜 Derechos de propiedad intelectual — Ley 11.723
🖋️ Palabras, Solo Palabras — Blogger Personal


💌 Queridos hijos:

Espero que al leer estas palabras se encuentren bien, rodeados de paz y de todo lo que les haga bien al alma.
No sé muy bien por dónde empezar, pero siento que esta carta nace de un rincón profundo del corazón, donde habita el amor que nunca deja de latir, aun cuando el silencio parece ocuparlo todo.

Ante todo, les pido perdón.
No por haber amado mal, sino por no haber sabido expresar siempre ese amor de la manera que ustedes necesitaban.

Recuerdo los días en que la casa estaba llena de risas, cuando la rutina se vestía de magia con solo escuchar sus voces. Las charlas eternas, los juegos, los abrazos espontáneos… cada uno de esos momentos era una pequeña eternidad.
Hoy, esos recuerdos me visitan como destellos de luz en medio de la distancia. Y en esa distancia, muchas veces me pregunto si pude haber hecho algo más, si les di lo suficiente, si fui el refugio que merecían.

No escribo desde el reproche ni desde la culpa. Escribo desde la esperanza.
Porque aunque el tiempo y las circunstancias hayan cambiado, mi amor de padre sigue intacto.
A veces me invade la tristeza, no por lo que cada uno eligió ser —de eso me siento profundamente orgulloso—, sino porque siento que aquel hilo invisible que nos unía se volvió frágil, como si el viento lo hubiera llevado demasiado lejos.

Quiero que sepan que los comprendo. Que entiendo que la vida los llama, los desafía y los transforma. Y que desde donde estoy, los acompaño en silencio, deseando que cada paso que den los acerque a la plenitud.
Yo sigo aquí, aunque a veces sienta que ya no hay un lugar para mí en sus días.
Pero mi amor no se mide en presencia, sino en permanencia. Y el mío, queridos hijos, es eterno.

Si alguna vez mis palabras fueron duras, si mis silencios los lastimaron o si mis decisiones los confundieron, solo les pido que algún día me lo digan.
Porque el amor también se construye con perdones.
Y yo estoy dispuesto a pedirlos todos, si eso me acerca un poco más a ustedes.

Cada noche, cuando el recuerdo me visita, revivo aquellas escenas sencillas que fueron el tesoro más grande de mi vida: las cenas compartidas, las historias antes de dormir, los abrazos después de un día difícil.
Ahí encuentro el sentido de todo lo vivido.
Y me repito que aún hay tiempo —siempre hay tiempo— para volver a empezar.

No importa la distancia ni los años que pasen.
Dondequiera que estén, siempre llevarán un pedazo de mí en su corazón.
Y aunque la vida me deje al margen, aunque los caminos no siempre se crucen, mi mayor deseo es seguir siendo parte de sus vidas, aunque sea desde la ternura del recuerdo o el silencio de una oración.

Siempre estaré orgulloso de ustedes.
De quienes fueron, de quienes son y de quienes llegarán a ser.
Mi amor no tiene condiciones, ni medida, ni final.

Y cuando el día llegue —ese en el que ya no pueda escribir ni hablar—, solo les pido una cosa:
recuerden a su padre con una sonrisa.
Porque si algo quise siempre, fue verlos felices.
Esa será mi mayor recompensa.

Con todo mi amor,
Papá
Rubén Gustavo Ayala Williams


🌹 Reflexión final

El amor verdadero no necesita presencia para existir.
Vive en la memoria, en los gestos, en lo que no se dice pero se siente.
Ser padre es aprender a amar incluso en la distancia, a esperar sin rencor, y a creer —una y otra vez— que el reencuentro siempre es posible.
Porque el amor… nunca se rinde.



martes, 14 de octubre de 2025

Cuando la balanza se inclina Por Ruben Gustavo Ayala Williams

 

⚖️ Cuando la balanza se inclina

Por Ruben Gustavo Ayala Williams
Blog: Palabras, Solo Palabras

Dicen que la justicia es ciega.
Pero a veces no lo es.
A veces elige mirar solo hacia un lado y callar frente al otro.
Y en ese silencio, muchos padres se desvanecen entre trámites, audiencias y esperas interminables que jamás devuelven un abrazo.

Creo, y considero, que la justicia debería ser el espacio donde todos encontremos amparo, sin importar si somos hombres o mujeres, padres o madres. Pero en demasiados casos, la balanza deja de ser símbolo de equilibrio y se transforma en cómplice de caprichos, de venganzas personales y de un dolor que termina pagándose con la infancia de los hijos.

En los tribunales familiares, donde debería escucharse la voz del niño, muchas veces se impone la del enojo.
Existen madres que, movidas por el resentimiento, convierten la separación en guerra y al hijo en rehén. Rehén emocional, rehén del silencio, rehén de una historia que no eligió.
Y la justicia, en lugar de intervenir con sabiduría, con humanidad, con verdad… mira hacia otro lado.
Porque a veces, sin querer o sin querer verlo, se vuelve cómplice.

Mientras tanto, los padres golpean puertas, presentan escritos, lloran en soledad.
No buscan venganza, solo buscan tiempo.
No piden privilegios, solo piden presencia.
Quieren mirar a sus hijos a los ojos sin necesidad de un permiso judicial.

¿Dónde está la igualdad ante la ley cuando una mentira puede más que una verdad?
¿Dónde está la justicia cuando el amor paternal es tratado como sospechoso?
¿Hasta cuándo seguiremos confundiendo protección con exclusión, y derechos con poder?

Una sociedad que permite que un hijo sea usado como instrumento de venganza, está enferma de egoísmo.
Y una justicia que lo permite, deja de ser justicia para transformarse en parte del daño.

La verdadera justicia debería sanar, no herir.
Reunir, no separar.
Y recordar siempre que detrás de cada expediente hay una vida que espera volver a sentirse amada.

Ojalá llegue el día en que la balanza se equilibre no por orden judicial, sino por conciencia humana.
Que la justicia vuelva a mirar con los ojos del alma y no con los del prejuicio.

Porque cuando la justicia es cómplice del capricho, el amor se convierte en sentencia.


✍️ Ruben Gustavo Ayala Williams
Autor y Editor de “Palabras, Solo Palabras”
📜 Todos los derechos reservados. Ley 11.723



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