El silencio que construye y la palabra que honra Porque callar a tiempo y cumplir la palabra son actos de dignidad
El silencio que construye y la palabra que honra
Porque callar a tiempo y cumplir la palabra son actos de dignidad
“La palabra no se dice para quedar bien:
se da para ser fiel hasta el final.”
Muchas veces, lo más sabio no es hablar, sino observar en silencio. El silencio no siempre es vacío; a veces es reflexión, prudencia y respeto. Callar cuando duele, cuando la rabia golpea por dentro o cuando la injusticia lastima, no es rendirse: es elegir no traicionarse a uno mismo.
Pero tan importante como saber callar es saber hablar con verdad y cumplir con la palabra dada. Porque la palabra no es solo sonido: es compromiso, es promesa, es huella. Y cuando se da, ya no pertenece solo a quien la pronuncia, sino también a quien la recibe.
Vivimos tiempos donde se habla mucho y se cumple poco. Donde las palabras se usan para convencer, justificar o escapar, pero no para sostener. Sin embargo, una persona se mide no por lo que promete, sino por lo que cumple. La palabra dada define la calidad humana, el valor moral y la coherencia de una vida.
Cumplir la palabra es un acto de respeto profundo. Respeto por el otro, por uno mismo y por la historia que se construye día a día. Desde el compromiso matrimonial —que no es solo amor, sino responsabilidad y lealtad— hasta los pequeños acuerdos cotidianos, la palabra empeñada debe honrarse hasta el último día de nuestras vidas.
No hay amor verdadero sin palabra cumplida.
No hay familia que se sostenga sin compromiso.
No hay dignidad posible cuando la palabra se abandona.
Las palabras solo deberían pronunciarse cuando sirven para construir, ayudar y enaltecer al otro. Nunca cuando nacen del enojo, del orgullo herido o del deseo de lastimar. Hablar para destruir, humillar o entristecer no es sinceridad: es violencia disfrazada de opinión. Y prometer sin cumplir es una forma silenciosa de traición.
Hay silencios que protegen, y hay palabras que obligan. Saber cuándo callar y cuándo hablar con responsabilidad es parte de la madurez. Cuando no hay algo bueno, justo o necesario que decir, el silencio se vuelve un acto de amor propio y humanidad. Pero cuando se decide hablar y dar la palabra, hay que sostenerla con hechos, incluso cuando cuesta, incluso cuando duele, incluso cuando nadie mira.
Porque al final, no somos lo que decimos sentir, sino lo que hacemos para cumplir lo que dijimos. La palabra cumplida construye confianza, deja legado y enseña sin necesidad de discursos. Es un testimonio silencioso que atraviesa el tiempo.
El silencio consciente cuida la verdad.
La palabra cumplida la honra.
Y juntos, construyen una vida con sentido.
Firma y obra
Palabras, solo palabras: relatos de mi vida marcados por el amor, la lucha y la esperanza, contados palabra por palabra.
Rubén Gustavo Ayala Williams
Padre excluido – Autor y Compositor
Palabras, solo palabras
“Podrán quitarme mi hogar y la justicia no atenderme,
pero jamás podrán borrar la verdad que llevo escrita en mi alma.”
Obra registrada conforme a la Ley 11.723
DNDA – República Argentina
Expedientes:
• EX-2025-55455694 – APN-DDRNEES#MCH (Obra literaria)
• EX-2024-89059752 – APN-DNDA#MJ (Obra musical)



Comentarios
Publicar un comentario