💌 Carta a Claudia Noemí
Madre de mis hijos, compañera de mi historia
“El amor verdadero no siempre sabe cómo quedarse,
pero nunca olvida el camino para volver.”
Claudia Noemí:
Han pasado seis años desde que la vida nos llevó por senderos distintos. Y, sin embargo, hay presencias que no se van, silencios que siguen hablando y recuerdos que no envejecen. Vos sos parte de todo eso en mí. Porque lo que se construye con amor verdadero no se disuelve con el tiempo, no se borra con la distancia ni se apaga con las pruebas. Lo nuestro tiene raíces profundas y un nombre que lo sostiene: familia.
Sos la madre de mis hijos, la mujer con la que compartí más de treinta años de vida, sueños, luchas y esperanzas. Juntos vimos crecer a tres hijos maravillosos y hoy también somos abuelos de una descendencia hermosa. Ellos son el fruto más sagrado de nuestra historia. Desde la separación no he vuelto a verlos, y ese vacío me acompaña cada día. Los extraño con el alma, porque son parte de mí, porque siguen siendo mi hogar, aun en la distancia.
Con el tiempo entendí muchas cosas. Comprendí que nuestro matrimonio venía herido, que hubo silencios no dichos, cansancios no atendidos, dolores que no supimos abrazar a tiempo. También comprendí cuánto me impactó aquel momento en que me hablaste de otro amor. No lo entendí entonces, me sentí perdido, frágil, profundamente triste. Caí, me enfermé, y me costó volver a levantarme. Fue en ese tiempo oscuro donde busqué a Dios, y en Él encontré la fuerza para seguir viviendo, para perdonar, para mirarme y crecer.
Hoy no te escribo desde el reproche ni desde el pasado, sino desde la reflexión que da la madurez y desde un amor que aprendió a ser más humilde. Entendí que no hay herida que no pueda empezar a sanar cuando hay voluntad, que no hay orgullo que valga más que un abrazo pendiente, y que ninguna distancia es imposible cuando el corazón decide volver.
Claudia Noemí, yo estoy dispuesto.
Dispuesto a tender puentes donde hubo muros.
Dispuesto a soltar el dolor y los juzgados.
Dispuesto a reconstruir, paso a paso, lo que un día se quebró.
No porque olvide lo vivido, sino porque elijo darle un nuevo sentido. Porque en cada hijo y en cada nieto que nos llama mamá, papá, abuela o abuelo, late una verdad que no se puede negar: lo nuestro nunca dejó de existir. Somos más que un recuerdo; somos una historia viva, una familia que todavía espera, una esperanza que merece ser abrazada otra vez.
No te escribo para borrar el pasado, sino para imaginar un presente distinto: más sereno, más consciente, más lleno de paz. Un presente donde podamos mirarnos sin rencor, hablarnos con respeto y caminar juntos desde lo que somos hoy, no desde lo que fuimos. Porque creo, de corazón, que todavía podemos elegirnos, no como dos desconocidos, sino como compañeros de vida que aprendieron de sus errores.
Siempre te amé.
Extraño a nuestros hijos, a nuestros nietos y a todo lo que un día llamamos hogar.
Hoy te hablo con el corazón abierto, sin reservas ni exigencias, solo con verdad: yo estoy dispuesto… ¿y vos?
Si me das tu mano, no solo nos regalamos una nueva oportunidad a nosotros, sino también a ellos. Les daremos el ejemplo más grande de todos: que el amor verdadero no se rinde, que sabe esperar, aprender y volver a empezar.
Con todo lo que soy y con todo lo que aún deseo construir a tu lado, te pido perdón. Ojalá puedas aceptarlo. Dejemos atrás el orgullo y el rencor, por nosotros, por nuestros hijos y nietos, por nuestra familia. Y, si Dios lo permite, sigamos caminando juntos hasta que la vida nos despida.
A veces el amor no se pierde; simplemente espera a que el corazón aprenda lo que la vida quiso enseñar.
Rubén Gustavo Ayala Williams
Padre Excluido
Autor de “Palabras, solo palabras”
DNDA – Autor y Compositor
📌 Publicación protegida por la Ley 11.723
Dirección Nacional de Derecho de Autor (DNDA)
Blog: “Palabras, Solo Palabras”



Comentarios
Publicar un comentario