Cuando el amor sabe esperar Una carta escrita en silencio, donde el tiempo no borra lo verdadero
Cuando el amor sabe esperar
Una carta escrita en silencio, donde el tiempo no borra lo verdadero
“Hay amores que no hacen ruido,
pero permanecen para siempre.”
Hoy me desperté, como cada día, pensando en ti.
Pensando en esas pequeñas cosas que el tiempo no logró borrar:
las ganas de escucharte, de verte, de abrazarte sin apuro.
Las ganas de hablar con calma, con ternura, con verdad,
como cuando una sola mirada alcanzaba para entendernos.
Conozco tus silencios y también tus enojos,
pero conozco, sobre todo, tus despertares de buen humor,
esa forma tan tuya de empezar el día,
cuando sin decir nada sabíamos exactamente
qué queríamos y hacia dónde íbamos.
Tengo ganas de ti.
De tu risa que abriga, de tu mirada que dice más de lo que muestra,
de tu manera de estar cerca, incluso cuando la distancia existe.
Porque hay presencias que no dependen del espacio
y vínculos que el tiempo no puede romper.
Extraño compartir lo cotidiano contigo:
lo simple, lo imperfecto,
eso que se vuelve especial solo porque estás.
Extraño lo que fuimos en los detalles,
en los gestos pequeños,
en todo lo que se construyó sin necesidad de promesas.
Tal vez no lo notes, o tal vez sí,
pero cada día que pasa estas ganas crecen.
No son solo deseo:
son amor que aprendió a esperar,
amor que entendió el valor del tiempo,
el peso de los errores
y la importancia de cuidar lo que importa.
Nuestra historia comenzó hace muchos años,
con un beso en la calle y un futuro abierto.
Y aunque la vida nos haya llevado por caminos distintos,
hay historias que no terminan:
se transforman, se guardan,
esperan su momento.
A veces amar no es insistir ni exigir,
sino respetar, recordar y sostener en silencio.
Porque cuando el amor es verdadero,
no necesita gritar para existir
ni demostrar para permanecer.
Ruben Gustavo Ayala Williams
Padre Excluido – Autor y Compositor
Registro DNDA



Comentarios
Publicar un comentario