No es el frío. No es el calor. Es lo que callamos: Cuando el alma guarda demasiado, el cuerpo termina hablando.

 

No es el frío. No es el calor. Es lo que callamos.

Cuando el alma guarda demasiado, el cuerpo termina hablando.

“No todo lo que duele se ve, pero todo lo que se calla… pesa.”

No es el frío el que nos enferma.
Tampoco es el calor.

Lo que verdaderamente nos destruye por dentro es aquello que no decimos, lo que soportamos en silencio, lo que acumulamos como si el alma no tuviera un límite.

Nos enferman las emociones no expresadas.
Nos enferman los pensamientos negativos que se repiten como una condena.
Nos enferma el estrés cuando se vuelve forma de vida.
Nos enferma la ansiedad por un futuro que todavía no existe.
Nos enferma la tristeza de un pasado que no termina de irse.
Nos enferman los límites que nunca aprendimos a poner.
Nos enferma la autoexigencia que no sabe descansar.
Nos enferman las palabras que se quedan atrapadas en la garganta.
Nos enferma el llanto que aprendimos a esconder.

Pero también nos enferman las injusticias.

Nos enferma cuando la justicia no quiere escuchar a un padre excluido de su propio hogar.
Nos enferma cuando una madre no permite que un padre vea a su hijo.
Nos enferma cuando alguien, tal vez por dolor, orgullo o rencor, no quiere —o no puede— entender que un hijo no es un trofeo ni un castigo.

Porque no hay dolor más profundo que amar a un hijo y no poder abrazarlo.
No hay herida más injusta que ser borrado de una vida que ayudaste a crear.

El cuerpo habla cuando el alma se cansa.
Y muchas veces, cuando no escuchamos lo que sentimos, terminamos sintiendo en el cuerpo lo que no dijimos con el corazón… y lo que no nos dejaron decir.

Sin embargo, quiero creer —y creo— que nunca es tarde para volver a empezar.

Nunca es tarde para sanar.
Nunca es tarde para reconstruir.
Nunca es tarde para elegir el amor en lugar del odio.
Nunca es tarde para hacer lo correcto, aunque otros sigan eligiendo el silencio o la indiferencia.

Yo amo a mis hijos.
Amo a mi familia.
Y ese amor es más fuerte que cualquier injusticia, más fuerte que cualquier expediente, más fuerte que cualquier puerta cerrada.

Sanar también es animarse a decir.
Sanar es soltar lo que duele sin renunciar a lo que se ama.
Sanar es llorar sin vergüenza.
Sanar es seguir de pie cuando todo parece perdido.
Sanar es no convertirse en aquello que nos hirió.

Porque no todo lo que duele se ve.
Pero todo lo que se enfrenta… empieza a perder su poder.
Y porque la verdad, aunque tarde, siempre encuentra su camino.


Palabras, solo palabras: relatos de mi vida marcados por el amor, la lucha y la esperanza, contados palabra por palabra.

✍️ Rubén Gustavo Ayala Williams
Padre excluido – Autor y Compositor
Palabras, Solo Palabras

Podrán quitarme mi hogar y la justicia no atenderme, pero jamás podrán borrar la verdad que llevo escrita en mi alma.


📜 Obra registrada conforme a la Ley 11.723 – DNDA – República Argentina
Expedientes:
• EX-2025-55455694 – APN-DDRNEES#MCH (Obra literaria)
• EX-2024-89059752 – APN-DNDA#MJ (Obra musical)



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