El derecho de un hijo no se negocia: Cuando las heridas de los adultos se convierten en el silencio de los niños

 

El derecho de un hijo no se negocia

Cuando las heridas de los adultos se convierten en el silencio de los niños

Hay ausencias que no hacen ruido, pero resuenan toda la vida.
Hay decisiones que parecen firmes en el momento, pero dejan grietas invisibles en el corazón de un hijo.

Separarse puede ser una decisión madura, dolorosa, necesaria incluso.
Pero separar a un hijo de su padre no es una consecuencia inevitable: es una elección. Y toda elección deja huellas.

Un niño no nació para cargar disputas que no entiende.
No vino al mundo para tomar partido, para repetir relatos ajenos ni para aprender a amar con culpa.
Un hijo necesita equilibrio. Necesita verdad sin veneno. Necesita libertad para abrazar a ambos padres sin sentir que traiciona a uno.

Cuando el orgullo habla más fuerte que el amor, el precio no lo paga quien discute.
Lo paga quien calla.
Lo paga quien extraña.
Lo paga quien, en silencio, aprende a reprimir el abrazo que le falta.

Ningún orgullo justifica dividir el corazón de un hijo ni arrancarle el derecho de amar a su padre.

El amor verdadero no se demuestra solo con palabras bonitas.
Se demuestra respetando los vínculos que le dieron origen a una vida.
Amar también es comprender que un hijo no es propiedad de nadie.
Es comprender que su bienestar nace del diálogo, del equilibrio y del respeto por sus afectos.

Las heridas de los adultos no pueden convertirse en cadenas para los niños.
Porque un hijo no necesita vencedores en una guerra emocional.
Necesita paz.

Escuchar a los chicos es escuchar su corazón.
Y el corazón de un hijo no habla de conflictos.
Habla de amor.
Habla de abrazos.
Habla de presencia.

El tiempo pasa. La infancia no vuelve.
Y algún día, cuando ese hijo crezca, preguntará con la madurez que hoy no tiene.
Y entonces la verdad —esa que siempre encuentra su camino— hablará más fuerte que cualquier versión impuesta.

Que nuestras decisiones no apaguen el derecho sagrado de un hijo a amar y ser amado por ambos padres.
Porque cuando el amor se transforma en respeto, sana.
Y cuando el orgullo se impone, hiere generaciones.


“Palabras, solo palabras: relatos de mi vida marcados por el amor, la lucha y la esperanza, contados palabra por palabra.”

Rubén Gustavo Ayala Williams
Padre excluido
Autor y Compositor
Palabras, solo palabras

“Podrán quitarme mi hogar y la justicia no atenderme, pero jamás podrán borrar la verdad que llevo escrita en mi alma.”

Obra registrada conforme a la Ley 11.723
DNDA – República Argentina

Expedientes:
• EX-2025-55455694 – APN-DDRNEES#MCH (Obra literaria)
• EX-2024-89059752 – APN-DNDA#MJ (Obra musical)



Comentarios

Entradas populares