EL SILENCIO DE UN PADRE EN EL OLVIDO DE SUS HIJOS
Cuando el amor permanece en silencio, esperando ser escuchado más allá del tiempo y las distancias.
Hay silencios que no se escuchan, pero se sienten. Silencios que crecen con los años, que se instalan en el alma y que, poco a poco, se transforman en distancia. No una distancia de kilómetros, sino una que se mide en ausencias, en llamadas que no llegan, en palabras que nunca se dijeron.
Un padre no deja de amar.
Aun cuando lo dejan de llamar.
Aun cuando su nombre ya no resuena en la voz de sus hijos.
Fui padre en cada sacrificio.
En el alimento que nunca faltó, en el trabajo constante, en el frío y el calor que atravesamos juntos. Fui padre en cada enseñanza, en cada paso acompañado, en cada momento en que estuve presente, sosteniendo, cuidando, guiando.
Nada de eso lo reclamo.
Porque todo lo di por amor.
Un amor sincero, profundo, sin condiciones. Un amor que no esperaba recompensas, pero que creía en un lazo fuerte, duradero, capaz de resistir cualquier paso del tiempo.
Hoy vivo el peso de la ausencia.
Una ausencia que no borra la historia, pero que duele. Donde pueden existir distintas miradas, distintas versiones, pero donde mi verdad permanece intacta en la conciencia.
No escribo estas palabras para señalar a nadie.
El amor verdadero no necesita acusar.
Escribo para dejar una puerta abierta.
Porque incluso en medio de las diferencias, el amor no desaparece: permanece en silencio, esperando una oportunidad para volver a encontrarse.
“Me duele la distancia que hoy nos separa, pero no renuncio al amor que nos une. Sigo esperando, con el corazón abierto, el día en que el tiempo nos devuelva el abrazo que nunca dejé de guardar.”
El silencio también habla.
Habla en los días sin noticias, en los recuerdos que regresan sin aviso, en ese espacio donde antes había risas, preguntas y abrazos.
Pero no todo silencio es vacío.
A veces, el silencio es amor esperando ser escuchado.
Porque un padre puede ser apartado…
pero jamás deja de amar.
Sigo esperando.
No desde el reclamo, sino desde la esperanza.
Con el corazón abierto, con la memoria viva, con el abrazo intacto… esperando el momento en que la vida permita un nuevo encuentro.
Reflexión
La vida nos enseña, con el tiempo, a mirar hacia atrás con otros ojos.
A comprender que no todo fue perfecto, pero que tampoco todo fue en vano.
Detrás de cada historia hay errores, sí… pero también amor, entrega y momentos que merecen ser recordados sin enojo.
El orgullo, el dolor y las palabras no dichas pueden levantar muros.
Pero un gesto sincero —una llamada, una conversación, un intento— puede comenzar a derribarlos.
No hay corazón que no necesite volver a sus raíces.
No hay historia que no merezca ser hablada con verdad.
Y no hay tiempo perdido cuando aún existe la voluntad de sanar.
El amor verdadero no desaparece: espera.
Y mientras haya esperanza, siempre habrá una oportunidad.
Rubén Gustavo Ayala Williams
Padre excluido de su hogar
Autor y compositor – “Palabras, solo palabras: relatos de mi vida marcados por el amor, la lucha y la esperanza, contados palabra por palabra.”
“Podrán quitarme mi hogar y la justicia no atenderme, pero jamás podrán borrar la verdad que llevo escrita en mi alma.”
Registrada conforme a la Ley 11.723 – DNDA – República Argentina
Expedientes:
• EX-2025-55455694 – APN-DDRNEES#MCH (Obra literaria)
• EX-2024-89059752 – APN-DNDA#MJ (Obra musical)
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