CUANDO LA VERDAD NO ENCAJA EN EL RELATO Reflexión de un padre excluido
CUANDO LA VERDAD NO ENCAJA EN EL RELATO
Reflexión de un padre excluido
“Pueden quitarme mi hogar y la justicia puede no atenderme, pero jamás podrán borrar la verdad que llevo escrita en mi alma.”
Hay violencias que no se nombran y dolores que no encuentran lugar en los discursos aceptados. Existen historias que quedan al margen, no porque no sean reales, sino porque resultan incómodas. Padres apartados de la vida de sus hijos, personas juzgadas sin pruebas suficientes y vínculos familiares quebrados por decisiones que no siempre contemplan todas las voces.
La violencia no cambia de nombre según quién la ejerza, no desaparece por decreto ni se vuelve justa por la sola fuerza de una consigna. Cuando una situación no es escuchada, cuando una palabra no es considerada, el daño no se disuelve: se profundiza.
Creo que la justicia, muchas veces, conoce estas realidades. Sin embargo, no siempre logra atenderlas con el mismo equilibrio, la misma sensibilidad o la misma urgencia. En ese vacío, el padre queda a la espera. Espera ser escuchado. Espera ser creído. Espera que su palabra tenga el mismo valor que la de cualquier otro ciudadano.
Ese padre cumple con sus obligaciones, respeta las decisiones judiciales y sostiene, incluso en la distancia, su responsabilidad afectiva y material. Aun así, el vínculo con su hijo puede verse interrumpido, postergado o condicionado. Y cuando eso sucede, no pierde solo el padre: pierde el hijo, pierde la familia y pierde la sociedad.
Hay noches en las que ese padre llora en silencio. No por rencor, sino por ausencia. No por odio, sino por amor. Y muchas veces ese dolor no encuentra oídos dispuestos a escucharlo.
Callar estas realidades no protege a nadie. Negarlas no fortalece la justicia. Por el contrario, el silencio prolonga el daño y debilita la confianza en las instituciones. La verdadera equidad no se construye eligiendo qué historias merecen ser oídas, sino garantizando que todas puedan ser escuchadas con responsabilidad y humanidad.
Aun así, hay algo que no pueden quitar: la palabra honesta, la memoria y la dignidad. Hablar no es atacar. Contar la propia historia no es buscar privilegios, sino reclamar equilibrio. Es un acto de amor, de valentía y de esperanza.
Porque la justicia no debería ser una balanza inclinada, sino un espacio donde la verdad, aun cuando no encaje en el relato dominante, tenga siempre un lugar. Y porque la verdad, aunque tarde, siempre encuentra su camino.
Rubén Gustavo Ayala Williams
Padre excluido · Autor y Compositor
Palabras, solo palabras: relatos de mi vida marcados por el amor, la lucha y la esperanza.
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