Después del invierno puede volver la familia: Cuando el amor ha sido verdadero, ni la distancia ni el tiempo logran borrarlo

Después del invierno puede volver la familia

Cuando el amor ha sido verdadero, ni la distancia ni el tiempo logran borrarlo

La vida de una familia se parece al paso de las estaciones.
Hay tiempos de luz y cercanía.
Hay tiempos de silencio y distancia.

Nada permanece igual: la vida cambia, las personas cambian y los caminos, a veces, se separan. Sin embargo, cuando el amor ha sido auténtico, nunca desaparece del todo. Puede quedar en pausa. Puede doler. Puede callar. Pero no muere.

La primavera: cuando todo florece

Hubo una primavera en mi vida.
Un tiempo donde la familia era el centro de todo.

Fue la etapa de sembrar afecto, de enseñar con el ejemplo y de construir un hogar donde cada día tenía sentido. Allí nacieron recuerdos que el tiempo no puede borrar: palabras simples, abrazos sinceros, miradas que decían más que mil discursos.

La primavera es inocente. Uno cree que todo será eterno.

El verano: amar también es sacrificarse

Después llegó el verano del esfuerzo.

El amor dejó de ser solamente emoción y se convirtió en responsabilidad. Fue tiempo de sostener lo que se amaba, de trabajar, de luchar, de postergar deseos personales por el bienestar de la familia.

Aprendí entonces que amar no siempre es fácil.
Pero siempre vale la pena.

El verano no es romántico. Es intenso. Es real.

El otoño: cuando cambian los rumbos

Más tarde llegaron los cambios.

Como hojas que caen en otoño, las certezas comenzaron a transformarse. Los caminos tomaron rumbos distintos. Lo que parecía firme se volvió frágil. Lo cotidiano empezó a sentirse lejano.

El otoño no avisa. Simplemente ocurre.

Y uno empieza a entender que nada está garantizado.

El invierno: la distancia que duele

Y así llegó el invierno.

El invierno de la distancia no siempre se ve desde afuera, pero se siente en lo más profundo del alma. Es el tiempo en que uno comprende cuánto significa la familia, aun cuando no puede tenerla cerca.

En el invierno:

  • El recuerdo se vuelve compañía.

  • El silencio pesa.

  • La esperanza se convierte en la única fuerza para seguir adelante.

Es una estación fría. Pero no definitiva.

Porque el invierno no es el final

La naturaleza enseña algo que muchas veces olvidamos:
después del frío, vuelve la vida.

Bajo la tierra aparentemente dormida, las semillas esperan su momento. Así también los lazos verdaderos permanecen, aun cuando el tiempo y las circunstancias parezcan haberlos alejado.

No para repetir el pasado tal como fue.
Sino para construir algo nuevo. Más consciente. Más maduro. Más verdadero.

Reconstruir una familia no significa retroceder.
Significa abrir el corazón a un nuevo encuentro.

Lo que el tiempo no puede borrar

Los hogares pueden cambiar.
Los caminos pueden separarse.

Pero el amor sincero deja huellas que el tiempo no borra.

Un padre sigue siendo padre aun en la distancia.
Un vínculo verdadero permanece vivo aun en el silencio.
Una familia puede transformarse, pero no deja de existir cuando hubo amor.

Después del invierno más largo, la familia también puede volver a florecer.

Nada está definitivamente perdido mientras exista la voluntad de volver a acercarse.

Siempre existe la posibilidad del reencuentro cuando el corazón permanece abierto.


Palabras, solo palabras

Relatos de mi vida marcados por el amor, la lucha y la esperanza, contados palabra por palabra.

Rubén Gustavo Ayala Williams
Padre excluido – Autor y Compositor

Podrán quitarme mi hogar y la justicia no atenderme,
pero jamás podrán borrar la verdad que llevo escrita en mi alma.

Registrada conforme a la Ley 11.723 – DNDA – República Argentina

Expedientes:
• EX-2025-55455694 – APN-DDRNEES#MCH (Obra literaria)
• EX-2024-89059752 – APN-DNDA#MJ (Obra musical)




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