CUANDO LA MESA ESTÁ VACÍA, EL AMOR SIGUE SERVIDO Mensaje de Fin de Año desde la fe, la ausencia y la esperanza
CUANDO LA MESA ESTÁ VACÍA, EL AMOR SIGUE SERVIDO
Mensaje de Fin de Año desde la fe, la ausencia y la esperanza
“Vivir solo no significa vivir sin amor;
significa aprender a esperar con fe el abrazo que aún no llegó.”
A quienes me conocen en persona,
a quienes la vida me cruzó en algún momento,
y también a quienes me conocen solo a través de las redes sociales,
aunque nunca nos hayamos estrechado la mano:
Quiero dejarles este mensaje desde el corazón.
Desde hace seis años no brindo en las fiestas ni me siento a una mesa a cenar o compartir.
No es por falta de fe, sino por una tristeza profunda: la de haber sido excluido de mi hogar.
Mi mesa está en mi hogar, y ese hogar hoy no lo habito.
Vivo solo, y hay ausencias que pesan más en estas fechas.
Pero vivir solo no significa vivir sin amor,
ni sin deseos sinceros para los demás.
Por eso, aun desde el dolor y sin rencores,
elijo desearles un Feliz Año Nuevo 2026,
y que el tiempo que comienza sea mejor que el que pasó.
A mis hijos, a su madre y a mis nietos:
el amor no se apaga con la distancia
ni se cancela con el silencio.
Sigo creyendo en el abrazo que aún no llegó
y en el reencuentro que Dios sabrá ordenar.
Sigo soñando con el reencuentro familiar.
Para el año que viene tengo metas y desafíos:
publicar mi libro Palabras, Solo Palabras,
atravesar una nueva cirugía,
conseguir un empleo
y seguir de pie como hasta ahora, paso a paso.
Pero, por sobre todo,
mi mayor anhelo sigue siendo el mismo:
volver a abrazar a mi familia.
Como cristiano,
todo esto lo dejo en manos de Dios.
Creo en un Dios que restaura,
que no abandona
y que trabaja incluso cuando no lo vemos.
Que este nuevo año nos encuentre con más humanidad,
menos dureza, más diálogo y más fe.
La suma de 2026 da 10,
y yo creo que así será:
un año de plenitud, de orden
y de nuevas oportunidades.
Que no falte la salud,
que no falte el pan en cada hogar,
que no falte la paz
y que nunca falte la esperanza.
En la soledad aprendí a reflexionar
y a valorar lo que tenía.
Por todo lo que fallé, pido perdón
y ojalá sepan perdonarme.
Le pido cada día a Dios que llegue a sus corazones
para que podamos volver a abrazarnos.
A veces no perdemos la familia de golpe,
la perdemos cuando dejamos de escucharnos.
Pero mientras haya fe,
ningún vínculo está definitivamente roto.
© Ruben Gustavo Ayala Williams
Padre excluido
Autor – Escritor – Compositor
Obra protegida por la Ley 11.723
Autor y compositor registrado en DNDA
Publicado en el blog: Palabras, Solo Palabras



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