Cuando el amor no se borra, aunque intenten callarlo: Los hijos no pertenecen a nadie: pertenecen al amor y a la verdad.
Cuando el amor no se borra, aunque intenten callarlo
Los hijos no pertenecen a nadie: pertenecen al amor y a la verdad.
La injusticia no siempre grita. A veces firma expedientes.
Los hijos no pertenecen a nadie: pertenecen al amor y a la verdad. Un hijo no sufre por amar a ambos padres; sufre cuando a uno se lo arrancan del corazón y le enseñan a llamar “protección” a la ausencia. No es amor cuando se rompe un vínculo, no es cuidado cuando se borra a un padre y no es justicia cuando se avala el silencio de uno y se convierte al otro en el único relato permitido.
No hay discurso que justifique arrancar de la vida de un hijo a quien lo ama, lo espera y lo reclama en silencio. No hay versión que pueda transformar en protección lo que en realidad es castigo emocional. Los hijos no son trofeos de guerras que no eligieron ni rehenes de conflictos adultos; no son propiedad de nadie. Son personas, con memoria y sentimientos, con derecho a amar y ser amados por ambos padres sin miedo, sin culpa y sin condicionamientos.
Cuando uno es fijado en el lugar de la víctima permanente y el otro en el del silencio obligatorio, no hay ganadores. No gana una madre ni pierde un padre: pierden los hijos, que crecen privados de un amor que les pertenece por derecho y cargando ausencias que nunca pidieron.
La injusticia no siempre grita; a veces firma expedientes. A veces se esconde detrás de resoluciones frías que miran números, pero no miran vínculos. A veces se disfraza de protección mientras normaliza el dolor y legaliza la distancia. El daño no siempre se ve de inmediato: aparece con el tiempo, en los silencios prolongados, en las preguntas sin respuesta, en heridas que no saben de leyes, pero sí de ausencias.
Pero el tiempo, siempre el tiempo, pone todo en su lugar. Desnuda las intenciones, ordena las verdades y revela quién sostuvo el amor aun desde lejos y quién lo usó como herramienta para herir. Porque el amor verdadero no excluye, no manipula y no borra. El amor verdadero piensa primero en los hijos, incluso cuando duele, incluso cuando el orgullo estorba, incluso cuando la justicia no acompaña.
Y aunque a veces todo parezca perdido, ninguna resolución puede borrar lo que un hijo sabe en el fondo de su alma. Ninguna versión impuesta puede más que la verdad. El amor que es verdadero resiste, espera y, tarde o temprano, vuelve a encontrar su lugar.
Palabras, solo palabras: relatos de mi vida marcados por el amor, la lucha y la esperanza, contados palabra por palabra.
Rubén Gustavo Ayala Williams
Padre excluido
Autor y Compositor
Palabras, solo palabras
Podrán quitarme mi hogar y la justicia no atenderme,
pero jamás podrán borrar la verdad
que llevo escrita en mi alma.
Derechos de autor
Obra registrada conforme a la Ley 11.723 – DNDA – República Argentina
Expedientes:
• EX-2025-55455694 – APN-DDRNEES#MCH (Obra literaria)
• EX-2024-89059752 – APN-DNDA#MJ (Obra musical)



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