LA VIOLENCIA NO TIENE GÉNERO Un mensaje desde la experiencia, para que el silencio no sea la única voz
LA VIOLENCIA NO TIENE GÉNERO
Un mensaje desde la experiencia, para que el silencio no sea la única voz
Hay historias que no siempre encuentran un lugar donde ser escuchadas. Historias que quedan guardadas durante años, no porque no tengan valor, sino porque a veces resulta más fácil juzgar que comprender. Este mensaje nace desde una necesidad sencilla y profunda: que también exista un espacio para decir lo que muchas veces no se quiere oír.
La vida enseña que los conflictos humanos rara vez son simples. Detrás de cada familia hay momentos de amor, de esfuerzo compartido y también errores que dejan heridas. Nadie está completamente libre de equivocarse, porque todos somos personas antes que nada. Reconocerlo no significa renunciar a la verdad, sino aprender a mirarla con humildad.
Desde mi propia experiencia aprendí que el dolor puede tomar muchas formas. A veces aparece como distancia, otras veces como incomprensión, y muchas veces como silencio. Existen situaciones que terminan separando a las personas que alguna vez compartieron la misma mesa, los mismos sueños y el mismo hogar.
No escribo estas palabras para señalar culpables ni para reabrir heridas. Las escribo para expresar lo que muchas veces queda guardado cuando una sola parte de la historia es la que más se escucha. Toda vida tiene matices, y toda verdad necesita ser mirada con serenidad.
Ser juzgado sin que se conozca completamente la historia es una de las experiencias más difíciles que puede atravesar una persona. Sin embargo, incluso en medio de esa dificultad, el amor hacia los hijos permanece intacto. El amor verdadero no depende de acuerdos ni de diferencias, porque nace de un vínculo que el tiempo no puede borrar.
No guardo rencor. El rencor solo prolonga el sufrimiento y no construye nada nuevo. Lo que deseo es algo más simple y más humano: que algún día sea posible escucharnos sin miedo y sin prejuicios, reconociendo que todos podemos haber cometido errores y que solo el diálogo permite sanar.
Reconocer los propios errores y aceptar los errores de los demás no es una señal de debilidad, sino un acto de madurez. Tal vez el verdadero camino hacia la justicia no sea el enfrentamiento, sino la capacidad de mirarnos con honestidad y aprender de lo vivido para no dañarnos más.
Este espacio existe para expresar lo que durante mucho tiempo quedó en silencio. No pretende imponer una verdad única, sino compartir una vivencia que forma parte de mi historia. Tal vez estas palabras recorran caminos inesperados y lleguen a personas que también sienten que su voz no siempre fue escuchada.
Porque la violencia no tiene género, y el sufrimiento humano tampoco. Cuando logramos comprender eso, damos un paso hacia una sociedad más justa y más humana.
"No escribo para tener razón, escribo para que la verdad no quede enterrada en el silencio."
Este mensaje no nace del enojo, sino de la esperanza. La esperanza de que algún día las palabras sirvan para acercar lo que la distancia separó. La esperanza de que escuchar al otro sea más importante que tener razón. La esperanza de que la verdad pueda ser dicha sin miedo y recibida con respeto.
Porque la vida no se construye negando el pasado, sino aprendiendo de él. Y tal vez la verdadera justicia empiece cuando seamos capaces de comprendernos sin destruirnos.
Rubén Gustavo Ayala Williams
Padre excluido – Autor y Compositor
Palabras, solo palabras: relatos de mi vida marcados por el amor, la lucha y la esperanza, contados palabra por palabra.
Podrán quitarme mi hogar y la justicia no atenderme,
pero jamás podrán borrar la verdad que llevo escrita en mi alma.
Registrada conforme a la Ley 11.723
DNDA – República Argentina
Expedientes:
• EX-2025-55455694 – APN-DDRNEES#MCH (Obra literaria)
• EX-2024-89059752 – APN-DNDA#MJ (Obra musical)



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