Cuando seguir es un acto de fe: Cartas desde el camino para quienes resisten, para quienes dudan, para quienes todavía creen

 

Cuando seguir es un acto de fe
Cartas desde el camino para quienes resisten, para quienes dudan, para quienes todavía creen

“Caer no me definió. Levantarme, aun en silencio, se convirtió en mi manera de seguir existiendo.”

Una carta abierta que también es un espejo

Este texto nació de mi vida,
pero no me pertenece solo a mí.

Es para mí, sí.
Pero también es para vos.

Lo escribo porque hubo momentos en los que nadie preguntó cómo estaba.
Porque aprendí a seguir cuando parecía que todo se desmoronaba.
Porque muchas veces me caí en silencio y me levanté sin aplausos.

No soy un héroe.
Soy una persona común que amó, que perdió, que creyó, que dudó,
que tuvo miedo… y aun así siguió caminando.

Escribo porque sé lo que es sentirse invisible.
Porque conozco el peso de las ausencias.
Porque sé lo que duele que te quiten lo material
y lo que cuesta que no te quiten el alma.

Si estás leyendo esto y alguna vez sentiste que la vida te empujó contra la pared,
si te rompieron promesas, si te alejaron de lo que amabas,
si te dijeron que no ibas a poder…
entonces este mensaje también es tuyo.


El valor de detenerse

Todos tenemos sueños, metas y proyectos de vida.
Nacen cuando tomamos conciencia de quiénes somos
y de quiénes queremos llegar a ser.

Algunos los abrazamos con fuerza.
Otros los dejamos en pausa.
Y a veces los olvidamos sin darnos cuenta.

Esta es una invitación a detenerte.
A respirar hondo.
A pararte justo ahí donde estás hoy.

Mirá hacia atrás sin castigarte.
Preguntate qué hiciste bien,
qué decisiones te acercaron a vos mismo
y cuáles te alejaron de lo que soñabas.
No para culparte, sino para aprender.

Mirá tu presente con honestidad.
Reconocé quién sos ahora, qué cargas llevás,
qué heridas siguen abiertas
y qué fortalezas descubriste en el camino.

El presente no es perfecto, pero es real.
Y desde ahí empieza cualquier cambio verdadero.

Después, mirá hacia adelante.
No con miedo, sino con responsabilidad.
Preguntate qué querés para tu vida,
qué estás dispuesto a corregir,
qué hábitos necesitás soltar
y qué pasos —por pequeños que sean— podés dar hoy.

Todos fallamos.
Todos nos equivocamos.
Pero también todos podemos elegir cómo seguir.

Avanzar no siempre es correr.
A veces es frenar, ordenar el alma
y volver a caminar con más conciencia.


Comprender el camino

Me di cuenta de por qué llegué a donde estoy hoy.
No fue solo por fuerza propia.
Fue porque acepté ayuda.

En la vida, las personas aparecen como estaciones de un tren.
Algunas suben para acompañar un tramo.
Otras se bajan cuando ya no pueden o no deben seguir.
Y algunas siguen sentadas a tu lado hasta hoy.
Todas, sin excepción, dejan una enseñanza.

Aprendí a agradecer incluso las despedidas.
Porque cada encuentro y cada ausencia
me ayudaron a entender quién soy y qué necesito.

Cuando miro hacia adentro, me hago las preguntas más honestas:
¿Pude construir lo que soñé?
¿Un hogar?
¿Una familia?
¿Un lugar donde el amor y la verdad tengan sentido?

Tal vez no todo fue como lo imaginé.
Tal vez hubo rupturas, silencios y caminos que dolieron.
Pero también hubo amor real, entrega, intentos sinceros
y sueños que nacieron del corazón.


La decisión de no rendirse

Hoy me pregunto cómo debo continuar.
Y la respuesta no es rendirme.

Los sueños no mueren.
Los proyectos no se apagan.
A veces se transforman, se demoran,
pero siguen esperando que uno vuelva a creer.

Aprendí que caer no es fracasar.
Fracasar sería dejar de intentarlo.

Sigo caminando con lo vivido,
con lo aprendido,
con los que están
y con los que fueron parte.

Porque mientras haya fe, conciencia y voluntad,
siempre hay un próximo tramo del viaje por recorrer.


Una reflexión final

No todo fue tristeza.
Hubo amor. Hubo fe.
Hubo pequeños milagros disfrazados de personas.
Hubo recuerdos que todavía sostienen cuando el presente pesa.

Uno puede perder muchas cosas.
Pero mientras conserve la verdad escrita en el corazón,
todavía queda camino.

No escribo para dar lecciones.
Escribo para decirte que no estás solo.
Que no sos débil por sentir.
Que caer no te define.
Y que levantarte —aunque sea despacio— ya es una forma de victoria.

Si en algún renglón sentiste que estas palabras hablaban de vos,
entonces este texto ya cumplió su propósito.

Porque esta historia, aunque nació de mi vida,
vive en cada persona que sigue creyendo,
aun cuando todo parece perdido.


Rubén Gustavo Ayala Williams
Padre excluido – Autor y Compositor

Palabras, solo palabras:
Relatos de mi vida marcados por el amor, la lucha y la esperanza, contados palabra por palabra.


Derechos de autor

Registrada conforme a la Ley 11.723 – DNDA – República Argentina

Expedientes:

  • EX-2025-55455694 – APN-DDRNEES#MCH (Obra literaria)

  • EX-2024-89059752 – APN-DNDA#MJ (Obra musical)



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