Navidad: el puente hacia un nuevo comienzo Cuando el amor decide esperar, la esperanza aprende a nacer otra vez.

 

Navidad: el puente hacia un nuevo comienzo

Cuando el amor decide esperar, la esperanza aprende a nacer otra vez.

La Navidad vuelve a llegar y, con ella, una pregunta que muchas veces silenciamos para no herirnos más:
¿podemos celebrar realmente sin tener paz en el corazón?

Es posible encender luces y brindar, pero la Navidad verdadera no habita en el decorado, sino en la disposición del alma. No nos exige perfección; nos pide presencia.
Hoy escribo desde ese lugar: no desde la razón que busca culpables, sino desde la verdad que todavía cree en el encuentro.


El valor de la espera y el perdón

Hace seis años que el silencio se instaló entre nosotros. Sin embargo, he aprendido que el amor, cuando es genuino, no se pierde: aprende a esperar.

Reconozco que en el camino hubo errores, heridas y palabras que nos alejaron. Yo también fallé, y ese peso me enseñó que el orgullo es una carga demasiado pesada para llevarla solo. Hoy elijo soltar el rencor y el silencio para rescatar lo más sagrado que supimos construir: nuestra familia.

Si nos atrevemos a dejar el orgullo, a soltar el rencor y a cerrar —con amor— las puertas de un pasado que aún duele, entonces algo nuevo puede comenzar. No se trata de olvidar lo vivido ni de negar las heridas, sino de decidir que esas heridas no gobiernen nuestro presente ni nuestro futuro.

Cerrar una puerta no siempre es un acto de renuncia; muchas veces es un acto de valentía. Es reconocer que ya no queremos vivir atrapados en lo que nos separó, sino caminar hacia lo que todavía puede unirnos. Cuando el corazón se libera del peso del resentimiento, queda espacio para la misericordia, para la escucha sincera y para el reencuentro.

No hay nada más valioso que vernos todos reunidos alrededor de una mesa en Navidad. No por la comida ni por las tradiciones, sino porque una mesa compartida es símbolo de comunión, de igualdad y de perdón. En ella nadie es más que otro; todos nos necesitamos. Allí el silencio se vuelve palabra y la distancia, posibilidad.

Saber perdonarnos —de verdad— es el mayor regalo que podemos darnos. No un perdón impuesto ni apurado, sino un perdón que sane, que libere y que reconstruya. Jesús nos mostró ese camino: perdonó sin condiciones, abrazó incluso en el dolor y eligió el amor aun cuando era más fácil apartarse. Ese debería ser nuestro camino también.


Una puerta abierta, sin presiones

Este mensaje es apenas un primer paso. No busco respuestas inmediatas ni pretendo imponer tiempos que no sean los de ustedes. Sanar también es respetar el proceso y el dolor del otro.

Jesús no nació en la abundancia, sino en la fragilidad de un pesebre, recordándonos que la esperanza suele brotar en los lugares más humildes. Por eso, mi único y mayor deseo para esta Navidad es simple y profundo:

  • Volver a mirarnos a los ojos.

  • Volver a escucharnos sin prejuicios.

  • Volver a abrazarnos con la fuerza de quien ha extrañado cada día.

Si el camino de regreso es largo, estoy dispuesto a caminarlo con paciencia.
Porque el tiempo, cuando hay amor de por medio, no solo pasa… también cura.


Frase destacada

“La Navidad no siempre trae respuestas, pero a veces abre la puerta para volver a encontrarnos.”


Con la esperanza intacta de volver a ser nosotros, Una Familia.

Rubén Gustavo Ayala Williams
Autor de “Palabras, solo palabras”
DNDA – Autor y Compositor



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