MIRAR JUNTOS EN LA MISMA DIRECCIÓN: El amor verdadero no se pierde… se olvida de mirarse con el corazón.
MIRAR JUNTOS EN LA MISMA DIRECCIÓN
El amor verdadero no se pierde… se olvida de mirarse con el corazón.
Amar no es solo mirarse a los ojos en los días felices, ni prometer eternidades cuando todo es primavera. Amar es permanecer cuando llegan los inviernos, cuando el cansancio pesa, cuando el orgullo intenta ocupar el lugar del abrazo.
Con el paso de los años, las parejas no dejan de amarse de repente; simplemente, a veces, comienzan a mirarse menos y a mirar más sus heridas. Se acumulan silencios, se levantan muros invisibles, y sin darnos cuenta, aquello que un día fue refugio se convierte en distancia.
Pero el amor verdadero no desaparece tan fácilmente. Permanece escondido en los recuerdos compartidos, en las risas que aún viven en la memoria, en los sueños que alguna vez se construyeron de la mano.
Y si después de tanto camino recorrido uno comienza a mirar hacia otro lado, todavía estamos a tiempo. Siempre estamos a tiempo mientras el corazón late. Corregir la mirada no es debilidad; es valentía. Es volver a elegir, aun cuando el orgullo diga que no. Es reconocer que la vida se nos va… y que dejar pasar el amor puede convertirse en el dolor más grande.
“La vida se nos va, y mientras haya amor, todavía estamos a tiempo de volver a mirarnos y caminar en la misma dirección.”
Reconciliarse es abrazar sin reproches. Es hablar sin rencores. Es llorar juntos lo que dolió y decidir que el pasado no tenga más fuerza que el amor que aún respira. Porque el rencor envejece el alma, pero el perdón la rejuvenece. Y no hay gesto más noble que decir: “Empecemos de nuevo”.
No vale la pena que el orgullo gane una batalla si el corazón pierde la paz. No vale la pena dejar que el tiempo apague lo que aún puede encenderse. Después puede ser tarde… y las palabras que no se dijeron se convierten en lágrimas silenciosas.
A veces la justicia humana no escucha, a veces el hogar se fractura, a veces la vida golpea donde más duele. Pero la verdad escrita en el alma no se borra. El amor auténtico tampoco. Puede herirse, puede cansarse, puede llorar… pero si fue real, siempre espera una oportunidad para renacer.
Que no nos gane el silencio.
Que no nos gane el orgullo.
Que no nos gane el tiempo.
Si alguna vez se amaron de verdad, todavía pueden volver a elegirse.
Rubén Gustavo Ayala Williams
Padre excluido – Autor y Compositor
Palabras, solo palabras
“Palabras, solo palabras: relatos de mi vida marcados por el amor, la lucha y la esperanza, contados palabra por palabra.”
“Podrán quitarme mi hogar y la justicia no atenderme, pero jamás podrán borrar la verdad que llevo escrita en mi alma.”
Registrada conforme a la Ley 11.723 – DNDA – República Argentina
Expedientes:
• EX-2025-55455694 – APN-DDRNEES#MCH (Obra literaria)
• EX-2024-89059752 – APN-DNDA#MJ (Obra musical)



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