Sigo caminando, aunque la vida me haya cambiado el rumbo
Sigo caminando, aunque la vida me haya cambiado el rumbo
Un camino que no elegí, marcado por ausencias, sostenido por la dignidad y la decisión de no rendirme
“Sigo caminando solo por la vida… no porque así lo haya elegido, sino porque hubo circunstancias que escaparon a mis manos.
No fue una decisión. No fue un sueño.
Fue un quiebre. De esos que no hacen ruido afuera, pero derrumban todo por dentro.
Un día tuve un hogar…
Tuve abrazos que eran refugio, risas que llenaban los espacios, miradas que daban sentido.
Tuve un mundo que no era perfecto, pero era mío.
Hoy ese mundo vive en mis recuerdos… y en un silencio que aprendí a habitar.
Camino con ausencias que pesan. No se ven… pero se sienten en cada paso, en cada día que comienza igual y termina distinto por dentro.
Y aun así, no he perdido quién soy.
Porque perderlo todo no es lo mismo que perderse.
A veces, un padre sigue cumpliendo con todo…
pero ya no se le ve igual.
Se levanta temprano, incluso cuando el alma no descansó.
Trabaja, resuelve, sostiene…
y vuelve con el cansancio que no siempre viene del cuerpo, sino de lo que no se puede decir.
Guarda silencio…
como si dentro suyo hubiera palabras que ya no encuentran lugar donde ser escuchadas.
Muchos lo ven firme, de pie, avanzando.
Pero casi nadie se detiene a mirar el peso invisible que carga por dentro.
Nos hicieron creer que un padre siempre puede con todo.
Que no se quiebra.
Que no necesita consuelo.
Que su dolor no cuenta, o que debe aprender a esconderlo.
Y así, sin darse cuenta, aprende a callar.
A disfrazar su tristeza con rutina.
A convertir el vacío en costumbre.
A seguir… incluso cuando por dentro algo pide detenerse.
Pero un padre también siente.
También duda.
También se rompe… aunque no lo muestre.
Hay noches en las que el silencio pesa más que el trabajo.
Noches donde los recuerdos hablan más fuerte que cualquier voz.
Donde lo que falta se hace presente… y duele.
Y aun así… sigue adelante.
No porque no duela,
sino porque el amor que lleva dentro es más fuerte que cualquier herida.
Porque aunque el dolor exista, no lo detiene.
Aunque la vida cambie, no lo define.
Aunque el camino sea otro… no se rinde.
No elegí este camino…
pero elijo caminarlo con dignidad.
Elijo no convertirme en lo que me lastimó.
Elijo sostener mis valores, incluso en la adversidad.
Elijo seguir siendo quien soy… aunque nadie esté mirando.
Y no rendirme jamás.
Porque rendirse sería perderlo todo… incluso aquello que todavía vive dentro mío.
Aun en medio de la exclusión, del dolor y de la incomprensión…
hay algo que nadie puede quitarme:
La verdad que llevo en el alma.
La dignidad con la que sigo de pie.
Y la esperanza… aunque a veces duela sostenerla.
Podrán cambiar mis circunstancias,
podrán no comprender mi historia…
pero jamás podrán borrar lo que soy.”
“No elegí este camino… pero elijo caminarlo con dignidad, porque rendirme sería perder también lo que aún vive en mí.”
Reflexión
La vida no siempre responde a lo que soñamos, pero siempre nos enfrenta a lo que somos.
Y es en esos momentos —cuando todo parece haberse roto— donde la dignidad deja de ser una palabra y se convierte en una forma de vivir.
Seguir adelante no es olvidar… es resistir sin dejar de ser uno mismo.
Es aprender a caminar con las heridas sin que definan el destino.
Y entender que, incluso en la soledad, hay una fuerza silenciosa que nos sostiene: la convicción de no rendirse.
Rubén Gustavo Ayala Williams
Padre excluido de su hogar
Autor y Compositor – Palabras, solo palabras
Registrada conforme a la Ley 11.723 – DNDA – República Argentina
Expedientes:
• EX-2025-55455694 – APN-DDRNEES#MCH (Obra literaria)
• EX-2024-89059752 – APN-DNDA#MJ (Obra musical)
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