PADRE EXCLUIDO: CUANDO LA JUSTICIA EXIGE A UNO Y TOLERA AL OTRO

 

PADRE EXCLUIDO: CUANDO LA JUSTICIA EXIGE A UNO Y TOLERA AL OTRO

La obstrucción del vínculo paterno no sería posible sin un sistema que sabe, observa y decide no actuar.


Cuando el vínculo paterno es obstruido, los hijos no están siendo protegidos.
Están siendo retenidos dentro de un conflicto adulto que no eligieron, atrapados en silencios forzados, ausencias impuestas y una distancia que se normaliza con el paso del tiempo.

Cumplir con la cuota alimentaria no garantiza el derecho a ver a los hijos cuando el contacto es impedido.
El padre debe demostrar constantemente: cumplir, responder, pagar, justificar su deseo de estar presente.
La madre que impide el vínculo, en cambio, rara vez enfrenta exigencias equivalentes para permitir el contacto, respetar acuerdos o facilitar la relación.

Esta desigualdad no es menor ni accidental.
Cuando la Justicia actúa con firmeza para exigir obligaciones económicas, pero se muestra lenta, pasiva o ineficaz para garantizar el derecho al vínculo, se consolida una asimetría estructural que favorece la exclusión del padre.

No hace falta una declaración explícita para que exista complicidad institucional.
La complicidad también se expresa en la demora constante, en la falta de sanciones, en las audiencias que se postergan, en las resoluciones que no se ejecutan y en las medidas que nunca llegan.
El tiempo, administrado por el sistema, termina haciendo el trabajo sucio: enfriar el vínculo hasta volverlo casi irreparable.

Así, lo que comienza como un impedimento se transforma en una exclusión sostenida.
Y lo que debería ser una excepción urgente se vuelve una rutina judicial tolerada.

El mensaje implícito es devastador:
al padre se lo controla, se lo mide y se lo amenaza con sanciones;
a quien impide el vínculo se la escucha, se la comprende o se la deja hacer.
Mientras tanto, los hijos crecen sin uno de sus progenitores, pagando un costo emocional que nadie repara.


Cuando la Justicia exige al padre pero no actúa frente a quien obstruye el vínculo, la exclusión deja de ser un conflicto privado y se convierte en una responsabilidad institucional.


UNA MIRADA CRÍTICA NECESARIA

La Justicia no puede declararse neutral cuando su inacción produce daño.
No actuar también es una forma de decidir.
Y cuando el sistema elige no intervenir con medidas eficaces, termina validando la conducta que excluye, controla y rompe vínculos.

Proteger a la infancia no es administrar expedientes ni dejar que el tiempo “ordene” lo que los adultos destruyen.
Proteger es garantizar derechos reales, no solo exigir deberes selectivos.
Cada día sin vínculo es un día perdido que no vuelve, una herida silenciosa que se acumula y una responsabilidad que alguien deberá asumir.

Cuando el Estado falla en equilibrar, en exigir a ambos por igual y en intervenir a tiempo, no solo excluye a un padre:
vulnera el derecho de los hijos a crecer con ambos progenitores y compromete su propio rol como garante de justicia.



✍️ Padre excluido
Ruben Gustavo Ayala Williams
Autor y compositor

Blog: Palabras, solo palabras


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