LA VERDAD SIEMPRE ENCUENTRA A SUS HIJOS: Cuando la identidad necesita luz, el alma busca respuestas
LA VERDAD SIEMPRE ENCUENTRA A SUS HIJOS
Cuando la identidad necesita luz, el alma busca respuestas
“Preguntar no es traicionar. Conocer no es dejar de amar. Crecer en la verdad es un acto de libertad.”
Ni el silencio, ni las versiones incompletas, ni el paso del tiempo pueden detener aquello que está escrito en el alma.
Existen historias que se narran desde una sola orilla. Relatos que, al repetirse durante años, adquieren apariencia de verdad definitiva. Explicaciones breves que intentan cerrar preguntas profundas. Ausencias que se simplifican como si lo complejo pudiera resumirse sin consecuencias.
Sin embargo, la verdad no desaparece cuando se la calla. No se extingue por falta de voz. La verdad se repliega, espera y madura en silencio hasta encontrar su momento.
A veces el silencio no es elección, sino circunstancia. A veces las puertas se cierran sin que uno pueda impedirlo. A veces el relato que circula no contiene todas las dimensiones de lo vivido. Pero incluso en esos escenarios, existe algo que permanece intacto: la conciencia.
La conciencia humana posee una fuerza serena y persistente. Y cuando un hijo comienza a preguntarse por su propia historia —no por rebeldía, sino por necesidad interior— algo profundo se activa. No se trata de señalar culpables. No se trata de romper afectos. Se trata de comprender.
Comprender es un acto de madurez.
Preguntar es un acto de dignidad.
Nadie puede construir plenamente su identidad si desconoce partes esenciales de su origen. La identidad no se impone: se integra. Y esa integración requiere verdad.
La verdad no es enemiga del amor. El amor auténtico no teme a la verdad; se fortalece cuando descansa sobre la honestidad. El amor sostenido por silencios forzados es frágil. El amor que acepta la claridad es libre.
Es cierto que la justicia humana no siempre alcanza a reparar todas las heridas. Las circunstancias, los conflictos y las decisiones pueden dejar marcas difíciles de comprender. Pero existe una justicia más profunda: la justicia interior. Esa que nace cuando cada persona, en su tiempo y a su ritmo, logra encontrarse con lo real.
Podrán cambiar los escenarios.
Podrán modificarse los contextos.
Podrán existir interpretaciones distintas.
Pero jamás podrán borrar la verdad que vive en la conciencia de quien ha amado con sinceridad.
Esa verdad no grita.
No acusa.
No persigue.
Permanece.
Y en su permanencia encuentra su mayor fortaleza.
A los hijos que sienten que aún no conocen toda su historia, les digo con respeto y serenidad: busquen con equilibrio. Escuchen todas las voces. Formen su propio criterio con madurez. La verdad no exige bandos; exige honestidad interior.
Porque cuando la verdad finalmente se revela, no lo hace para destruir vínculos, sino para darles profundidad. No viene a sembrar rencor, sino a completar aquello que estaba incompleto.
Y la luz, cuando es auténtica, no daña: orienta.
Palabras, solo palabras: relatos de mi vida marcados por el amor, la lucha y la esperanza, contados palabra por palabra. Porque podrán cambiar mis circunstancias, pero jamás podrán borrar la verdad que llevo escrita en el alma.
Rubén Gustavo Ayala Williams
Padre – Autor y Compositor
Palabras, solo palabras
Registrada conforme a la Ley 11.723 – DNDA – República Argentina
Expedientes:
EX-2025-55455694 – APN-DDRNEES#MCH (Obra literaria)
EX-2024-89059752 – APN-DNDA#MJ (Obra musical)



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