Vendo un pedacito de cielo: Cuando aprendemos a mirar, descubrimos que ya habitamos lo que buscamos
Vendo un pedacito de cielo
Cuando aprendemos a mirar, descubrimos que ya habitamos lo que buscamos
“Vendo un pedacito de cielo, adornado con bellas flores,
hermosos prados y un manantial cristalino
con el agua más pura que jamás hayan visto.”
Así decía el aviso que llamó la atención del poeta.
No hablaba de riquezas, ni de lujos, ni de promesas grandilocuentes.
Solo describía un lugar sencillo, vivo, lleno de belleza auténtica.
Un lugar que, sin saberlo, reflejaba más el alma que la tierra.
El poeta tuvo que marcharse por un tiempo.
La vida, como siempre, lo llevó por caminos lejanos, cargados de silencios y aprendizajes.
Pero al regresar, movido por la curiosidad y cierta nostalgia, decidió visitar a sus nuevos vecinos.
Estaba convencido de que aquel hombre del aviso ya se habría marchado,
buscando en otro sitio lo que creía no tener.
La sorpresa fue mayor al verlo allí,
con las manos en la tierra,
el rostro sereno
y el corazón en paz,
trabajando su jardín como quien cuida un tesoro.
Entonces le preguntó:
—¡Amigo! ¿No se iba usted de su hogar?
El campesino levantó la mirada, sonrió con humildad y respondió:
—No, mi querido vecino.
Después de leer el aviso que usted me hizo, comprendí que ya tenía el lugar más maravilloso de la Tierra
y que no existe otro mejor.
En esas palabras no había resignación,
había despertar.
Había comprensión.
Había gratitud.
A veces necesitamos que alguien nos describa lo que ya tenemos
para descubrir que vivimos en un pedacito de cielo.
Cuántas veces creemos que la felicidad está en otro lugar.
En otra casa.
En otra vida.
En otra historia que no es la nuestra.
Y sin embargo, olvidamos mirar lo que nos rodea:
nuestro hogar,
nuestra familia,
los vínculos que nos sostienen,
las batallas que hemos ganado
y todo aquello que, con esfuerzo, lágrimas y fe, hemos logrado construir.
No esperes a que venga un poeta a escribir un aviso que te recuerde lo valiosa que es tu vida.
Hazlo tú, cada día, con actos simples y con gratitud sincera.
Da gracias a Dios por la vida, por la salud,
y por esa esperanza que, aun en los momentos más difíciles,
te permite seguir de pie y luchando por tus metas.
Reflexión final
Que el Señor bendiga ese pedacito de cielo que es tu vida.
Porque nacimos para ser felices,
no para perder todo lo bueno que hemos conseguido
persiguiendo espejismos.
Aprender a valorar lo que somos y lo que tenemos
es el primer paso para vivir en paz.
Te deseo todo y nada:
todo lo que te haga bien
y nada que te haga sufrir.
Palabras, Solo Palabras
Ruben Gustavo Ayala Williams
Padre Excluido
Autor y Compositor registrado en DNDA



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