sábado, 9 de mayo de 2026

ENTRE LAS RUINAS DE MI VIDA

 

ENTRE LAS RUINAS DE MI VIDA

El dolor de haber perdido a mi familia, el arrepentimiento de mis errores y la esperanza de volver a abrazarlos algún día

“Las heridas del pasado pueden destruir un hogar, pero mientras exista arrepentimiento sincero y amor verdadero, siempre quedará una esperanza viva dentro del alma.”


A veces la vida golpea tan fuerte que uno termina mirando sus propios sueños convertidos en ruinas. Duele sentirse solo, rechazado y pensar que todo aquello por lo que luchaste no alcanzó. Duele mirar hacia atrás y reconocer que se cometieron errores como padre, como esposo y también como persona.

No supe valorar a mi esposa. Tenía un tesoro en mis manos y recién cuando lo perdí entendí el verdadero valor de la familia. Teníamos sueños, proyectos y una vida construida con esfuerzo, sacrificio y amor, pero fui yo quien terminó destruyéndolo todo. Esa culpa me acompaña cada día y forma parte de mis silencios, de mis noches y de mis recuerdos.

Por mis errores terminé excluido del hogar que construimos juntos. Mis hijos dejaron de hablarme y, aunque el dolor me destruye por dentro, entiendo que muchas heridas necesitan tiempo y que algunas quizás nunca logren sanar por completo. Estoy profundamente arrepentido, aunque muchas personas no puedan aceptarme o creer en mi cambio. Siento vergüenza por decisiones que lastimaron a quienes más amaba y por no haber comprendido a tiempo el verdadero significado de cuidar una familia.

Hoy no tengo grandes cosas materiales. Me quedé lejos de mi hogar, de mi familia y de momentos que jamás volverán. Todo aquello que alguna vez construí se derrumbó por no haber entendido el valor del amor, de la unión y de la confianza. Ahora camino enfermo, cansado y muchas veces en soledad, acompañado únicamente por mis pensamientos y por el peso de mis propios errores.

La discriminación y el rechazo todavía me acompañan, pero ya no culpo a nadie. Sé que muchas heridas fueron consecuencia de mis actos y asumo la responsabilidad de mi pasado. Y aun así, dentro de mí todavía permanece algo que no murió: el amor por mi familia y el deseo sincero de volver a abrazarlos algún día.

En mi soledad ya no sé a quién pedir perdón, porque siento que las palabras muchas veces no alcanzan cuando el dolor causado fue tan profundo. De a poco voy aprendiendo a convivir con la tristeza, escribiendo desde las heridas, desde la nostalgia y desde el vacío que deja perder aquello que más se amaba.

Sin embargo, muchas personas me ayudaron a seguir adelante y gracias a ellas todavía sigo vivo. Hubo una noche que marcó mi vida para siempre: mientras dormía sentí profundamente que Dios hablaba a mi corazón. No puedo explicar con exactitud lo que sentí, pero después de aquel momento busqué ayuda en un hogar de tránsito y comencé lentamente a reconstruirme desde las ruinas de mi propia historia.

Hoy escribo desde el arrepentimiento, pero también desde la sinceridad de alguien que entendió demasiado tarde el verdadero significado de la familia, del amor y de los abrazos que un día creyó eternos.

A pesar de todo, jamás voy a dejar de amar. Amo a mi esposa, aunque la vida nos haya separado. Amo a mis hijos, aunque el silencio nos distancie. Amo a mis nietos, aunque quizás todavía no comprendan cuánto pienso en ellos y cuánto desearía poder compartir nuevamente un instante a su lado.

Mi mayor deseo no es recuperar bienes materiales ni volver al pasado. Mi deseo más profundo es poder sentarme junto a ellos, aunque sea una sola vez, mirarlos a los ojos y abrazarlos desde el corazón. Tal vez la vida no me conceda ese momento, pero aun así seguiré esperando.

Porque incluso entre las ruinas más dolorosas, todavía puede permanecer encendida una pequeña luz llamada esperanza. Jamás me cansare de pedirles Perdón porque por Siempre lo voy a amar.


“Podrán quitarme mi hogar y el silencio podrá cubrir mi nombre, pero jamás podrán borrar la verdad que llevo escrita en mi alma.”


Reflexión

La vida puede derrumbar nuestros sueños y alejarnos de las personas que más amamos. A veces entendemos demasiado tarde el verdadero valor de un abrazo, de una conversación sincera o de un hogar unido por el amor y el respeto.

Pero reconocer los errores, arrepentirse sinceramente y buscar cambiar también es una forma de valentía. El pasado no puede borrarse, pero siempre existe la posibilidad de aprender, sanar y seguir adelante con humildad, verdad y esperanza.

Incluso en medio del dolor más profundo, el ser humano puede conservar algo que nadie debería perder jamás: la capacidad de amar y la esperanza de volver a empezar.


Rubén Gustavo Ayala Williams
Padre excluido de su hogar – Autor y Compositor
“Palabras, solo palabras”


© Todos los derechos reservados.

“Palabras, solo palabras: relatos de mi vida marcados por el amor, la lucha y la esperanza, contados palabra por palabra.”

Obra registrada conforme a la Ley 11.723 – Dirección Nacional del Derecho de Autor (DNDA) – República Argentina.

Expedientes registrados:
• EX-2025-55455694 – APN-DDRNEES#MCH (Obra literaria)
• EX-2024-89059752 – APN-DNDA#MJ (Obra musical)



viernes, 8 de mayo de 2026

AUN EN LA DISTANCIA — EL AMOR QUE NO SE RINDE: Amo a mi familia, aun en la distancia y en el silencio

 

AUN EN LA DISTANCIA — EL AMOR QUE NO SE RINDE

Cuando el silencio, el tiempo y la distancia no logran apagar aquello que nace verdaderamente del alma

Amo a mi familia, aun en la distancia y en el silencio. Porque fue el sueño que abracé, la razón por la que luché y el motor de cada paso que di. Nada de eso cambia con el tiempo ni con las circunstancias.

La vida muchas veces nos conduce por caminos que jamás imaginamos recorrer. Nos enfrenta a silencios que pesan, a ausencias que duelen y a momentos que transforman profundamente nuestra manera de sentir y comprender el valor de las personas que amamos.

Sin embargo, también nos enseña que el amor verdadero no desaparece cuando llegan las dificultades. El amor sincero permanece. Resiste. Vive en los recuerdos, en las enseñanzas, en la esperanza y en cada palabra nacida desde el corazón.

Con el paso del tiempo aprendí que no siempre se recibe lo mismo que uno entrega. Que darlo todo no garantiza obtener las respuestas esperadas. Que incluso las mejores intenciones pueden perderse entre circunstancias difíciles y silencios prolongados.

Aprendí también que los errores dejan huellas, pero dejan enseñanzas aún más profundas. Y que el corazón, cuando ama de verdad, no se rinde fácilmente, incluso cuando el dolor intenta apagar la esperanza.

Hoy comprendo que vivir también significa aceptar, aprender y seguir adelante con amor, dignidad, valores y fe.

No escribo desde el resentimiento.
Escribo desde la reflexión, la esperanza y el deseo sincero de sanar.

Reconozco mis errores con humildad, porque el tiempo y la experiencia enseñan. Pero también entiendo que existen verdades que la vida revela lentamente, a través de la madurez, de la conciencia y de la memoria emocional que permanece en las personas.

Hay heridas que no se ven y, aun así, dejan marcas profundas en el alma.

Por eso creo que los vínculos más importantes deben construirse desde el respeto, el cuidado emocional y la presencia sincera. Especialmente cuando hay hijos, porque ellos necesitan amor, contención, estabilidad emocional y la posibilidad de crecer rodeados de afecto, comprensión y verdad.

El tiempo puede demorar respuestas, pero siempre ayuda a ordenar aquello que el corazón guarda en silencio.

Porque el amor verdadero no necesita imponer, dividir ni lastimar para existir. El amor verdadero acompaña, protege, construye y permanece incluso en medio de las dificultades.



“El amor verdadero no desaparece con la distancia ni se apaga en el silencio; permanece vivo en el corazón de quien, aun herido, sigue eligiendo amar sin odio y esperar sin dejar de creer.”


Y aunque existan momentos de distancia, silencios prolongados o caminos difíciles de comprender, sigo creyendo en la posibilidad del reencuentro, del perdón y de la reconciliación emocional.

Porque reconciliarse no siempre significa olvidar el pasado, sino aprender a mirarlo con más humanidad, más sabiduría y más amor.

Si algún día ese abrazo pendiente llega, estaré con los brazos abiertos. Y si tarda, seguiré esperando con el mismo sentimiento sincero que me acompañó siempre.

Porque amar también es eso: mantener viva la esperanza aun cuando el camino se vuelve difícil.


REFLEXIÓN

La vida nos pone frente a pruebas que muchas veces no elegimos, pero siempre nos deja una enseñanza. Incluso en los momentos más difíciles, existe la posibilidad de conservar la dignidad, el respeto y la esperanza.

El amor sincero no se mide únicamente por la cercanía física ni por los momentos fáciles. Se reconoce en la capacidad de seguir deseando el bien, de mantener la humanidad intacta y de no permitir que el dolor transforme el corazón en resentimiento.

Porque al final, el tiempo puede cambiar escenarios, distancias y circunstancias, pero nunca puede apagar aquello que nace verdaderamente desde el alma.


Rubén Gustavo Ayala Williams
Padre excluido de su hogar – Autor y Compositor
“Palabras, solo palabras”

"Palabras, solo palabras: relatos de mi vida marcados por el amor, la lucha y la esperanza, contados palabra por palabra."


“Podrán quitarme mi hogar y la justicia no atenderme, pero jamás podrán borrar la verdad que llevo escrita en mi alma.”


Registrada conforme a la Ley 11.723
DNDA – República Argentina

Expedientes:
• EX-2025-55455694 – APN-DDRNEES#MCH (Obra literaria)
• EX-2024-89059752 – APN-DNDA#MJ (Obra musical)

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martes, 5 de mayo de 2026

CUANDO EL AMOR SIGUE ESPERANDO: El amor que no se rinde, incluso en la distancia

 

CUANDO EL AMOR SIGUE ESPERANDO

El amor que no se rinde, incluso en la distancia

A veces la vida nos conduce por caminos que no elegimos. Nos enfrenta a silencios prolongados, a distancias que pesan y a ausencias que dejan huellas profundas. En ese tránsito, uno aprende que no todo se resuelve en el momento que desea, ni de la forma en que lo soñó. Sin embargo, también descubre algo más fuerte: cuando el amor es verdadero, no desaparece.

Este mensaje nace desde un lugar íntimo y sincero. No desde el reproche, sino desde la reflexión. No desde el dolor que acusa, sino desde el amor que permanece.

Con el tiempo entendí que darlo todo no siempre garantiza recibir lo mismo. Que incluso las mejores intenciones pueden equivocarse. Que los errores existen, y que asumirlos con humildad es parte del crecimiento. Pero también comprendí que el amor genuino no se mide en resultados, sino en la capacidad de sostenerse aun cuando todo parece haberse quebrado.

Hoy elijo quedarme con lo esencial: con el amor por mi familia, con la esperanza de sanar y con la fe en que los vínculos, aunque se transformen, no necesariamente se pierden.

Reconozco mis errores. No desde la culpa que paraliza, sino desde la responsabilidad que enseña. El tiempo y la distancia me permitieron ver con mayor claridad, comprender lo que antes no veía y valorar lo que quizás no supe expresar en su momento.

A mi familia, a quienes forman parte de mi historia más profunda, quiero decirles que no guardo rencor. El dolor existe, sí, pero no define lo que siento. Porque el amor que les tengo no nació de las circunstancias, sino de los lazos que nos unieron y que, de algún modo, siguen presentes.

Extraño lo simple. Extraño la cercanía, las palabras cotidianas, los momentos compartidos. Extraño el hogar, no solo como un espacio físico, sino como ese lugar donde alguna vez fuimos nosotros.

Sigo creyendo en la posibilidad de un reencuentro. No como una ilusión ingenua, sino como una decisión del corazón. Porque reconciliarse no siempre comienza con un abrazo; a veces empieza con el respeto, con el reconocimiento mutuo y con la voluntad de mirar hacia adelante sin ignorar lo aprendido.

No espero respuestas inmediatas ni cambios forzados. Solo dejo abierta la puerta. Con paciencia, con respeto y con la convicción de que el amor, cuando es sincero, encuentra su tiempo.

Si ese día llega, estaré presente. Sin reproches. Con la disposición de construir desde un lugar más consciente y más humano.

Porque amar también es esto: sostener, esperar y no rendirse, incluso cuando el camino se vuelve difícil.


“No escribo desde el reproche, sino desde la esperanza; porque el amor verdadero no desaparece, solo aprende a esperar.”


Reflexión

Vivir también es aprender a soltar lo que duele sin soltar lo que se ama. Es comprender que cada persona atraviesa sus propias luchas, y que muchas veces el silencio del otro no es ausencia de amor, sino una forma distinta —y a veces difícil— de procesar la vida.

Elegir el amor por encima del orgullo no es debilidad, es valentía. Y abrir la puerta a la reconciliación no significa olvidar el pasado, sino honrarlo aprendiendo de él.


“Palabras, solo palabras: relatos de mi vida marcados por el amor, la lucha y la esperanza, contados palabra por palabra.”

Rubén Gustavo Ayala Williams
Padre excluido de su hogar – Autor y Compositor
Palabras, solo palabras

“Podrán quitarme mi hogar y la justicia no atenderme, pero jamás podrán borrar la verdad que llevo escrita en mi alma.”


Registrada conforme a la Ley 11.723 – República Argentina
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• EX-2024-89059752 – APN-DNDA#MJ (Obra musical)

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lunes, 4 de mayo de 2026

LA VERDAD TAMBIÉN ES UN DERECHO

 LA VERDAD TAMBIÉN ES UN DERECHO

El derecho de un niño a construir su identidad desde una verdad cuidada y sin condicionamientos


La historia de un hijo merece ser construida con verdad. No desde interpretaciones parciales ni desde miradas que, aun sin intención, puedan confundir su comprensión del mundo. Porque en cada relato que rodea su crecimiento se va formando algo mucho más profundo que un recuerdo: se construye su identidad.

El amor no se mide únicamente por lo que se dice, sino también por lo que se permite conocer. Amar implica acompañar, orientar y sostener, pero también reconocer que cada niño tiene derecho a descubrir su propia historia de manera genuina, sin condicionamientos que limiten su forma de sentir o de entender.

Un niño necesita crecer con identidad, con la posibilidad de comprender quién es, de dónde viene y cómo se entrelazan los vínculos que forman parte de su vida. Esa construcción no debería estar atravesada por relatos únicos ni por miradas que excluyan partes de su historia, porque comprender también implica integrar.

Cada decisión de los adultos deja huellas. Algunas visibles, otras silenciosas, pero todas influyentes. Por eso, actuar con responsabilidad emocional no es solo una elección: es una forma de cuidado profundo. Significa comprender que las palabras, los silencios y las acciones tienen un impacto real en el desarrollo emocional y en la manera en que ese niño se vinculará con el mundo.


Un hijo no es un espacio de disputa: es una vida que necesita verdad para poder comprenderse.


La verdad, cuando es acompañada con respeto y sensibilidad, no representa una amenaza. No destruye ni fragmenta. Por el contrario, ordena, da sentido y permite construir una mirada más sana sobre la propia historia. Decir la verdad en el momento adecuado y con el lenguaje adecuado no debilita los vínculos: los vuelve más auténticos.


En los momentos de mayor conflicto, es necesario recordar que los hijos no pertenecen a las diferencias de los adultos. No son símbolos, no son posiciones, no son espacios donde se gana o se pierde. Son personas en formación que necesitan crecer con equilibrio, con acceso a su historia completa y con la libertad de construir su propia mirada con el tiempo.

Invitar a reflexionar es también invitar a elegir un camino más consciente: uno donde el cuidado emocional esté por encima de cualquier diferencia, y donde el derecho a la verdad no sea limitado por una sola versión, sino acompañado con respeto, madurez y responsabilidad.


Rubén Gustavo Ayala Williams
Padre excluido de su hogar

Palabras, solo palabras: relatos de mi vida marcados por el amor, la lucha y la esperanza, contados palabra por palabra.

Autor y compositor – Palabras, solo palabras

“Podrán quitarme mi hogar y no encontrar respuestas en los caminos de la justicia, pero jamás podrán borrar la verdad que llevo escrita en mi alma.”

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domingo, 3 de mayo de 2026

CUANDO LA VERDAD SE DISTORSIONA Relatos que marcan la infancia y el derecho a construir la propia historia

 🏷️ CUANDO LA VERDAD SE DISTORSIONA

Relatos que marcan la infancia y el derecho a construir la propia historia

Hay heridas que no se ven, pero se siembran en silencio.
A veces no nacen de un golpe, sino de una ausencia explicada a medias, de palabras que reemplazan hechos, de relatos que ocupan el lugar de la verdad.

Cuando a un hijo se le dificulta el vínculo con uno de sus padres y, al mismo tiempo, se le transmite una historia incompleta, no se lo está protegiendo… se está condicionando su manera de entender el mundo y sus afectos.

“Decirle a un hijo que fue abandonado mientras se limita el encuentro con su padre, no es protegerlo: es alterar su historia.”

Un niño no necesita cargar con conflictos que no le pertenecen.
Necesita claridad, equilibrio emocional y la posibilidad de construir sus propios vínculos desde la experiencia, no desde versiones impuestas.

Crecer creyendo en una verdad incompleta puede dejar marcas profundas.
Porque la identidad también se construye a partir de lo que nos cuentan… y de lo que se nos permite vivir.

Con el tiempo, aquello que no fue dicho o que fue dicho de forma parcial, encuentra su lugar.
Y cuando lo hace, no solo revela lo que faltaba, sino también el impacto de lo que fue silenciado.

Por eso, el mayor acto de cuidado hacia un hijo no es decidir por él lo que debe sentir, sino permitirle conocer, experimentar y formar su propia verdad con libertad.


Reflexión

La verdad, aun cuando es compleja, tiene una cualidad que ninguna versión puede reemplazar: libera.
Permite crecer sin cargas ajenas, sin culpas heredadas y sin relatos que condicionen el amor.

Cuidar a un hijo también es confiar en su capacidad de comprender con el tiempo, acompañarlo con respeto y ofrecerle un entorno donde el vínculo no sea una disputa, sino una oportunidad.

Porque cuando se siembra honestidad, lo que florece no es el dolor…
sino la posibilidad de sanar, de comprender y de construir desde un lugar más justo y humano.


“Palabras, solo palabras: relatos de mi vida marcados por el amor, la lucha y la esperanza, contados palabra por palabra.”

Rubén Gustavo Ayala Williams
Padre excluido de su hogar
Autor y compositor – Palabras, Solo Palabras

Podrán quitarme mi hogar y la justicia no atenderme,
pero jamás podrán borrar la verdad que llevo escrita en mi alma.

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viernes, 1 de mayo de 2026

Aprender a levantarse: Cuando la vida no da tregua, pero el alma insiste

Aprender a levantarse: Cuando la vida no da tregua, pero el alma insiste

Hay historias que no necesitan explicaciones, porque se entienden en la mirada, en el cansancio de las manos, en la forma en que alguien sigue adelante sin hacer ruido. Historias que no buscan aplausos, solo un poco de paz… y, aun así, siguen luchando.

La vida no siempre enseña con suavidad.
A veces golpea, arrastra, desordena todo lo que uno creía seguro.
Te enfrenta con pérdidas, con silencios, con ausencias que duelen más que cualquier palabra.
Y en medio de ese caos, uno aprende… no porque quiera, sino porque no queda otra.

Aprende que no todo depende de uno.
Que hay puertas que no se abren, por más que golpees con el alma.
Que hay situaciones que no encuentran respuesta inmediata.
Y que hay heridas que no se ven, pero que pesan todos los días.

Pero también, en ese mismo camino duro, aparece algo más.
Algo que no se rompe tan fácil.
Algo que no se compra ni se explica… se siente.

La fuerza.

Esa fuerza que nace cuando parece que ya no queda nada.
Cuando el orgullo se transforma en dignidad.
Cuando el dolor deja de ser un enemigo y pasa a ser parte de la historia que te construye.

Porque no se trata de no caer.
Eso es imposible.

Se trata de entender que cada caída también es una forma de seguir.
Que cada golpe deja una marca, sí… pero también deja una enseñanza.
Y que incluso en los días más oscuros, hay una decisión silenciosa que lo cambia todo: no rendirse.

Seguir… aun cuando nadie está mirando.
Seguir… aunque duela.
Seguir… aunque el camino sea difícil.

Porque hay algo que la vida nunca podrá quitarte:
la capacidad de volver a levantarte.

Y en ese acto, simple pero inmenso, hay una victoria que no siempre se ve desde afuera,
pero que por dentro lo transforma todo.


No es la caída lo que define tu historia, sino las veces que decidiste levantarte cuando todo te pedía rendirte.


Quizás la vida no te dé siempre lo que esperás…
pero cada vez que elegís seguir, estás escribiendo una historia que nadie más puede contar.


Palabras, Solo Palabras
Podrán quitarme mi hogar y la justicia no atenderme, pero jamás podrán borrar la verdad que llevo escrita en mi alma.
Relatos de mi vida marcados por el amor, la lucha y la esperanza, contados palabra por palabra.

Rubén Gustavo Ayala Williams
Padre excluido de su hogar – Autor y compositor

Registrada conforme a la Ley 11.723 – DNDA – República Argentina
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jueves, 30 de abril de 2026

“Cuando el amor es obligado a callar” El dolor de seguir siendo, cuando no te permiten estar

 

“Cuando el amor es obligado a callar”

El dolor de seguir siendo, cuando no te permiten estar


Hay ausencias que no nacen del olvido, sino de decisiones ajenas que imponen distancia donde debería haber presencia. Porque no es la distancia lo que más duele, sino ese silencio forzado en el que un padre sigue amando sin poder abrazar, sin poder guiar, sin poder estar. Es una condena invisible: seguir siendo, pero no poder ejercer; sentir, pero no poder demostrar.

Pero también hay preguntas que duelen, que incomodan y que quedan sin respuesta: ¿por qué un padre debe aceptar que la justicia le impida ver a su hijo? ¿Por qué, cuando hay versiones diferentes, el amor termina siendo apartado como si no tuviera valor? No se trata de señalar culpables, sino de buscar equilibrio, de encontrar un sentido común donde el vínculo con un hijo no dependa solo de una decisión, sino de la verdad y de la equidad.

Porque detrás de ese silencio hay una historia. Hay un padre que construyó un hogar pensando en una familia, que trabajó para sostenerla y que, de un día para otro, quedó afuera, no solo de una casa, sino de su lugar. Y en ese vacío, lo material se vuelve secundario: lo que realmente duele es la ausencia impuesta, la imposibilidad de estar presente en la vida de un hijo.

El tiempo avanza, inevitable, pero el vínculo no desaparece. Permanece vivo en los recuerdos, en cada palabra que no se dijo, en cada momento que no se pudo compartir. Porque a un hijo no se lo deja de amar, ni siquiera cuando las circunstancias limitan ese encuentro. El amor no se apaga con la ausencia, solo se transforma en resistencia, en espera, en una presencia que duele en silencio.

“No es la distancia lo que duele, es amar en silencio por decisiones que nos superan.”

Y así, lo que debería ser un derecho natural se convierte en una lucha interna constante. Amar sin ser visto, existir sin ser escuchado, permanecer firme aun cuando las circunstancias hayan impuesto barreras. Pero incluso en ese silencio, el amor persiste… esperando el día en que ya no tenga que callar para existir.


Reflexión

Quizás la verdadera justicia no sea decidir quién tiene la razón, sino comprender que un hijo no debería crecer con la ausencia forzada de uno de sus padres. Porque cuando el amor es silenciado, no solo se lastima a quien lo siente, también se priva a quien debería recibirlo. Y tal vez, en algún momento, la verdad encuentre su camino… y ese silencio deje de ser una condena para transformarse en un reencuentro.


“Palabras, solo palabras: relatos de mi vida marcados por el amor, la lucha y la esperanza, contados palabra por palabra.”

Rubén Gustavo Ayala Williams
Padre excluido de su hogar – Autor y compositor

Palabras, solo palabras

Podrán quitarme mi hogar y la justicia no atenderme,
pero jamás podrán borrar la verdad que llevo escrita en mi alma.

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