Querido pasado: Cuando una decisión no siempre alcanza a comprender el dolor humano
Querido pasado: Cuando una decisión no siempre alcanza a comprender el dolor humano
Querido pasado:
Hoy me acerco a vos con respeto y con verdad. Gracias por lo bueno, pero también por lo difícil que tuve que atravesar. Fuiste parte de mi camino, y en aquel presente te elegí con las herramientas, la conciencia y las emociones que tenía en ese momento.
Reconozco que hubo errores. Decisiones que no fueron las mejores, palabras que pudieron haber herido y silencios que quizás también lo hicieron. No busco justificarme. Hoy puedo mirar hacia atrás con honestidad, asumir lo que me corresponde y aprender de ello.
En momentos de dolor y confusión, tomé caminos que no reflejaban lo que verdaderamente soy. Desde ese lugar, actué de maneras que hoy comprendo mejor, y de las que me hago responsable con humildad. No desde la culpa que paraliza, sino desde el aprendizaje que transforma.
Sin embargo, también elijo no juzgarme con dureza. Porque entiendo que de aquella confusión nació parte de la claridad que hoy me guía. Que de cada error surgió una enseñanza, de cada caída una oportunidad, y del dolor una comprensión más profunda del amor y de la vida.
Hoy elijo soltar. No para olvidar, sino para sanar. Para dejar de aferrarme a aquello que ya no puedo cambiar, y empezar a construir desde lo que sí puedo ser hoy. Soltar es, para mí, un acto de amor propio y también de respeto hacia los demás.
Mi presente es el resultado de ese recorrido. Y aunque hay ausencias que duelen, también hay una esperanza que permanece viva: la de poder, con el tiempo, el respeto y los hechos, reconstruir los vínculos que alguna vez fueron mi hogar.
Pedir perdón es parte de este proceso. Lo hago desde un lugar sincero, sin exigir respuestas ni tiempos. Entiendo que cada persona tiene su propio proceso, y lo respeto profundamente. Mi compromiso es demostrar, con acciones y coherencia, el cambio que estoy construyendo en mi vida.
Mi mayor anhelo es volver a abrazar a mi familia, esa que soñé desde siempre, y que sigue siendo el motor más fuerte de mi transformación. Sé que no todo depende de mí, pero sí depende de mí seguir creciendo, sostener mis valores y actuar con amor, incluso en la espera.
Hoy acepto mi realidad con humildad, sin rencores, con aprendizaje y con fe en el futuro. Porque incluso en la distancia, el amor verdadero no desaparece: permanece, se transforma y, cuando es sincero, siempre encuentra una forma de volver a florecer.
“Hoy elijo soltar. No para olvidar, sino para sanar; para abrazar mi historia, aprender de ella y convertirme en alguien más consciente, más humano y más fiel a lo que verdaderamente soy.”
Reflexión
Sanar no es negar el pasado, es comprenderlo. Es reconocer los errores sin quedar atrapado en ellos, y transformar el dolor en una oportunidad de crecimiento. Cuando una persona asume su historia con honestidad y decide cambiar, inicia un camino profundo: el de reconstruirse desde adentro, con paciencia, con responsabilidad y con amor.
Pedir perdón, cuando nace desde el corazón, no es un acto de debilidad, sino de valentía. Y aunque no siempre se reciba como uno espera, siempre deja una semilla de verdad.
Rubén Gustavo Ayala Williams
Padre Excluido del Hogar autor y compositor
“Palabras, solo palabras: relatos de mi vida marcados por el amor, la lucha y la esperanza, contados palabra por palabra.”
Podrán quitarme mi hogar o no comprender mi historia, pero nunca podrán borrar la verdad que llevo escrita en el alma.
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