“JAMÁS ME FUI: LA VERDAD DE UN PADRE QUE SIGUE ESPERANDO” Una carta abierta desde el amor, la ausencia y la esperanza que resiste al tiempo
“JAMÁS ME FUI: LA VERDAD DE UN PADRE QUE SIGUE ESPERANDO”
Una carta abierta desde el amor, la ausencia y la esperanza que resiste al tiempo.
“Jamás me fui. Jamás los abandoné. Siempre estuve esperando.”
Queridos Nietos Dylan, Ameli, Hanna, Ciro…y mi hijo Isaías Benjamín:
Les escribo estas palabras sin saber cuándo las leerán, ni en qué momento de sus vidas llegarán a ustedes. Tal vez sean grandes, tal vez todavía recuerden poco de mí… pero hay algo que necesito que sepan desde lo más profundo de mi corazón.
Jamás me fui. Jamás los abandoné. Siempre estuve esperando.
Han pasado años desde la última vez que pude verlos, desde la última vez que escuché sus voces de cerca, desde la última vez que compartimos esos momentos simples que hacen a la vida: llevarlos a la escuela, jugar en el patio, caminar juntos, ayudarlos con la tarea. Esos recuerdos viven en mí todos los días, como si el tiempo no hubiera pasado.
Me duele no haber estado en sus crecimientos… pero jamás dejé de estar presente en mi amor.
Muchas cosas pasaron, muchas historias que quizás algún día se sepan o tal vez no. No escribo esto para señalar, ni para que elijan entre versiones. La vida a veces se vuelve difícil y confusa, y los adultos tomamos decisiones que terminan afectando a los que más amamos.
Pero hay algo que está por encima de todo eso:
Mi amor por ustedes jamás dependió de lo que pasó, ni de la distancia, ni del tiempo. Mi amor sigue intacto.
Isaías, hijo mío… si estás leyendo esto, quiero que sepas que tu papá piensa en vos todos los días. Que cada cosa que no pudimos compartir me duele, pero también me mantiene fuerte, porque sigo creyendo que algún día nos vamos a reencontrar.
Todavía hay tiempo para volver a caminar juntos.
Y a ustedes, mis nietos… mi alegría, mi orgullo silencioso:
Siempre fui y siempre seré su abuelo. Jamás dejé de amarlos.
Guardo una foto de ustedes. Una sola. La miro cada mañana como quien mira un pedazo de su propia vida. En esa imagen intento adivinar cuánto crecieron, cómo son sus voces ahora, qué cosas les gustan, qué sueños tienen.
A veces cierro los ojos y los veo corriendo, jugando, riendo… y por un instante, todo vuelve a ser como antes. Pero al abrirlos, la realidad pesa… y sin embargo, no pierdo la fe.
Porque sigo creyendo en ese día… el día en que pueda volver a abrazarlos.
Si alguna vez dudaron de mí, si alguna vez sintieron que no estuve… solo quiero que se den la oportunidad de conocer su propia verdad. No la que les contaron, no la que imaginaron… sino la que puedan descubrir por ustedes mismos.
Yo no tengo reproches para ustedes. Solo amor.
Y si algún día necesitan algo de mí, no importa cuándo, no importa cómo:
Ahí estaré.
Para escucharlos.
Para abrazarlos.
Para acompañarlos.
Solo tienen que llamarme.
No hay un solo día en que no piense en ustedes. No hay un solo día en que no los extrañe. Y no hay un solo día en que no le pida a Dios la oportunidad de volver a verlos.
Porque al final… todo se resume en algo muy simple, pero muy profundo:
Un padre y un abuelo jamás dejan de amar.
Reflexión:
El amor verdadero no desaparece con la ausencia. Puede doler, puede callar, puede esperar… pero cuando es sincero, permanece firme en el corazón y siempre encuentra una forma de volver a hacerse presente.
Con todo mi amor, hoy y siempre.
Esperándolos.
Rubén Gustavo Ayala Williams
Padre excluido – Autor y Compositor
Palabras, solo palabras
“Podrán quitarme mi hogar y la justicia no atenderme,
pero jamás podrán borrar la verdad que llevo escrita en mi alma.”
Registrada conforme a la Ley 11.723 – DNDA – República Argentina
Expedientes:
• EX-2025-55455694 – APN-DDRNEES#MCH (Obra literaria)
• EX-2024-89059752 – APN-DNDA#MJ (Obra musical)



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