Navidad no fue una noche cualquiera Cuando la fe se proclama, pero la unión se niega

 

Navidad no fue una noche cualquiera

Cuando la fe se proclama, pero la unión se niega


La Navidad no es un discurso ni una consigna: es una forma de amar, incluso cuando duele.


La Navidad de la silla vacía

Esa noche, para muchos, la Navidad tuvo una silla vacía.
No porque faltara amor,
sino porque decisiones humanas
separaron lo que el corazón jamás quiso dividir.

No fue una noche cualquiera.
Fue Navidad.
La noche que recordó el nacimiento del Niño Jesús en Belén,
cuando Dios se hizo hombre
para traer un mensaje de amor, paz, misericordia y encuentro.

Sin embargo, mientras se hablaba de unión,
hubo quienes eligieron la distancia.
Mientras se pronunciaban palabras sagradas,
se levantaron muros invisibles.
Mientras se celebraba la vida,
se negó el abrazo que un hijo y un padre esperaban.

No se trató de ausencia voluntaria.
Se trató de exclusión.
De silencios impuestos.
De relatos construidos con medias verdades
que confundieron el corazón de los más pequeños.

¿Qué se celebró entonces esa noche?
¿El nacimiento del Amor…
o la validación de una separación presentada como triunfo?

Muchos padres atravesaron esa Navidad en soledad,
con lágrimas que no pidieron permiso para caer,
con recuerdos que dolieron más que la mesa vacía,
con una fe puesta a prueba, pero no derrotada.


Reflexión de un padre excluido

Yo no estuve en la mesa.
No porque no quise,
sino porque no me dejaron.

Esa noche entendí algo profundo:
la tristeza no me quitó la dignidad de padre.
Mi ausencia física no borró mi presencia emocional.

No fallé por sentir dolor.
Habría fallado si el rencor me hubiera vencido.
Y aunque dolió, no me rendí.

Mi paternidad no se mide por permisos,
sino por el amor que sostuve incluso en el silencio.
Por las oraciones dichas en voz baja.
Por la espera paciente.
Por la decisión de no responder odio con odio.

Al Niño Jesús que nació en Belén
le hablo desde este lugar herido pero honesto:
ojalá llegues al corazón de esas madres
que dicen celebrar la unión,
pero terminan dividiendo.
Que hablan de cuidado,
pero siembran confusión.
Que buscan justificar ausencias
a través de relatos que no siempre sanan.

Ojalá puedan comprender
que no existe victoria verdadera
cuando un niño crece lejos de un padre que lo ama.
Que no hay celebración posible
cuando el precio es una infancia partida.

El amor auténtico no entiende de calendarios ni de autorizaciones.
Permanece.
Espera.
Insiste.

Esa Navidad también llegó a los corazones rotos.
Y fue allí —en la fragilidad, no en la fuerza—
donde nació la esperanza más verdadera.



Rubén Gustavo Ayala Williams
Palabras, solo palabras

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DNDA – República Argentina

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